Eliecer Centeno | ¿Qué nos queda?
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Entre los recursos que históricamente han generado graves conflictos ambientales se encuentra el patrimonio forestal, especialmente cuando su explotación se realiza en territorios indígenas. Existe un sinnúmero de conflictos, que van desde la expulsión de sus territorios ancestrales, la apropiación tanto del recurso como de las prácticas y técnicas asociados a ellos, la patente inconsulta de principios farmacéuticos de especies del bosque usadas en la medicina tradicional, etcétera.
Una de estas problemáticas se ubica en Chile, y aunque se remonta a décadas, en los últimos años sigue afectando a las poblaciones originarias. Se trata del desplazamiento del pueblo Mapuche de sus tierras para ser entregadas a grandes concesionarias de la madera. Una práctica originada en la década de 1970 durante la dictadura de Augusto Pinochet, cuando el Estado chileno fomentó activamente la industria papelera y maderera mediante subsidios, lo que facilitó a grandes conglomerados como Celulosa Arauco y CMPC adquirir extensos predios reclamados ancestralmente por los indígenas.
Luego de décadas de explotación y desplazamientos las cifras hablan por sí solas. En un informe de la Coalición Mundial por los Bosques, publicado en julio del 2022 y titulado: “Tierras robadas y bosques en extinción en Chile”, se destaca que “…las plantaciones madereras se multiplicaron por diez entre 1975 y 2007 y ahora ocupan casi la mitad (43%) del paisaje del centro-sur de Chile…”. Esto repercute directamente en la reducción del bosque natural. “…Por ejemplo, en la cordillera de Nahuelbuta, entre las regiones del Bio Bío y la Araucanía, en los 25 años transcurridos entre 1986 y 2011, un tercio de los bosques naturales fueron sustituidos por monocultivos madereros”.
La consecuencia de esta transformación no solo se expresa en la expulsión sistemática de los mapuches de sus tierras, sino en la pérdida prácticamente irreversible de la biodiversidad primaria de la Araucanía. Igualmente, se ven afectados los conocimientos tradicionales asociados a la convivencia en armonía con el bosque austral y sus especies.
A pesar de este tipo de experiencias negativas, recientemente las iniciativas a favor del rescate del manejo ancestral de los bosques por parte de los pueblos indígenas cada día son más promovidas y recibe tanto apoyo financiero como visibilidad mediática.
En julio de 2026, el Comité Forestal de la FAO hizo público un documento que engloba una visión general de la edición de 2026 de “El estado de los bosques del mundo” (SOFO 2026), donde se recopila información actualizada sobre la ejecución de las actividades relacionadas con el Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas (2021-2030).
Dentro de esta información, se presenta un estudio del caso sobre el Pueblo Indígena xukurú del Brasil. Este grupo gestiona sus territorios sagrados mediante un enfoque biocéntrico e integrado de la restauración a fin de apoyar la transformación sostenible de los sistemas alimentarios, al tiempo que favorece la resiliencia a largo plazo y genera beneficios sostenibles.
La experiencia brasileña del pueblo xukurú en el estado de Pernambuco, en el Nordeste del país, refleja cómo es posible enfocar la gestión del territorio desde el respeto de los saberes ancestrales y que los beneficios que se generen en el aprovechamiento forestal, tributen a mejorar las condiciones de vida de estas comunidades.
En Venezuela, con la llegada al poder del Comandante Hugo Chávez Frías el 2 de febrero de 1999, se inició un periodo de cambios políticos, económicos y sociales que a la fecha aún constituye un proceso dinámico, dialéctico, en desarrollo, que nos sigue invitando a pensar y re-pensar la forma como vemos procesos, dinámicas y relaciones de poder. El vínculo de los pueblos indígenas con sus tierras y bosques no escapó de este proceso de reconocimiento y transformación.
Para entender la génesis de “Tukupu”, la primera empresa forestal indígena de Venezuela, conviene revisar en donde están sustentados los elementos que permiten la re-apropiación de los pueblos indígenas de sus procesos productivos en los bosques venezolanos. Una de estas bases son los derechos de los pueblos indígenas establecidos en el Capítulo VIII de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Específicamente el Artículo 120 establece la regulación del aprovechamiento de los recursos naturales en hábitats indígenas, lo que incluye la exigencia de la consulta previa e información a las comunidades sin lesionar su integridad cultural, social o económica, así como el acceso a los beneficios de este aprovechamiento por parte de los pueblos indígenas.
En el año 2016, se inicia el desarrollo del “Proyecto Ordenación Forestal Sustentable y Conservación de Bosques en la Perspectiva Ecosocial” en la Reserva Forestal Imataca, ubicada entre los estados Bolívar y Delta Amacuro. Es ejecutado en conjunto por la FAO y el Estado venezolano, y financiado por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF). Una de las propuestas más trascendentales que nació de las consultas con la comunidad indígena kariña fue la creación de la Empresa de Propiedad Social Directa Comunal TUKUPU (EPSDC-TUKUPU), que se materializaría hacia 2020 y se constituyó como la primera iniciativa para la gobernanza compartida del bosque.
En Tupuku el Liderazgo femenino es fundamental, ya que la organización está liderada principalmente por mujeres indígenas. Su fundadora y capitana es Cecilia Rivas.
Actualmente, el Estado venezolano otorgó a la empresa la concesión de 7.000 hectáreas de bosque para su protección, reforestación y el aprovechamiento sostenible de los recursos, contrarrestando los daños en el territorio de la minería y la tala ilegal.
Dentro del manejo del bosque que incorpora técnicas tradicionales, se encuentra la restauración a través de conucos agroforestales. En las zonas degradadas, los kariña no solo plantan árboles maderables, sino que los intercalan con plantas alimenticias y frutales. Es decir, en un mismo espacio siembran especies forestales nativas para recuperar la estructura del bosque, especies frutales y comerciales como cacao, café, guanábana, guayaba, naranja y mandarina. Todo esto permite recuperar la fertilidad de la tierra rápidamente mientras proveen alimento y sustento económico inmediato para sus familias.
En 2020, la lideresa indígena kariña Cecilia Rivas señaló “En mi pueblo kariña tenemos una palabra para el “compartir”, Mayú. Allí se concentra el deseo de reunión y de disfrute con nuestros semejantes. Nos queda aprender de ese “Mayú” kariña, para avanzar hacia una convivencia y prosperidad que equilibre el respeto por la naturaleza, por los otros y por las generaciones futuras.
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