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Las andanzas del sabio Lisandro Alvarado

Semblanza de uno de nuestros polímatas y viajeros fundamentales

por Julián Márquez
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Julián Márquez

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Aquel día domingo 19 de septiembre de 1858 Gracia Benigna Marchena, en vínculo matrimonial con Rafael Alvarado, alumbró a Aníbal Lisandro, su primer hijo, en la ciudad de Nuestra Señora de la Concepción de El Tocuyo, en el estado Lara. Los semerucos, cujíes y cardones acaso celebraron al unísono el afortunado acontecimiento.

El armónico nombre del recién nacido llegaría en el porvenir a sonar fuerte en los campos del desarrollo científico venezolano. Es considerado uno de los polímatas más connotados de la historia nacional. En el desarrollo de sus actividades científicas sobresalió como médico, naturalista, historiador, antropólogo, etnólogo, sociólogo y lingüista, con prestigio dentro y fuera de la geografía nacional.

Pasión por los idiomas

Aplicando su inteligencia al auto aprendizaje de otros idiomas, aprendió joven a hablar y escribir con fluidez latín, griego, hebreo, francés, inglés alemán italiano, árabe, provenzal y chino pequinés. Se incluye entre esos logros el vasto dominio de diversas lenguas indígenas, aprendidas en el contacto directo con las comunidades autóctonas venezolanas.

Habituado al desempeño docente del padre y la madre, la llegada al recinto escolar no debió significar ninguna extrañeza en el ánimo del pequeño Lisandro, cuando en 1866, a los ocho años, entra formalmente a cumplir los estudios primarios, junto con sus hermanos, en el ambiente ideal del prestigioso Colegio La Concordia, dirigido por el destacado educador Egidio Montesinos. Las aulas proporcionaron al avispado discípulo el primer contacto con el latín y la literatura clásica.

En aquel fructífero espacio de lumbreras larenses el tocuyano Lisandro Alvarado concreta con el barquisimetano José Gil Fortoul una amistad de vínculos perdurables, arraigada en el aprecio personal y el continuo intercambio de conocimientos entre ambos.

Se alían aún adolescentes para fundar el periódico escolar El Aura Juvenil, en cuyas páginas, tratando temas sociales y de literatura, comienza a reflejarse el talante intelectual de los prometedores estudiantes.

Cuando concluye la primaria viaja a tierras andinas, a fin de continuar sus estudios de bachillerato en el prestigioso Colegio Nacional de la ciudad de Trujillo. En el discurrir de ese período, momentos de dificultades económicas se abaten contra la familia Alvarado. La aciaga circunstancia obliga al estudiante a interrumpir sus estudios para irse a Barquisimeto donde le ofrecen un empleo de farmaceuta.

Fiebre positivista en Caracas

A los veinte años, aliviada la temporada de crisis económica familiar, Lisandro Alvarado toma en 1878 la decisión de ir a Caracas decidido a estudiar medicina. La ciudad rezumaba por doquier la influencia de la arquitectura y la manera de vestir a lo parisino, impulsada por el gobierno del presidente Guzmán Blanco.

Las pretensiones de afrancesamiento de Venezuela marchaban revueltas con las nociones filosóficas y sociológicas impuestas por el positivismo, ideología en ebullición en las aulas de la Universidad Central de Venezuela.

El positivismo había calado profundo en la mayoría de los jóvenes intelectuales de aquellos años. Integrado a las impresiones de su tiempo, el estudiante Lisandro Alvarado, también se dejó influir por la novedosa corriente de pensamiento del filosofo francés Augusto Comte y divulgada en Venezuela por Adolfo Ernst y Rafael Villavicencio− principalmente−, maestros admirados por aquella juventud decimonónica.

No obstante, en el caso particular de Lisandro Alvarado, él abrevó a tiempo en otras fuentes de ideas anteriores al positivismo extremo, fundamentadas en la comprensión de nuestra idiosincrasia, a través de sus lecturas apasionadas de Cecilio Acosta y José Martí (a quien por intermedio de primero llegó a conocer en Caracas), dos figuras señeras para una interpretación histórica, política y social con otra perspectiva de nuestra América, asumida desde una noción humanista más afines con las posiciones liberales de pensadores como Simón Rodríguez, distintas a las ideas europeizantes de Comte.

A partir de 1882 integra la Sociedad Amigos del Saber, un grupo donde también participaban César Zumeta, Luis López Méndez, José Rafael Revenga y José Gil Fortoul. Un año antes estuvo entre los jóvenes colaboradores de la Revista Venezolana, fundada por el insigne poeta José Martí. El bachiller Lisandro Alvarado logró publicar en la revista martiana uno de sus primeros artículos literarios, además de participar estrechamente con el bardo cubano en la edición de la revista.

El principio de las andanzas

Tras graduarse de médico, en 1884, el tocuyano se traslada a ejercer su profesión en la población de Ospino, en el estado Portuguesa. Desde allí emprende su dromómano itinerario por las diversas regiones de Venezuela, afanado en la tarea enriquecedora de su posterior bagaje y legado intelectual. La práctica de la medicina es la puerta abierta para adentrarse por los senderos de las investigaciones científicas. En su provechosa errancia se hizo agrimensor y miembro masón en grado 30.

Su temple parecía no tener descanso, recorre kilómetros a pie, en mula, caballo o curiara en una infatigable tarea de investigación. Indaga, estudia y clasifica plantas, flora; fauna, insectos; convive con los indígenas territoriales, domina sus lenguas, estudia las costumbres naturales y creencias religiosas.

En medio de las travesías en pos del saber tuvo tiempo para enamorarse y casarse en 1887 con Amalia Rosa Acosta, madre de sus hijos e hijas, sumados en seis varones y dos hembras. A partir de 1889 reside en Guanare, donde vive y escribe, ejerce la médica y la rectoría del Colegio Nacional de la localidad.

Interrumpe la estancia guanareña cuando el 23 de mayo de 1890, aceptando una disposición del presidente Raimundo Andueza Palacios, parte hacia Inglaterra a ocupar el cargo de Cónsul en Southampton donde permanece un breve tiempo, pero el llamado de la tierra nativa lo acicatea a regresar pronto. Una vez de vuelta a la patria, se instala nuevamente en Guanare, desde donde continúa su infatigable recorrido científico.

Un año después irá de nuevo a Inglaterra, ahora como representante médico del gobierno nacional en el séptimo Congreso de Higiene y Democracia, celebrado en Londres el año 1891. Durante este evento recibió el honor de ser nombrado Miembro del Consejo Honorario Extranjero. Al volver de este viaje, retoma su incesante labor investigativa.

Estreno en el Cojo Ilustrado

A contar de 1893 comienza a publicar en la prestigiosa revista El Cojo Ilustrado una serie de trabajos memorables de historiografía, lingüística, antropología y psicología. Se estrena con una magistral investigación titulada Neurosis de hombres celebres en Venezuela. En breve se convierte en un articulista excepcional de la célebre publicación. Entre los siguientes artículos sobresalen Observaciones sobre la revolución de 1810 en Venezuela; Los delitos políticos en la Historia de Venezuela; Etnografía Patria; Estudios sobre el español en Venezuela y lenguas indígenas.

También en 1893, el polímata había dado inicio en La Gaceta Médica de Caracas a la publicación de sus ensayos en el campo de la medicina, un área de investigación donde destacan análisis pioneros sobre el Origen y propagación del vomito negro; La geofagia, estudio acerca de los peligros para la salud del trastorno de comer tierra; Tratamiento contra la fiebre biliar hematúrica; Las enteropatías periódicas, causantes de los trastornos intestinales recurrentes en las regiones tropicales. Todos estos análisis en salud provienen del trabajo de campo con las comunidades rurales.

El comienzo del fin

Tenía seis años de haber abandonado la medicina, cuando un severo ataque de hemiplejia lo sorprendió el 29 de julio de 1926 en su casa de El Calvario en Caracas. Necesitando con urgencia un tratamiento médico más avanzado es trasladado a París, mas en la capital francesa el esfuerzo para recuperar la salud resulta negativo. Regresa desconsolado al país y prefiere residir en Valencia hasta su defunción el 10 de abril de 1929. Desde el 14 de mayo de 1980, los venerables restos del sabio reposan en el Panteón Nacional.

Durante los setenta y un años vividos, solamente pudo sentir apretado entre las manos un par de títulos impresos de sus escritos más preponderantes: La Revolución Federal en Venezuela y Glosario de Voces Indígenas de Venezuela. Posteriormente aparecieron Glosario del bajo Español en Venezuela y Datos Etnográficos de Venezuela. A la secuencia se le agrega la magnifica traducción del alemán al español de Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, de Alejando Humboldt; seguido de la versión española del clásico poema filosófico De la Naturaleza de las cosas, de Tito Lucrecio Caro, vertida del latín gracias a su versatilidad polígrafa. La primera edición de sus obras completas se realiza en 1958. En edición más próxima en el tiempo, La Casa Bello publicó en 1984 Lisandro Alvarado Obras Completas, aparecidas en dos tomos.

Por la significación de su múltiple y fecunda obra científica y humanística, recibió en vida valiosos homenajes. El gobierno de Francia le otorgó en Caracas la Medalla de Instrucción Pública. El reino de España lo invistió Comendador de la Orden Isabel La Católica. En tanto, su patria le concede la Orden de El Libertador en Tercera Clase y las membresías de la Academia Venezolana de la Lengua, Academia Nacional de la Historia y la Academia Nacional de Medicina de Venezuela. Medalla de Honor de la Instrucción Pública Nacional.

Desde 1936, en su estado natal, la principal universidad de Barquisimeto lleva su nombre, la Universidad Centrooccidental Lisandro Alvarado (UCLA).

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