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EcoCiudad: el podcast venezolano sobre la crisis civilizatoria

por Emily Caro Bracho
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Emily Caro

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Hay ciudades que crecen de espaldas a su paisaje. Caracas, la capital de Venezuela, en cambio, nace cada mañana con los ojos puestos en esa pared verde que la abraza: el Waraira Repano, ese gigante de niebla y oxígeno que lleva siglos recordándonos que antes que urbanismo, somos naturaleza y que la convivencia entre nuestra especie y nuestra montaña es posible.

Y fue precisamente allí, en nuestra montaña caraqueña “El Waraira”, donde nació, de la mano de José López, un ecologista empedernido, un nuevo espacio de conversación y pensamiento: EcoCiudad. Un podcast cuyo objetivo es ir más allá de las consignas para hacernos una pregunta incómoda pero necesaria: ¿puede el ecosocialismo habitar la ciudad, o estamos condenados a elegir entre el concreto y la vida?

Aunque Venezuela no está en la lista de los principales países emisores de gases de efecto invernadero, desde allí se repiensa la vida en torno al respeto del respeto a la naturaleza y el cuidado del planeta. El país tiene 44 parques nacionales, es decir el 22% de su territorio son parques protegidos, y otro 58% está protegido por alguna ley ambiental. No son simples cifras, es la evidencia de una cultura ambientalista que no nació ayer.

En el primer episodio del podcast la respuesta de si estamos condenados a elegir entre el concreto y la vida vino de la voz del arquitecto y ministro de Ecosocialismo, Nelson Rodríguez, el invitado que estrenó esta plataforma dejando su traje de ministro a un lado para hablar como militante con José López, la cara que presentará cada viernes este espacio comunicacional.

Caracas es también monte y culebra

La primera metáfora de Rodríguez llegó planteada casi como una tesis urbana o una declaración de principios.: “Caracas y su Waraira son dos caras de la misma moneda. No se explican la una sin la otra”, y esta no fue una frase poética, es la forma en cómo Nelson describe esa relación entre la ciudad que somos y esa montaña que nos acompaña.

A propósito de este planteamiento vale poner sobre la mesa datos de los manuales de la Organización Mundial de la Salud, que establece que una ciudad necesita entre 10 y 15 metros cuadrados de área verde por habitante para garantizar su reoxigenación. Caracas, la capital venezolana, apenas alcanza 1,2 metros cuadrados, según los registros oficiales. La cifra, leída en frío, es lapidaria, pero Rodríguez la desarma con una lógica propia del sentido común: “no se puede medir el pulmón de una ciudad mirando solo el parque que está dentro de su huella urbana. Porque si se suma el Waraira Repano, Caracas no tiene 1,2 metros verdes por persona: tiene más de 8.200 hectáreas de montaña, selva y vida”, un territorio que la OMS no contabiliza, pero que la ciudad respira todos los días.

Pocas urbes en el mundo pueden jactarse de semejante privilegio. En Caracas basta cruzar la avenida Boyacá para pasar del bullicio urbano a la selva más densa y extraordinaria. Rodríguez lo resume una frase: hay una línea invisible separa dos realidades que en verdad son una sola. Como el río que no deja de ser río aunque lo hayan embaulado.

Quebrada Tacagua

Tres claves para una ciudad que respire

En la conversación que tuvo lugar en la sede de guardaparques Los Venados, no faltaron denuncias, la investidura de ministro no limita a Nelson Rodríguez para problematizar sobre la planificación de la ciudad. Como ecosocialista propone una hoja de ruta con tres ejes que podrían cambiarle el rostro a la ciudad: Planificación territorial a la vanguardia, no detrás de la ambulancia. Es decir, prever antes de lamentar; consolidar el poder popular organizado: ese tejido comunal que en Venezuela ha demostrado madurez social y económica, pero que necesita más herramientas para decidir sobre su territorio. Respeto a los ciclos de la naturaleza, el arquitecto y ministro también se vuelve filósofo: “Nos asombramos de las inundaciones, pero olvidamos que los suelos no son permeables porque nosotros los sellamos. La naturaleza tiene sus leyes. Nuestra abuela lo decía: todo río recupera su cauce”.

En los años 70 los ríos se embaularon. Los gobiernos de esas décadas convirtieron el río en una placa de concreto y con eso sellaron “el acto más antiecológico de nuestra historia urbana”, sentencia. Pero tras un dato tan duro también pone sobre la mesa una idea que a cualquiera conmovería: “esas mismas quebradas que bajan del Waraira Repano y atraviesan la ciudad podrían convertirse en parques lineales, en corredores verdes que conecten el centro con la montaña. Cada quebrada, un parque. Cada río, una lección de humildad”, un sueño de todo caraqueño.

Embaulamiento de la quebrada Caroata, hacia 1942
Los inicios del desastre: mapa de quebradas y cloacas de Caracas (1920)

La sombra como política de salud pública

Hay una imagen que el ministro critica con insistencia: la del edificio que, en pleno trópico, se empeña en ser un invernadero. “Importamos modelos del norte que allá funcionan para calentar, pero aquí solo generan más calor y más consumo eléctrico”. Su crítica al concretocentrismo —que define como esa fe ciega en el cemento— es implacable, pero aclara que no se trata de satanizar el concreto, sino de entender, literalmente, dónde estamos parados.

Pero en Maracaibo nace una alternativa de manos de una ordenanza que crea el Instituto del Ambiente, impulsa la arborización y diseña un sistema de espacios públicos conectados por corredores verdes. “Una plaza que se conecta con otra bajo la sombra de los árboles”. Esta es una expresión de lo que Chávez definía como ecosocialismo, pero que ha sido desoída en algunos casos, y que, según los datos de los últimos informes sobre el clima, iniciativas así, podrían estar llegando tarde para la humanidad.

Quebrada Quintero

El Niño y la crisis climática

El programa no esquiva la urgencia. Con 2,4 grados Celsius por encima de lo normal y la perspectiva de superar los 3 grados, el fenómeno de El Niño se perfila como el más severo de la historia. Se temen lluvias torrenciales, movimientos aluvionales y calor extremo.

Entender el ciclo es clave y el objetivo del espacio no es sembrar el miedo, sino dejar claro que la naturaleza no es una enemiga, sino el lugar que acobija. Cada capítulo de este podcast intentará aportar en el relato que es desplazado cuando hacemos scroll en el celular o cuando cambiamos de canal de manera indiscriminada: el problema no es el clima, es el sistema.

Este podcast, dirigido por un maracucho, ahora capitalino, es itinerante. Cada episodio se realizará en un lugar diferente y se transmitirá desde las cuentas de YouTube, TikTok, Instagram y Facebook como @ecociudad. “Bienvenidas las críticas, sobre todo si vienen con propuestas”, dijo José López para cerrar el primer episodio. Porque de eso se trata: de construir una ciudad que no le dé la espalda a su montaña y que entienda que el ecosocialismo no es una utopía, sino una forma de habitar el mundo con respeto.

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