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La mercantilización del agua

por Teresa Ovalles
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Cuenta nuestra mitología indígena que Amalivaca y su hermano Uochi sobrevivieron a un cataclismo provocado por Lalikilpará, enorme anaconda de las aguas que habitaba en uno de los tres mundos que existían para el extinto pueblo de los tamanacos.

Desde ese mundo subterráneo y subacuático; habitado por demonios, duendes, los muertos, los dueños de las aguas y los animales acuáticos, la anaconda provocó un enorme diluvio que inundó toda la tierra, destruyendo a los hombres, sus templos y ciudades. Estaba cansada del ruido de quienes habitaban las riberas de sus dominios.

Ambos hermanos sobrevivieron y luego preguntaron a los dioses qué debían hacer para poblar de nuevo la tierra y evitar otra calamidad, estos les encomendaron repoblar el mundo sembrando las semillas de moriche que habían traído en su canoa, desde las tierras del sur.

Lo hicieron y, de esas semillas, nacieron humanos, crearon los ríos incluyendo al Orinoco, poblaron los ríos de peces y la tierra de cacao, maíz, papas, yuca, animales y aves. Los nuevos hombres ahora pescaban y recolectaban sin maltratar la Madre Tierra.

Luego de un largo tiempo, cuando se despidió de ellos, les auguró vida eterna diciendo “uopicachetpe mapicatechí (mudarán únicamente la piel)” pero, como una anciana dudó de su palabra, se enojó y les dijo “mattageptchí (morirán)”.

Como este, muchos mitos y leyendas acerca del origen de la vida incluyen al agua. Es nuestra vida eterna, siempre se renueva, siempre fluye, siempre nos rejuvenece y, aunque decimos que un vaso de agua no se le niega a nadie, nos acabamos de enterar de que formalmente ya tiene precio.

Este líquido, que nadie fabrica, ya es un producto que cotiza y se comercia en los mercados de futuros de materias primas. Los incendios ocurridos y la escasez de agua, producto de una sequía que sufrió entre 2012 y 2016, han servido de excusa perfecta para convertirlo en un producto especulativo en California, estado de la Unión Americana de gran industria agrícola.

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Su valor en California se ha duplicado en el último año por ser un “bien escaso” y se marcará en el índice Nasdaq Veles California Water (NQH2O), que se basa en el precio de los derechos del agua en el mercado de futuros de varias zonas de California y que funciona desde 2018. La cotización actual del bien está entre 160 y 170 dólares por acre pie (1,4 millones de litros).

Desde hace 20 años la cantidad anual de agua dulce disponible por persona ha descendido más de un 20% en el ámbito global, la cosa es especialmente grave en el norte de África y Asia occidental, donde el volumen medio anual de agua por persona escasamente llega a mil metros cúbicos.

Siete de cada diez litros que nuestra civilización extrae del entorno son utilizados para actividades agropecuarias. Según la FAO, unos mil 200 millones de personas, aproximadamente una sexta parte de la población mundial, residen en zonas agrícolas con graves limitaciones de la disponibilidad de agua. Más de la mitad de ellos están en Asia.

Se calcula que dos de cada cinco litros de agua para riego en todo el mundo se producen en detrimento de las necesidades de caudal ambiental para sustentar las funciones de los ecosistemas.

Mientras se lee este texto hay decenas de barcos detenidos frente a Panamá porque la sequía impide atravesar el canal de manera usual, Montevideo hace esfuerzos por recuperarse de una sequía que casi la lleva al colapso, Vietnam hace lo propio para garantizar electricidad a su población debido a que sus centrales hidroeléctricas casi no pueden abastecerse a partir de los embalses.

Tanto nuestra lógica derrochadora de producción y consumo, como el cambio climático, han convertido al agua en un bien escaso, es necesario conservar y restaurar franjas de vegetación, además de sistemas integrados de acuicultura y agricultura que garanticen el ciclo del agua y otros ciclos que de este dependen.

No se auguran buenos tiempos, cuando los alimentos básicos, como el trigo o el maíz, comenzaron a ser vendidos a futuro se invirtieron grandes cantidades de dinero, ello provocó que los precios pactados fueran cada vez más altos debido a la enorme demanda y, a su vez, una subida generalizada de los precios de los alimentos en todo el planeta, causando hambrunas y millones de muertes en los países del sur global.

Dice el Informe sobre la Brecha de Emisiones 2020 de la ONU que las emisiones de gases invernadero combinadas del 1% más rico de la población mundial representan más del doble del 50% más pobre, pero ese 1% sabe que los efectos de su derroche afectarían a más de 2 mil millones de pobres. Nuestro imaginario de “progreso” y acumulación sigue siendo una amenaza a la disponibilidad de agua, así como Amalivaca sentenció a los humanos de la leyenda por negarse a cambiar, el dios riqueza lo hace con nosotros hoy día. Quizás hayan semillas en nuestros adentros culturales, quizá el presente sea oportunidad para fluir como la vida misma.

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