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Aprender es más importante que las medallas

Mireya Bermúdez coronó en 2024 un es un importante reconocimiento internacional: medalla de bronce en una Olimpiuada de Fìsica en Indonesia. Mientras vienen los otros aprecia cada herramienta y cada enseñanza

por Soriana Durán
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Soriana Durán / Fotos Abraxas Iribarren

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Mireya Sofía tiene 17 años, nació en Miranda y es la hija mayor de Mireya Muñoz, trabajadora del hogar, y José Luís Bermúdez, comerciante. Participa en los Semilleros Científicos desde 2025 y tiene planes de estudiar ingeniería o matemáticas industriales en la Universidad Metropolitana. Para ella, la investigación científica tiene un peso importante para el desarrollo de cualquier ámbito del quehacer humano, por lo que su creatividad se manifiesta en la curiosidad que siente por el mundo de posibilidades matemáticas que la rodea.

“Sentí que era algo que me tenía que pasar. Me ofrecieron la oportunidad de participar en las Olimpíadas de Física y pensé que era el momento justo para aprender y todo salió bien. Ahí me enteré del programa Semilleros Científicos y entré”.

Su determinación es uno de sus rasgos más notorios, más cuando trata de convencerse a sí misma de que es capaz de lograr lo que se propone con esfuerzo y estudio. Detrás de la afabilidad y gentileza que la caracterizan a primera vista, se encuentra un atrevimiento resistente que la lleva a explorar en lo que desconoce —y sacar algo bueno de esa aventura—.

“Me encanta el área de investigación, estoy segura de que cuando termine mi carrera quiero conseguir un trabajo en el que pueda ponerme creativa para buscar soluciones a distintos problemas que se me pongan en el camino”.

La pasión de Mireya por la física y las matemáticas comenzó al revés; las odiaba. No se creía capaz de entenderlas jamás, pero en primer año conoció a un profesor de Matemáticas que cambió su perspectiva por completo a través de una metodología entretenida y dinámica. Considera que la forma en la que recibe clases es fundamental para hacer que jóvenes como ella se interesen en esas materias, que suelen ser catalogadas como difíciles por la mayoría.

“Definitivamente es el profesor, que le guste su trabajo, que le guste su materia y que sepa cómo comunicar ese amor que tiene por lo que hace a los estudiantes”.

Menciona también a su profesora de Física, que la ha impulsado a ser cada vez mejor estudiante. A su vez, Mireya tiene una vena autodidacta que le funciona de brújula para lo que le gusta. Se dedica a estudiar por largas jornadas, sola o con sus compañeras de clases, hasta que el cuerpo y el cerebro le piden descanso.

“Hago muchas sesiones de estudio. Siempre reviso los materiales y me pongo a estudiar. Mientras más se va acercando la fecha, más estudio, veo vídeos… pero trato de no embotarme, porque una vez lo hice y para el momento de la olimpíada ya estaba cansada y sentía que no servía. Tengo que saber cuándo ponerme a mí y al descanso primero. No es un ritmo que muchos puedan llevar, porque después de cinco horas estudiando ya una se agota”.

Esta dedicación casi exclusiva al estudio de la física y las matemáticas fue la que la llevó a ganar esa medalla de bronce en una competencia internacional de alta exigencia como lo es la Olimpiada Mundial de Jóvenes Físicos (World Young Physicist Olympiad) celebrada en Indonesia en 2024. Ella nunca imaginó que podía pasar de la primera prueba:

“Ahí fue donde gané la medalla de bronce. Últimamente no he tenido esas participaciones destacadas, pero creo que también es parte del destino, a lo mejor la siguiente ronda es para mí o este momento no es el momento para mí. No lo tomo como un fallo, porque sé que hice mi esfuerzo y lo di todo y eso está bien, al final todas esas herramientas con las que me preparé me van a ayudar para mi futuro”.

Mireya habla con extrema modestia de este momento, tal vez por la urgencia de no parecer arrogante, o por una autoexigencia oculta que le hace creer que lo que hace no es suficiente.

En su tiempo libre gusta de dibujar, hacer crochet mientras ve películas de Tim Burton o la saga Alien; leer. Ama ir al laboratorio y hacer experimentos y disfruta todavía más ver clases de Física porque tiene buenos profesores en esta etapa de su formación. Admira el trabajo de otras mujeres científicas, en especial el de una tocaya suya:

“Recuerdo a una científica sobre la que hice un trabajo de investigación, un cómic, Mireya Rincón de Goldwasser. Me llamó la atención porque aparte de que teníamos el mismo nombre, me gustó su investigación con la petroquímica. Y fue como darme cuenta de que las mujeres llevamos tiempo en este entorno”.

Sin embargo, cuando se trata de modelos y figuras inspiradoras, Mireya no habla de otra gente que no sean sus padres y su hermano menor, de quienes se expresa con tanta emoción que no puede evitar llorar: “Mi mamá y mi papá, totalmente. Son las mejores personas de mi vida y me inspiran demasiado. Me han apoyado demasiado. Y mi hermanito también. Son los mejores, son mis pilares”.

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