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El cálculo renal sí tiene quien lo investigue

La doctora Éucarys Jiménez, una de las científicas cuya semblanza aparece en la serie editorial “Mujeres de las Ciencias en Venezuela”, nos habló de sus inicios y de las duras situaciones superadas. Ha participado en congresos internacionales, “pero cuando regreso yo estoy en mi tierra”

por Roberto Malaver
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Roberto malaver / Fotos Abraxas Iribarren

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César Vallejo, ese poeta peruano y extraordinario, le escribió un día a su madre diciéndole: “Hay, madre, un sitio en el mundo que se llama París, un sitio grande y lejano y otra vez grande”. Al llegar al Instituto de Estudios Avanzados, IDEA, uno de repente se emociona y recuerda a Vallejo. Es un sitio grande y hermoso y otra vez grande. Allí trabaja la doctora Éucarys Jiménez, nacida en Barinas. Es graduada en la Universidad de los Andes –ULA– como Licenciada en Química. En la Universidad Simón Bolívar obtuvo su grado de Magister, y tiene un doctorado para el Desarrollo Estratégico.

Cuando se graduó de bachiller su papá no quería que estudiara en Caracas y entonces se fue a Mérida. Una vez graduada la llamaron desde la Unellez, núcleo Guanare,en Portuguesa; allí dio clases de Bioquímica y Química, durante seis meses. Se vino a Caracas y metió su currículo en el IDEA. Desde el 2005 trabaja allí.

–Entonces comencé. Me llamaron para decirme que fui seleccionada para una beca con Biopharmacy en un proyecto de creación de bancos de anticuerpos en el área de inmunología. Acepté, me vine y comencé a trabajar en esa área, a pesar de que yo era química y tenía que empezar a estudiar Biología en la Simón Bolívar. Pero era la oportunidad de hacer investigación, que era lo que yo realmente quería hacer. Entonces comencé a estudiar en la universidad Simón Bolívar, a ponerme al día con la parte de Biología que no veía desde bachillerato. Allí fui poco a poco con grandes profesores y guías de tutores, con la doctora Caridad Malavé y Noraida Zerpa.

“Había que trabajar con gallinas, porque trabajamos con anticuerpos de gallinas. Y con ratones también, porque trabajaba en la parte de antivenenos. No quería seguir trabajando con eso porque no me gustaba, no me gusta estar experimentando con animales. Se abrió un cargo acá por concurso, yo concursé, y quedé aquí en la Unidad de Estructura Molecular, en el área de Estudio Estructural como tal. Y empecé a trabajar con lípidos”.

¿Ahora sí te gusta lo que estás haciendo?

–¡Claro! Tengo 11 años aquí trabajando en el Estudio Estructural. Hacemos el Estudio Estructural con la parte instrumental, pero también hemos venido trabajando y activando la parte química como tal, con síntesis, caracterización por vía húmeda. Entonces, es como complementar y unir un poco las ramas de las que he venido estudiando.

Y en esa investigación, ¿tú sientes que tienes contacto con gente? 

–Aquí, desde que llegué, el doctor Rodolfo Vargas –el jefe del laboratorio– siempre nos ha dicho: “Si la investigación que se hace aquí no funciona de la alcabala para afuera, se cierra, se baja la Santa María”.

–¿Tus investigaciones van más allá de la alcabala?

–La de cálculos renales, sí. A diario tenemos pacientes…

Allí, en la Unidad de Estructura Molecular, el Dr., Rodolfo Vargas y Éucarys Jiménez, a quienes después se le unieron Lenis y Yelegnis, diseñaron y produjeron el kit de Análisis Químico Cualitativo para cálculos renales por vía húmeda. Con ese trabajo ganaron el Premio Nacional de Ciencia y Tecnología en 2023.

¿Cómo es el proceso para la atención?

–El paciente viene con su muestra. Yo, por ejemplo, lleno la ficha con el paciente, indago acerca de qué le puede estar pasando al paciente, a pesar de que yo no soy médico, pero le pregunto: ¿Usted tiene problemas de colon irritable, usted tiene problemas de la tiroides, usted tiene problemas óseos, tiene algún inconveniente que deba reportar, hay un problema en sus vías urinarias? Eso nos ha hecho ir estudiando para poder tener información del paciente, de manera que uno, al analizar la muestra, diga: Mira, esto podría ser un cálculo de este tipo, de aquel tipo. Y ya cuando los equipos nos dan la composición, entonces comenzamos a indagar un poco más para entender cuál es el mecanismo, ¿por qué se forman?¿Cómo se forman? ¿Cuáles son sus estructuras? Y entender un poco toda esa parte, más allá de dar un compuesto y un informe y listo. La investigación, y de hecho, todos esos datos que ellos nos entregan, nosotros los registramos en una base de datos para tratar de correlacionarlo. ¿Será por el estrés?, ¿será por un problema de cambio de alimentación? Tenemos que trabajar un poco más en la divulgación y educación, sobre la importancia de tomar agua, por ejemplo, de disminuir el consumo de algunos alimentos ricos en sales y azúcares, que a veces son excesivos. Entonces, es transmitirle luego a cada paciente que viene esa información, porque hay pacientes que vienen aquí y que ni siquiera saben que tienen que traer la muestra del cálculo. 

¿Y tienen una cifra del número de pacientes?

–Sí. El año pasado fueron 309 pacientes que atendimos aquí. Vienen de todo el territorio nacional, tanto de centros públicos como de centros privados.

¿Cómo diseñaron y crearon el kit?

–El equipo se detuvo por obsolescencia, y le teníamos que decir al paciente: “Mire, no podemos recibir la muestra porque no tenemos en este momento cómo analizarla”. Nosotros, por un lado, con otros compañeros que también estaban aquí, comenzamos una campaña para realzar la importancia de que el servicio funcionara. Porque seguían llegando pacientes, algunos de menos de un año de edad. Y nuestra preocupación es que si un bebé empieza a los seis meses con un problema renal, es probable que en diez años no tenga riñones. Entonces ya es una enfermedad renal crónica y el paciente va a depender, a lo mejor, de una máquina. Lo que se quiere es contener esa situación, no esperar que llegue a depender de la diálisis. 

Hubo un período crítico en que la Unidad necesitó un equipo nuevo y además que se financiara su propuesta de kit de análisis de cálculos. Estaban en eso cuando llegó la pandemia. “Aquí llegó un momento en que no cabíamos en el laboratorio. Y en pandemia veníamos dos personas, el doctor Rodolfo y yo. A pesar de todas las condiciones que tuvimos. A nosotros nos decían: ‘Los traemos el lunes o los traemos el martes y los recogemos el jueves’. Nos trajimos cocinas eléctricas, sartenes, comida congelada y aquí cocinábamos, aquí comíamos, ahí no había agua. Entonces teníamos que estar recogiendo agua, para bañarnos. No todo el mundo tiene esa tolerancia. Nosotros dijimos: ‘El servicio no se puede parar'».

En otro momento crítico, de 2010 a 2014, el servicio estaba prácticamente detenido. “O sea, era todo un estrés. En el 2011 es cuando comenzamos a ver una alternativa que no fuera la del equipo de Rayos X porque estaba en proceso de adquirirse. Cuando se instala el equipo, ya nosotros teníamos planteado la posibilidad del desarrollo del kit. Pero no teníamos el personal, porque el personal se había ido. Entonces, en pandemia, trabajamos con el equipo. Después de la pandemia, ya habíamos hecho pruebas con reactivos que pedíamos a vecinos, compañeros, colegas. Y teníamos que ver si funcionaba para identificar el compuesto. Y así íbamos haciendo pruebas. Aprueban el proyecto del kit. Ya el trabajo que veníamos haciendo nosotros, visibilizando los cálculos, manteniendo el servicio y avanzando en el análisis del kit, es de allí donde viene el premio. Es un trabajo que venía haciéndose en grupo. Y cuando llegan las muchachas, Lenys y Yelegnis, ya tenemos el primer prototipo. El prototipo se parió entre todos.

Se han ido del país algunos científicos ¿por qué no te has ido tú?

–Cuando he salido del país es para congresos. Yo siento que aquí hay mucho que hacer. Mi familia está aquí, yo soy de aquí y yo me siento cómoda acá. Entonces yo digo, bueno, puedo ir por un momento, pero cuando regreso yo estoy en mi tierra.

¿Hay algo que te haya sorprendido en tus investigaciones? 

–Hay muchas cosas que nos sorprenden. Por ejemplo, creo que todavía no se sabe cómo inicia la formación del primer cristal. El primer paso de formación del cristal. Eso todavía no está muy claro porque unos dicen bueno, sí, es porque hay una sobresaturación, hay mucho de equis compuesto. Pero hay personas que tienen alimentaciones similares y no todos forman los cálculos. 

Esa es una de las próximas investigaciones tuyas, descubrir el por qué.

–Claro. Saber por qué. El por qué personas que a lo mejor tienen vidas desordenadas, que tienen alimentaciones súper excesivas en todos los términos, que toman refrescos hasta decir basta, comen salado, y no forman cálculos.

“Uno sabe que ha superado muchas adversidades, y cuando uno ve hacia atrás, uno desearía haber hecho más, pero las condiciones y las oportunidades han sido otras. Cuando vemos lo que hemos superado y hasta dónde hemos llegado, ya uno dice: Tener equipo, tener el kit, y tener estandarizado todos los pasos a hacer, todo está ya organizado, eso es una satisfacción”.

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