Roberto Malaver / Fotos Lheorana González
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Arriba, en El Mirador, Carrizal, estado Miranda, están dos casas diseñadas y construidas por Fruto Vivas confundidas con la naturaleza. Sin tapias ni rejas que las rodeen. Abiertas al paisaje, como sembradas sobre la misma tierra. Una es la casa de Isaura Vivas, conocida como Unimóvil 305; está allí desde 1969. Y la otra es de Morelia y Ricardo Vargas Vivas, hijo de Isaura Vivas y José Vargas; está allí desde 1999.
Unimóvil 305
Fruto Vivas acababa de llegar de Cuba en 1968 y andaba en la clandestinidad. Ricardo Vargas cuenta cómo comenzó todo: «Mi papá compró este terreno, en ese momento Fruto acababa de llegar al país, y le dice: ‘Vargas, ¿cuánto dinero tienes tú?’. Y él le dice: ’30 mil bolívares’. Y Fruto le dijo: ‘Con eso tú haces tu casa’. Y con 30 mil bolívares se hizo esa casa».

—¿Y ese nombre de Unimóvil 305?
—Unimóvil viene porque estos son módulos de 2 x 2, tú los sueldas y te llevas tu casa para donde quieras. Son unidades móviles, llamadas también ‘marcos portantes’. Esta es la primera casa que se hacía con ese concepto en Venezuela. No era para quedarse en un sitio, sino que podías desarmarlo y llevártelo. Y 305 porque es el número de la parcela”.


—¿Qué otra novedad tiene la casa?
—Esa casa tiene un techo portátil, que tú lo mueves por medio de unas poleas de 2.44 x 2.44. Lo abres y ves el cielo, y si llueve lo cierras y después lo vuelves a abrir.
— ¿Y está levantada del suelo?
—Sí. Adelante está levantada del suelo 30 o 40 centímetros, y atrás un metro veinte.


Héctor Vivas, Arquitecto graduado en Cuba y sobrino de Fruto, estuvo trabajando en esa casa como soldador. Tenía 18 años y tenía un taller en El Paraíso, que cuando Fruto lo vio se alegró tanto que fue cuando comenzó con la idea de los marcos portantes.

Dice Héctor Vivas:
Un día se quedó la máquina de soldar abajo y Fruto dijo que iba a hacer una máquina de soldar. Pusimos un pote, echó dos kilos de sal, lo batió, cogió una tabla, le peló un cable grueso y lo clavó con clavos doblados en la tabla a todo lo largo. Metió la tabla dentro del agua salada, ese era el polo positivo, y el transformador era el agua salada. Y graduaba la máquina levantando el palo. Y soldaba. Y no tenías que sostener el palo: ‘¡parriba, pabajo!’, gritaba Fruto.
—¿Cómo cargaron todos esos marcos hasta aquí?
—Fruto se trajo a sus amigos, los guerrilleros. Al comandante Fausto (Alí Rodríguez Araque), Francisco Prada, a Magoya y unos campesinos, y ellos, junto con nosotros, cargamos todo eso hasta aquí y comenzamos a trabajar. Lo hijos de Fruto también trabajaron aquí, José Alí y Vladimir.
—¿Cómo era el piso?
—El piso era una lámina de un centímetro de fórmica gruesa. Se montó en un marco y le metimos corcho. Caminabas y eso se movía para todos lados. No se podía entrar con zapatos, había que ponerse medias porque si no rayabas la fórmica.


Ricardo cuenta que cuando su hermano Alejandro se graduó de Bachiller hicieron una fiesta en la casa y se presentaron como sesenta muchachos.
—Imagínate, sesenta muchachos en la casa bailando. Comenzó la fiesta, pusimos una canción y la casa empezó a temblar. Entró mi mamá asustada y nos dijo: ‘No pongan ese tipo de música, pongan música suave, porque la casa temblaba’. Y la casa se movía para todos lados.
Habla Fruto Vivas
Fruto Vivas se fue el 23 de agosto de 2022, pero dejó su testimonio en el libro “Del barro al metal”, de Raquel Castro, en torno a la casa de Isaura. Allí dice:
Cuando la gente descubra que puede hacer su casa, sin las financiadoras, sin los monopolios, sin las transnacionales que controlan los precios de construcción, entonces nos estaremos acercando a una solución del problema. Mi hermana Isaura es un buen ejemplo. Ella pudo hacer, con su marido, sus hijos y nosotros, una casa que no le costó ni 35 mil bolívares. Si hubiera comprado esa casa, le hubiera costado 150 mil bolívares (Del barro al metal. Castro, Raquel. Pág. 109).

Isaura Vivas tampoco se encuentra ahora entre nosotros, pero también dejó bien claro su orgullo y su alegría de vivir en una casa diseñada por su hermano. Dijo Isaura:
Yo estoy doblemente orgullosa. Primero, porque mi casa es el primer experimento del árbol para vivir, y segundo, porque la diseñó Fruto, que para mí es el más genial y el único arquitecto que propone rescatar la naturaleza para el hombre” (Del barro al metal. Castro, Raquel. Pág. 101).

En 1999, muchos años después, Ricardo Vargas quiso hacer su casa al lado de la Unimóvil 305.
—Esta casa es muy frutista. La diseñó Fruto con el mismo concepto de la casa de Isaura, para no perder la armonía de una casa con la otra, siguiendo con su concepto de árboles para vivir. La quinta Isaura está levantada en ocho columnas. En esas ocho columnas esta puesta la casa, que está a una altura de dos metros y medio, por eso le digo palafito. Está también en un terreno plano.

Confiesa con humor que subir escaleras se ha vuelto un problema: «No pensé que iba para viejo, y estoy pensando seriamente cómo hago un ascensor. No está Fruto para que me diseñe uno, así que tengo que inventar una cosa con un güinche.


—Cómo soportaron las casas los dos terremotos?
—Mi casa es de puro ventanal. El ruido de los cristales era tanto que mi hija me llamaba desde afuera y yo no la escuchaba. Veía mi camioneta moverse de un lado a otro como una barajita, pero mi casa lo que hacía era vibrar. No se movía, vibraba. Debe ser por los antisísmicos que Fruto diseñó. Él nos dijo: “Esto tiene que venir aquí y esto aquí, para evitar que tu casa se vaya a caer”. Y efectivamente, a mi casa no le pasó nada. Ni a la de al lado. Ninguna de las dos sufrió nada.

El árbol para vivir
Fruto también dejó bien claro su concepto del árbol para vivir en el libro Del Barro al metal, de Raquel Castro:
En la propuesta arquitectónica de los árboles para vivir casi todas las casas son colgantes. Tienen un apoyo en el medio y una estructura que sale arriba, de donde cuelga la vivienda, es decir, el techo la sostiene como si fuera las ramas de un árbol, así que cuelga, prácticamente. Formada por tubos que guindan de esa estructura. En líneas generales esa es la concepción de estas viviendas (Del barro al metal. Castro, Raquel. Pág. 110).






















