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Eva Pérez de Suárez, gesta individual y en equipo

Galardona con el Premio Especial a la Mujer de la Ciencia en los XX Premios Nacionales de Ciencia, Tecnología e Innovación “Dr. Humberto Fernández-Morán” 2025, sus investigaciones en el área de las enfermedades parasitarias en niñas y niños han sido reconocidos en todo el mundo

por Teresa Ovalles Márquez
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Teresa Ovalles Márquez / Fotos Abraxas Iribarren

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En su casa, en un recibo lleno de luz y espiritualidad y entre retratos de familia, dialogamos con esta mujer de ciencia nacida el 27 de febrero de 1947 en Valle de la Pascua, estado Guárico. Su madre, maestra: Eva Jiménez Gómez de Pérez; su padre, hombre de leyes y periodista: Witremundo Pérez Salomón, nombraron como padrino –dice Eva con mucho orgullo– a su tío paterno, el músico vallepascuense Rufo Pérez Salomón. Su madrina, Gloria López de Vidal “es una insigne maestra vallepascuense”, determinante en su formación educativa.

Con tres hermanos y tres hermanas, huérfanos a temprana edad, salieron adelante gracias a la organización y el trabajo en equipo hogareño, que Eva trasladó luego a su trabajo en las aulas y laboratorios.

Egresó a la Universidad Central de Venezuela el 23 de agosto de 1968. Su brújula apuntó siempre a la investigación, y fue el doctor Félix Pifano quien la impulsó en su carrera hacia la parasitología. Pifano le ofreció el cupo de trabajo en la especialidad “virus”, en el Instituto de Medicina Tropical, del cual era director. Pero Eva siguió aferrada a la parasitología, especialidad en la que se inició como preparadora en la Escuela de Bioanálisis, en aquel entonces, ganada por concurso.

Se destacó siempre en sus estudios universitarios. Fue —y lo sigue siendo— una mujer sencilla, estudiosa, creativa, innovadora y osada. Cree, de manera ferviente, en el trabajo en equipo y en la espiritualidad.

En el año 1973 se casó con Régulo Suárez, de cuya unión nacieron sus tres hijos. Para la fecha Eva Pérez de Suárez fue miembro de la Comisión de Investigación Científica y de la Comisión de Plan de Estudios de la Escuela de Bioanálisis.

Reconoce y agradece el apoyo incondicional de su esposo, ya fallecido, en todas las etapas de su vida profesional y hogareña. Su compañero de vida se dedicó en ocasiones al cuidado de los entonces pequeños, dos niñas y un niño. Cuando era necesario, él se quedaba a cargo del cuidado, y en ocasiones la apoyaba profesionalmente en sus investigaciones.

Contó sus logros en parasitología en México y con el rostro iluminado, habló de los valores que fueron la génesis del Código de Ética para la Vida que actualmente norma la actividad científica del país. “Un trabajo en equipo”, afirma Pérez de Suárez.

Los valores fundamentales que guían las actuaciones de la Cátedra de Parasitología y el Laboratorio de Amibiasis de la UCV, que ella coordinó, fueron el soporte del equipo que integraba la comisión que crea el Código de Ética para la Vida. Valores consagrados en el respeto, la honestidad, la equidad, la tolerancia, el compromiso, la solidaridad, la lealtad y la gratitud, dice.

La trayectoria de la profesora, a quien nunca le interesaron los títulos, sino la investigación pura y dura, se extiende a más de 40 páginas en su currículo solo hasta el año 2014. Si bien entre las décadas comprendidas entre los años 70 y 80 se dedicó a indagaciones relacionadas con las amibas y el tracto gastrointestinal, en años recientes se ha centrado en la bioética. También hizo estudios de parasitología en la Universidad de Sao Paulo, en 1969 , en Brasil.

Al hablar de la jubilación, dice con mucha simpatía que no, no está jubilada, “porque tú sabes cómo es esto: siempre estoy activa como asesora y en consultas en la UCV”. Sigue en permanente contacto con el alma mater a través de sus estudiantes y amigas y amigos profesionales, con los que se mantiene en permanente interacción y a quienes brinda su asesoramiento.

Crecíamos en grupo

La profesora Eva es celosa y teme que le endilguen solamente a ella sus grandes logros. Insiste y ratifica, a cada momento, que se trata de un trabajo en equipo.

El sentido social de su vida como científica e investigadora destaca con el trabajo que hizo en el Hospital J. M. de los Ríos, con el doctor Hans Römer. Fue un proyecto multidisciplinario que integró a profesores de la Escuela de Bioanálisis y contó con la participación de Römer desde el Servicio de Gastroenterología del citado centro asistencial, en donde se mantuvo, desde el año 75, por 18 años.

Propuso a sus estudiantes de Bioanálisis el trabajo de “ir en cambote” a recorrer los barrios de Caracas. Empezaron en el José Félix Ribas, de Petare, el trabajo de buscar muestras, hacer los estudios en los laboratorios de la UCV y emitir los diagnósticos.

Esos recorridos los propuso ella, haciendo varios viajes con sus estudiantes en su propio vehículo. Posteriormente, les fue asignado un transporte. Así, paso a paso, como su carrera profesional, fue avanzando con sus discípulos. Fundó y coordinó el Laboratorio de Amibiasis de la Cátedra de Parasitología (1975-2004), y también el Departamento de Salud Pública de la Escuela de Bioanálisis, en 1990, siempre en equipo.

La profesora Eva Pérez de Suárez, como un árbol de mijao, fue expandiendo su ramaje como docente e investigadora pertinaz. Fue avanzando en los escalafones de docencia en la UCV. Desde preparadora hasta llegar a profesora titular, y para ello trabajó sobre los “protozoarios del orden Amoebida, incluyendo su identificación, métodos de diagnóstico y aspectos de su biología”, en 1995.

Sus trabajos de ascenso, relacionados con las amibas y elaborados como una filigrana, la llevaron a obtener menciones honoríficas y publicaciones, según el dictamen de los respectivos jurados de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela.

También forma parte del equipo del Consejo de Apelaciones de la UCV.

La investigación en México

Una de las investigaciones la desarrolló en México, en el Centro de Estudios sobre Amibiasis, específicamente en el Laboratorio de Gastroenterología de Cultivos de Amibas. Este centro era considerado la plataforma más importante de estudio de las amibiasis en el mundo. Estaba integrado a la Universidad Autónoma de México, UNAM, el Centro de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional de México y con los hospitales del seguro social de la nación azteca. Entre 1976 y 1977 se consagró, en México, a realizar estudios de postgrado y participar en investigaciones relacionadas con la amibiasis, que le dieron la vuelta al mundo.

Realizó cultivos de Entamoeba histolytica, “agente causal de la amibiasis intestinal y extraintestinal”, para diferentes investigaciones desarrolladas en esos centros especializados.

Con Eva Pérez de Suárez se proyecta el rol del bioanalista como investigador, “aparte del papel asistencial y como agente de cambio social de estos profesionales”.

La investigación sobre amibiasis en México era compleja, ya que abarcó disciplinas como «inmunología, bioquímica, parasitología… era todo». Eva Pérez complementó su trabajo de laboratorio con cursos de estructura y función celular, microscopía (luz y electrónica), e inmunología.

Al volver de México, continuó la investigación en su país. Durante su año sabático en Biomedicina, desarrolló un nuevo método para la amibiasis. Este método se denominó la «reacción de inmunoperocidad indirecta» (inmunoperoxidasa indirecta).

Otra publicación que también «le dio la vuelta al mundo» fue la realizada en el Laboratorio de Amibiasis de la Escuela Bioánalisis de la UCV, junto con el de Biología Celular del Instituto de Biomedicina de la Facultad de Medicina de la UCV, dirigido por el doctor Félix Tapia.

La bioética y el rol social

Eva Pérez de Suárez concibe su profesión con un profundo sentido social, de servicio humano, que exige parejamente sensibilidad y rigor. La escritura es una de sus ocupaciones del día a día. Un rincón de sus altares está reservado a una laptop y una Mac, siempre encendidas, en donde da forma a sus escritos de investigación, resúmenes y estudios espirituales.

Resalta su indeclinable compromiso con la bioética, a través de su participación en comisiones nacionales, la elaboración de códigos y la docencia constante en talleres y conferencias sobre esta disciplina.

Otra de sus facetas es el cumplimiento de múltiples roles administrativos y gremiales, incluida la dirección de la Escuela de Bioanálisis y su participación como representante profesoral y como jurado de trabajos de investigación.

Su condición de liderazgo la ha ejercido como fundadora de departamentos, coordinadora de laboratorios y representante ante comisiones importantes. En distintas etapas de la Comisión de Bioéticas, hizo sus aportes, sobre todo, desde la Comisión Central de Ética para la Vida en la Investigación (COCEVIN).

No quiere finalizar la entrevista sin antes hacer pública su gratitud a la Universidad Central de Venezuela y a sus profesoras y profesores de la Escuela de Bioanálisis, a sus discípulas y a sus colegas que, en todo momento, le brindaron el apoyo incondicional para hacer sus investigaciones y formarse integralmente.

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4 comentarios

Zuleyma 27 diciembre 2025 - 20:01

Las mujeres de la Ciencia son visibles en nuestro presente venezolano actual, agradecida a la Inventadera por darnos a conocer esta interesante historia de vida, Gracias Tere.

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Elizabeth Díaz Araujo 27 diciembre 2025 - 15:17

Interesante personaje que ha sabido poner su experiencia al servicio de la salud

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Dianova 27 diciembre 2025 - 12:38

Es una gran semblanza de esta gigante consagrada a la parasitología. Me gustaría saber cómo caracteriza ella al país y a las regiones según sus estudios de tantos años, cómo ve el comportamiento de estas especies según la alimentación y los hábitos alimenticios, que han cambiado tanto en Venezuela en los últimos años…

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Oswadeliz 27 diciembre 2025 - 12:10

Hermoso Reportaje, es lindo que reconozcan a las Grandes mujeres de Nuestro País

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