Soriana Durán / Fotos Abraxas Iribarren
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La joven Mariangel Villamizar se llevó una medalla de plata en la 55a Olimpíada Internacional de Física (IPhO) celebrada en julio de 2025 en la Federación Rusa. Como reconocimiento por su destacada participación representando a las nuevas generaciones de la ciencia venezolana, tanto ella como el resto de muchachos y muchachas que conformaron ese grupo vencedor fueron galardonados con el premio Diamante Nacional, otorgado por el comité evaluador del Programa Nacional de Semilleros Científicos.
Mariangel porta el tipo de serenidad de quien a sus diecisiete años recién cumplidos ya vivió una experiencia determinante para su futuro. Se expresa clara y segura, aunque sencilla, sobre sus intereses, planes profesionales y puntos de vista sobre la educación y el desarrollo de la ciencia en Venezuela. Habla y se mueve con una prudencia laxa, típica de una adolescente que se pasea entre la introversión y el desafío.
–¿Qué fue lo primero que te vino a la cabeza cuando supiste que te ganaste una medalla de plata?
–Me sorprendí porque yo no pensé que hubiera tenido tan buen desempeño en la prueba.
–¿Qué crees que te hizo ganar?
–No sé, creo que fue no haber renunciado desde el primer momento. Yo creo que la mayoría de las personas ni siquiera intenta inscribirse en algo así porque ya dan por sentado que no tienen las capacidades. De hecho, cuando me inscribí ni siquiera era la mejor en Física de mi salón ni nada por el estilo, pero de todas maneras lo hice.
La historia de cómo salió triunfante en una de las pruebas más prestigiosas y exigentes de Física es distinta a la de la mayoría que suele pasar por este espacio, porque al contrario de la fascinación y la curiosidad que estas personas manifiestan a edades muy tempranas, muchas veces como un empeño por el que terminan decantándose más adelante, Mariangel considera que “no era buena”.

Sin embargo, así como es la gente inteligente y resuelta, descubrió su verdadero potencial en el instante en que decidió ser autodidacta. No se conformó con lo que le mostraban en el salón, considerando las falencias comunes en la educación secundaria que impiden evolucionar del todo a modelos más estimulantes:
“Al principio me costaba en el colegio, cuando estaba en tercer año, todo lo que era Física y Química y por eso me puse a estudiar aparte, con clases y eso, y me di cuenta de que en realidad era placentero para mí. Pienso que el sistema educativo a veces tiene muchas fallas y no nos llega a dar las herramientas suficientes para entender todo y tener una buena base. Puede ser por no saber cómo llegarle a los estudiantes. Siento que mientras más lo relaciones a ejemplos simples o cotidianos, o hacer actividades prácticas, se hace más llevadero y logras entender más”.
La necesidad de superarse y mejorar sus calificaciones la llevó a desarrollar un gusto por la ciencia, la Química pura y el trabajo de laboratorio, además de percatarse de que, si se daba la oportunidad de intentarlo por su cuenta, la cosa dejaba de parecerle tan compleja.
El toque de gracia definitivo llegó con la convocatoria para participar en la Olimpíada Internacional de Física en su edición de 2025, y para hacerlo tenía que inscribirse en el Programa Nacional Semilleros Científicos. A partir de ese momento tomó el rumbo que necesitaba para sí misma:
“Formar parte del programa de Semilleros Científicos ha sido un cambio grande en mi vida porque yo antes no sabía que tenía todos estos intereses con la ciencia. Consideraba que era algo difícil, y a raíz de participar en las olimpíadas me di cuenta de que sí le tengo gusto y cambió mis aspiraciones de vida por completo, porque ahora quiero estudiar carreras relacionadas con la ciencia. Me ha abierto las puertas a avanzar más en esos temas, a darme más herramientas de formación, además de toda la parte social, de bueno, conocer a otras personas de otros estados del país, del interior, relacionarme con personas de otras delegaciones”.

Al preguntarle sobre algún referente que la haya inspirado, se podría esperar a que la joven mencionase a Marie Curie o a Margarita Salas, pero su respuesta es gratamente más sensata y cercana: “Había un compañero de mi colegio que se había metido en las Olimpíadas de Química. Se llama Alexander… no me sé bien el apellido, pero las tres que estábamos en Física lo veíamos como un ejemplo, con admiración, porque fue uno de los primeros que se metieron en algo de olimpíadas en el colegio y clasificó internacionalmente”.
Asimismo, es consciente de los beneficios que ha conseguido a través de los Semilleros Científicos que son cruciales para su desarrollo académico, y que también confirman que programas de este tipo son de gran importancia para la creación de futuras investigadoras e investigadores científicos.
Mariangel nació el 27 de enero de 2009 en La Vega. Es la hija mayor de Yetsi Ojeda y Manuel Villamizar. Desde pequeña tenía afinidad por las artes escénicas, el ballet y la música clásica. Aprendió a tocar violín en el Sistema de Orquestas de Venezuela y tocó allí durante bastante tiempo. Le gusta subir el Waraira, montar en bicicleta y, en general, “siempre tiene que estar haciendo algo”. Es estudiante del último año de bachillerato y ya tiene bien claro a qué quiere dedicarse:
“Mi carrera predilecta es Farmacia, pero mi interés como tal es la Química; la formulación de productos dirigidos más hacia la medicina y también la industria cosmética. Me interesa también la Biotecnología y la Biomedicina, que es una carrera que se le parece”.
En los próximos años se visualiza como una universitaria dedicada a lograr méritos académicos e insta a otras niñas y adolescentes como ella a atreverse a hacer lo que les llama la atención a pesar de lo inmenso e imposible que pueda parecer en un comienzo.

