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Ingeniería, matemáticas, mediciones y el pundonor de nuestra gente

En el diagnóstico de edificaciones afectadas por los terremotos del 24 de junio intervinieron equipos venezolanos altamente calificados. También en el proceso de comprensión del desastre natural. En cuanto a la población, participa también en su recuperación integral

por José Roberto Duque
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Texto y fotos: José Roberto Duque

Foto principal: escultura en el puente de Caraballeda

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Dieciocho mil doscientas (18.200) inspecciones a viviendas y edificaciones afectadas: esa es la cifra, que no alcanza a ilustrar en toda su dimensión el enorme trabajo que realizaron los más de 560 ingenieros de distintas regiones del país en Caracas y La Guaira, desde el 11 de julio de 2026. Las jornadas de evaluación e inspección de la habitabilidad de viviendas e infraestructuras afectadas por el doblete sísmico del 24 de junio ameritaba un despliegue monumental, como en efecto lo fue.

Mientras un relato criminal se empeñaba y se sigue empeñando en instalar la idea de que el Estado venezolano no hizo nada durante la tragedia, este equipo integrado por mucha gente joven de cuerpo y de espíritu se lanzó a la tarea grandiosa de verificar, aplicando criterios técnicos y científicos de excelencia, qué construcciones quedaron en condiciones de ser habitadas o utilizadas y cuáles ameritan observación o descarte. Docenas de brigadas de ingenieros ejecutaron las instrucciones de la Comisión Presidencial para la Evaluación de Habitalidad de Viviendas e Infraestructuras, bajo la dirección del ministro Francisco Garcés. Todo esto, aunque la narrativa de la confrontación sigue su camino.

Nuestro equipo estuvo en algunas de las incursiones de este hormiguero humano en las zonas afectadas. Quizá la más relevante o asombrosa fue la que tuvo lugar desde el 11 de julio en varios sectores de La Guaira; allí participó un equipo de geociencias del Ministerio de Ciencia y Tecnología e investigadores de la Universidad de Los Andes. Geocientíficos, geodestas, ingenieros y físicos se aplicaron a analizar las evidencias del movimiento de la Falla de San Sebastián, identificando grietas, deformaciones y otros rastros en la superficie del territorio.

Un matemático al frente

De entrada bullía como un rumor matizado con convicciones, convertido después en noticia confirmada: el epicentro del segundo cataclismo del 24 de junio no había sido cerca de Morón, como lo anunció en un principio un servicio estadounidense. Los especialistas venezolanos tenían señales y evidencias de que ese segundo impacto había ocurrido frente a las costas de La Guaira, cosa que semanas después fue admitida por todo el mundo, incluidos los noretamericanos.

En aquel recorrido, un caballero silencioso y de serena discreción coordinaba el proceso de medición física para evaluar la profundidad y dirección de las grietas. Mientras los ingenieros geólogos y el ingeniero civil medían, discutían, comentaban y anotaban, el coordinador, Franklin Leal, permanecía o parecía permanecer al margen. Pero era a él a quien le correspondía la responsabilidad de analizar los datos recabados y presentar el informe final.

Jahn Franklin Leal Hernández es matemático, fue director del Observatorio Nacional de la Crisis Climática (ONCC) y se desempeña como profesor universitario en la Universidad de Los Andes. En estricto apego a su discreción y a los protocolos necesarios en presencia de un periodista (persona que informa o desinforma, nunca se sabe en estos tiempos) antes de dar declaraciones solicitó permiso de su superior, la para entonces ministra Gabriela Jiménez. La primera pregunta parecía una provocación pero era una curiosidad legítima: qué hace un matemático dirigiendo un equipo de geociencias.

La respuesta no fue para nada compleja: la participación de un matemático en un equipo dedicado al estudio de suelos y desastres naturales se concentra en la medición, el análisis y la interpretación de los fenómenos. Leal explicó que su formación en el área de cartografía le permitió trabajar con datos vinculados con la forma y el movimiento del terreno. La medición constituye una etapa central en el análisis de riesgos. Sin datos, los equipos de geociencias tienen menos elementos para describir un fenómeno, establecer sus características y construir modelos que permitan interpretarlo.

Él y su equipo tienen experiencia previa en eventos similares y en otros de distinta naturaleza; participó en estudios realizados en inundaciones y deslaves recientes, en Tovar, en Santa Cruz de Mora, Las Tejerías y Cumanacoa, además de otras zonas afectadas por eventos naturales. También el equipo elaboró el levantamiento y los informes técnicos de las inundaciones y deslizamientos ocurridos en el páramo por el desbordamiento del río Chama en 2025.

La matemática en la prevención de desastres naturales permite medir movimientos del terreno, desplazamientos de masas, lluvias y otros fenómenos para elaborar modelos y simulaciones. Aparte, he tenido formación y experiencia en cartografía, con la interpretación de mediciones aplicadas a las ciencias naturales, las geociencias y las ciencias climáticas.

Al explicar qué aporta la disciplina, sostuvo que la matemática establece los métodos necesarios para medir distintos fenómenos y relacionarlos con otras áreas del conocimiento.

En función de eso, pues, la matemática explica las formas de medir las cosas. Todo lo mensurable es susceptible de análisis matemático. Hay una frase que dice: ‘lo que no se mide, no existe’. Entonces, todas las formas de hacer mediciones tienen pertenencia en distintas ramas o áreas del conocimiento, un matemático convierte observaciones del entorno en mediciones que pueden analizarse con herramientas científicas. Y se pueden aplicar en ramas de las ciencias naturales, de las geociencias, por ejemplo, de las ciencias climáticas, con ese tipo de estudios estoy familiarizado.

Para explicar cómo se analizan los fenómenos relacionados con los movimientos tectónicos, Leal mencionó variables como la longitud de onda, la frecuencia y la resonancia. Estos elementos permiten caracterizar el movimiento y estimar su intensidad. “Para tú medir fenómenos que están relacionados con movimiento, cualquier tipo de fenómeno relacionado con movimiento, mides, en este caso, cosas como longitudes de onda, frecuencia, resonancia, que explica cómo es, o por lo menos determina cómo es el movimiento. Las longitudes de onda aportan información sobre la intensidad del fenómeno registrado”.

En términos generales, la frecuencia describe la repetición de un movimiento, mientras que la resonancia permite analizar la respuesta de un sistema ante determinadas oscilaciones. Las longitudes de onda, por su parte, ayudan a identificar características de la propagación de una señal o de un movimiento. En el trabajo de campo, estas variables se integran mediante herramientas matemáticas.

Uno de los resultados del análisis matemático es la elaboración de modelos que pueden transformarse en simulaciones computacionales. Estas representaciones permiten reconstruir un fenómeno y estudiar su comportamiento a partir de las mediciones disponibles.

A lo largo de la avenida Vargas, entre Caraballeda y Caribe, los ingenieros miden las grietas, observan de cerca las ruinas de la zona más afectada de La Guaira. El impacto de la catástrofe está a la vista, patente y mortal. Aun así, los habitantes caminan entre escombros, se mueven con seguridad, listos para retomar los ritmos de la vida; el tránsito vehicular es lento pero la ciudad se reanima, galopa, se empeña en funcionar. A eso alguna vez lo oí llamar pundonor. Pienso que nos impusieron o quizá está comprobada la idea de que las matemáticas son ajenas a todo esto, a las claves del dolor y la resistencia.

Leal informa que la medición no se limita a los fenómenos físicos, también puede aplicarse a variables sociales, como los movimientos de población. “Todo lo que tiene que ver con movimiento, todo lo que se mueva, sean variables sociales, sean variables físicas, lo que usted imagine, hay una forma de medirlo, y las herramientas las da la matemática”.

Recordé un episodio. Meses después de aquella otra tragedia espantosa, la de 1999, fui al bulevar de Macuto a ver qué quedaba del pueblo y qué quedaba de la tristeza, y el pueblo me sacudió con golpes de tambor: la gente en plena fiesta y en pleno baile, reconciliada con la playa nocturna y en el impulso vivo de recuperación o reposición de las pérdidas por parte de la especie. Te lo digo en cacri: lo mejor de la fiesta podía verse entre las piedras del malecón, donde varias parejas culeaban con descaro o con disimulo, salpicadas de agua y salitre. Ese es el único método conocido de recuperación y multiplicación de la gente, gente nueva en sustitución de los que ya no están: así se recuperaba La Guaira aquella vez y así debe estarlo haciendo ahora mismo.

No sé si contradiga lo que dice el especialista, pero estoy seguro de que la conmoción y el amor no pueden expresarse en números. Aunque de alguna manera su trabajo es un aporte al necesario retorno a las rutinas y los modos anteriores al cataclismo.

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Periodista, escritor y editor

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