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La Abeja Reyna poliniza la soberanía en Cojedes

En las montañas de La Fe Alta, una cooperativa cultiva una miel única en el mundo: la de la flor de jujure

por Marilyn Mendoza Almella
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Marilyn Mendoza Almella / Fotos cortesía de La Abeja Reyna

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En el caserío La Fe Alta, norte del municipio Anzoátegui del estado Cojedes, empieza a empinarse el frescor de las montañas. Allá el día arranca con un zumbido que es a la vez música y motor productivo para la señora Ligia Moreno, presidenta de la Asociación de Cooperativa La Abeja Reyna R.L., y sus compañeros.

En este postal paisajista la naturaleza nunca ha dejado el susurro de las colmenas y el despertar de la tierra que esta organización trabaja con esmero. Mientras el mundo convencional separa la apicultura de la agricultura, en estas tierras las abejas y las plantas de café sostienen un diálogo secreto que hoy está transformando el paisaje y la economía local.

La historia de esta cooperativa es una crónica de paciencia, disciplina y, sobre todo, de un profundo respeto ecosocialista por los ciclos de la Madre Tierra. “Lo que comenzó como un esfuerzo familiar por rescatar el oficio de la apicultura sustentable hoy se ha convertido en una vitrina de vanguardia agroecológica. Cojedes no solo es llano y ganadería, sino también tierra de piedemonte con aroma a café de alta calidad y cien por ciento pura, procesada artesanalmente”, señala con ahínco Moreno.

Para Ligia y sus compañeros el resguardo del ecosistema es primero. La cooperativa ha asumido la apicultura no como una simple actividad extractiva, sino como una práctica de preservación del medio ambiente. El proceso del dulce fluido dorado requiere estudios diarios, vigilancia constante y una castración controlada que cuida la vida de la colmena por encima del rendimiento comercial.

El prodigio del café

Hace un poco más de tres años (en 2023) la cooperativa decidió sembrar soberanía en forma de mil plantas de café de la variedad Colombia 27 y el rústico café Canifero (o canephora), una propuesta que surgió producto de la baja producción de miel en el momento, comentó la productora.

“Todo el esfuerzo ha valido la pena. Estar allá arriba a siete kilómetros de distancia del caserío en medio de las montañas, rodeados del rojo cerezo del café maduro y el aroma que te impregna, no tiene precio”, aseguró Moreno.

Dijo que el casamiento genuino entre los cafetales y las abejas ha arrojado importantes resultados positivos, que empezaron con la recolección de sus dos primeros quintales de Colombia 27.

“Aunque la plantación aún es muy joven sabemos que el cafeto alcanza su madurez plena después del cuarto año”, acota Ligia. También dijo que para la próxima cosecha estiman alcanzar un aproximado de 8 a 10 quintales.

Afirmó con los ojos llenos de luz y orgullo que para sorpresa de la propia cooperativa la naturaleza respondió con una sincronía asombrosa.

“La introducción de los cafetales generó un impacto ecológico bellísimo en la zona, donde las abejas encontraron un nuevo espacio de pecoreo y exactamente a los dos años de haberse sembrado el café las colmenas volvieron a producir miel para el mes de octubre, un fenómeno que no ocurría en la zona hace nueve años”, aseguró.

Este enlace estratégico ha llevado a La Abeja Reyna a duplicar su producción apícola, pasando de un piso de 300 a 500 kilos en 2025 a alcanzar una cosecha de 1 mil a 1.200 kilos de miel pura en el presente ciclo de 2026. Es decir que el café salvó a las abejas y las abejas con su polinización bendijeron las primeras cosechas artesanales del grano aromático.

Miel de jujure, única en el mundo

Lo que diferencia a La Abeja Reyna de cualquier otra iniciativa apícola es su empeño por validar el conocimiento ancestral. En noviembre de 2025 la cooperativa obtuvo la oportunidad de enviar las primeras muestras de su producción apícola al Laboratorio de Análisis Sensorial de la Facultad de Agronomía de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Los resultados fueron históricos.

“Cuando recibimos los resultados, que decían que nuestra miel arrojó una pureza absoluta y que es totalmente libre de agroquímicos y de procesos de cristalización forzada, para nosotros es un logro más, producto de nuestro empeño, trabajo y amor por nuestra labor”, cuenta Ligia.

A los dos años de haberse sembrado el café las colmenas volvieron a producir miel para el mes de octubre, un fenómeno que no ocurría en la zona hace nueve años

Este estudio también describió el perfil sensorial que detalló: posee exquisitas notas de caramelo y madera con un aroma profundamente atrayente. Pero el verdadero hito científico fue el hallazgo de un altísimo porcentaje polínico de la flor de jujure (Melanthera nivea). Los estudios botánicos y melisopalinológicos confirman que La Abeja Reyna posee la única miel de Jujure registrada en el planeta. Ninguna Indicación Geográfica Protegida (IGP) a nivel mundial cuenta con un producto apícola de esta composición botánica, lo que otorga a las montañas de Cojedes una exclusividad absoluta en los mercados internacionales.

“La flor de Jujure abunda de forma silvestre en las montañas de La Fe Alta. Es la principal base científica de nuestra miel, única en el registro apícola”, argumentó Ligia con júbilo.

A propósito de consolidar este valor, la cooperativa trabaja en alianza con la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la Universidad de Maracay, núcleo de la UCV, en el desarrollo de un riguroso Calendario Apícola Mensual. A través del monitoreo técnico en los apiarios de Río Claro, Aminta Suárez, La Fe Alta y Aroíta, donde han descubierto que el néctar cambia mes a mes según la floración.

Desde el inicio de la temporada hasta el mes de diciembre, predomina el Jujure junto a unas plantas silvestres de la localidad. Al llegar diciembre la floración cambia drásticamente, dando paso a una miel monofloral, producto de una planta llamada “Fruto de Paloma”, combinada con Jobo, lo que explica la variedad de colores y sabores de las aromáticas producciones. Esta organización también cuenta con las normas y técnicas aprobadas la Comisión Venezolana de Normas Industriales (Covenin).

Un dia de trabajo con la Abeja Reyna

La jornada empieza desde muy temprano, cuando los miembros de la cooperativa se reúnen en pleno patio productivo en La Fe Alta, donde realizan el estirado, el estampado y la organización manual de las láminas de cera para los panales. Estos implementos son agrupados y cargados con los cuadros de las colmenas sobre una mula.

Luego los apicultores se arman con sus bastones de caminata y la fe intacta en el potencial de su tierra, hacia la pendiente de los escarpados senderos de La Fe Alta. Ya una vez en el campo, el equipo se prepara con trajes de protección y guantes para la inspección técnica de las colmenas en la zona de siembra.

“Para el manejo de las colmenas y el adormecimiento controlado de los enjambres durante la castración, utilizamos la corteza del árbol de algarrobo para generar un humo natural, que no estresa ni contamina a las abejas y así logramos extraer los panales de miel de la manera más respetuosa para nuestras colmenas”, explicó Ligia. Posterior a este proceso el dulce estrato es pasado al proceso en la sala de extracción y así ofrecen una miel cien por ciento pura.

Los resultados de esta inventiva con sello cojedeño ya han roto las fronteras locales, llevando la experiencia de La Abeja Reyna a los escenarios más importantes del debate agroproductivo nacional e internacional. La cooperativa fue una de las grandes protagonistas en el Congreso Mundial en Defensa de la Madre Tierra (octubre de 2025 en La Carlota, Caracas). Allí, ante delegaciones internacionales la señora Ligia Moreno, alzó la voz como Poder Popular y expuso que la apicultura sustentable y el café artesanal construyen la agenda de agricultura agroecológica y regenerativa que el planeta exige con urgencia, enfatizó.

De igual forma el aroma del café y la pureza de la miel conquistaron los paladares en la 1era Expoferia “Sabe a Venezuela” en Valencia, Carabobo, donde recibieron elogios y compartieron experiencias de autoridades como la entonces presidenta de Marca País, Daniela Cabello, y en la Expoferia Agro-ALBA, en donde resaltó el modelo ecosocialista de la organización cooperativista y llamó la atención de representaciones diplomáticas de bloques internacionales, incluyendo delegados de la Federación Rusia.

La apicultura fue mi mejor elección”

Ligia Moreno, nacida el 16 de noviembre de 1982 en la vía de Río Claro, en el municipio Anzoátegui, creció bajo el sombrío de una hacienda cafetalera en La Fe Alta, donde sus padres, José Eustoquio Moreno y Chiquinquirá Vélez, le enseñaron el valor del trabajo rural. Sin embargo, las realidades del campo la obligaron a bajar de la montaña a los nueve años para poder estudiar, y más tarde a buscar el sustento lejos de sus cerros, trabajando en casas de familia en las ciudades de Caracas y Valencia.

Pero su pueblo natal siempre fue su hogar. Ligia, regresaba al campo cada vez que se necesitaba mano de obra para las cosechas, el verdadero quiebre de su historia ocurrió en el año 2005, cuando una delegación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) llegó al municipio con un proyecto piloto de apicultura.

Cuenta Moreno, que una agrónoma atenta la vio como una chispa curiosa en ella y le preguntó: “¿Quieres participar en un curso de apicultura?”.

“Mi respuesta en ese momento es que yo le tenía mucho miedo a las abejas, porque aquí mayormente se trabaja con abejas africanizadas. Además, aquí había un tabú que las mujeres no trabajaban la apicultura, pero me animé”.

Asimismo, destacó que tras realizar un curso de cría de reinas, su perspectiva cambió por completo, naciendo un profundo vínculo con el apiario.

Actualmente tiene 20 años trabajando como apicultora, asegurando que “desde ese momento que inicié con las abejas cada día aprendo algo nuevo. He aprendido a conocerlas y ellas a mí”.

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