Giorgina Mendoza Capriles
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A propósito del genocidio en curso, que revela la pérdida de una mujer palestina por cada hora, sin tomar en cuenta las muertes por inanición o falta de medicinas, hemos pensado en la necesidad que existe de visibilizar las luchas y contribuciones científicas que han dado las mujeres que hacen vida en Gaza, o que vienen de este lugar.
En escenarios de guerra, que prospere la ciencia es una hazaña titánica aunque no imposible: Rana Dajani es un ejemplo de ello. Aunque ella creció en Jordania, su familia es palestina y tiene la herida de la guerra rodando en sus venas, razón por la que trabaja con el trauma que genera la guerra y su influencia en los genes.
Musulmana, profesora universitaria y madre de cuatro hijos, entiende la dura historia de sus raíces palestinas y se ha dado a la tarea de convertirse en una gran científica, que estudia cómo las moléculas interactúan y la comunicación entre las células, con especial foco en la genética de las poblaciones étnicas y la epigenética del trauma.
¿La guerra influye en el ADN?
La epigenética es un campo que no lleva tanto tiempo en estudio; sin embargo, es prometedor. Indaga cómo el medio ambiente influencia nuestro ADN. Esta rama de estudio revela que, aunque heredemos un código genético de nuestros padres, podemos activar o desactivar ciertos genes, cambiando su función y, en consecuencia, parte de lo que somos.
Las guerras traen consigo consecuencias psiquiátricas, como estrés crónico; también inflamación, desde un punto de vista físico, pero lo que pocos esperaban es que tuvieran influencia en el ADN.

La epigenética señala que el trauma puede reflejarse intergeneracionalmente. Eso quiere decir que los cambios en la forma en que nuestros genes se expresan pueden transmitirse a las generaciones siguientes, haciendo que se hereden patrones. Rana hizo estudios con familias sirias que han sido víctimas de eventos violentos y llegó a la conclusión de que los cambios epigenéticos por la guerra se reflejan hasta por tres generaciones.
Asimismo, la doctora aún está en búsqueda de respuestas que afirmen qué significan esos cambios y cómo pueden revertirse las consecuencias del trauma, heredado o no. Desde un punto de vista biológico, la activista piensa que la evidencia científica podría ser usada en un juzgado contra los perpetradores israelíes para hacer justicia por las víctimas de la guerra.
Rana no solo se ha encargado de hacer ciencia, sino que también es promotora de la lectura. Diseñó un programa llamado We love reading, dirigido a jóvenes en situación de vulnerabilidad, para impulsar el hábito de leer.
Ella se define como una activista que defiende y trabaja por apoyar a las personas oprimidas del mundo (una verdadera revolucionaria, si me preguntas).
Aquí, el enlace a uno de sus últimos estudios.