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Irán, Israel y la locura nuclear

por Eliecer Centeno
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Durante la madrugada del pasado sábado 13 de abril la República Islámica de Irán lanzó un ataque aéreo al territorio israelí con más de 300 drones y misiles. Fue la respuesta al bombardeo perpetrado el primero de abril por el Estado Sionista de Israel contra el edificio del consulado iraní en el barrio de Mazeh de Damasco, el cual se saldó con 11 víctimas fatales, entre ellos siete miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), que incluyen al General Mohammed Reza Zahedi. Cuando se escriben estas líneas, nos encontramos a la espera de una posible contraofensiva Israelí que desencadene una escalada del conflicto.

Algunas voces ya han pronosticado que dicha escalada podría originar una guerra regional de consecuencias imprevisibles, que incluyen una posible guerra nuclear.

¿Cuáles serían las consecuencias ambientales de una guerra nuclear?

Más allá de las películas apocalípticas a las cuales nos ha acostumbrado Hollywood a través de sus producciones, existen estudios científicos muy serios que han proyectado esta situación e incorporado variables como la potencia de las bombas, los países involucrados y la ubicación del conflicto, entre otros.

Una herramienta on line que nos permite tener una referencia para abordar este tema es Nukemap.

Este portal web nos faculta para “detonar” una bomba nuclear en cualquier lugar del planeta. Para esto la aplicación cuenta con comandos como seleccionar el tipo de bomba, la altura a la cual ocurre la explosión, y el lugar en el mapa. Así mismo permite ver gráficamente los efectos en toda la zona.

Como ejemplo, modelaremos un ataque nuclear “pequeño” de 20 kilotones (kt, equivalente a 20.000 kilos de TNT) como el realizado por Estados Unidos en la ciudad japonesa de Nagasaki el 9 de Agosto de 1945 que ocasionó más de 80.000 muertes y un número mayor de heridos y enfermos graves por la radiación.

Utilizamos un lugar conocido como referencia, Caracas. En este caso el portal arroja que en cualquier período de 24 horas, hay un promedio de 1.241.120 personas en el rango de explosión ligera (1 psi), es decir, que aún tiene la fuerza de romper los vidrios de una ventana. El rango o radio máximo que alcanzan estos efectos son 4,59  kilómetros medidos desde el centro de Caracas, y pueden llegar hasta El Valle, el Mercado de Catia, Bello Monte o arriba del Waraira Repano hasta los Venados o San Chorquiz.

Para este escenario, las muertes estimadas son 210.980 y las lesiones graves afectan a 388.590 personas. La zona radioactiva ocupa el 23 de Enero, La pastora, Quinta Crespo y la Candelaria, o sea una superficie de 5,42  km². Los pocos sobrevivientes que se encuentren en esta área, reciben dosis de radiación ionizante de 500 rem, lo que es probablemente fatal, en aproximadamente 1 mes. Igualmente, el portal arroja que “el 15% de los supervivientes acabarán muriendo de cáncer como resultado de la exposición”.

En este punto es conveniente recordar que para este modelo se utilizó una bomba “pequeña”. Actualmente las ojivas en los arsenales nucleares rusos y estadounidense poseen potencias que van entre 5 a 15 veces la bomba de Nagasaki (100-300 kt) para el armamento táctico y de 40 a 60 veces (800 – 1200 kt) para las ojivas estratégicas. Dicho sea de paso que este último tipo de bombas requiere una nueva escala para medir su potencia, mientras las menores miden su capacidad destructiva en kilotones (miles de toneladas de TNT), en las estratégicas se calculan en megatones (millones de toneladas de TNT). A los curiosos les recomiendo que vayan al portal y elijan alguna de ellas para “detonar”.    

Ahora bien, algunos laboratorios dedicados a modelar escenarios relacionados con las consecuencias del cambio climático, han utilizado sus recursos informáticos para pronosticar las consecuencias de una hipotética guerra nuclear. Los primeros resultados fueron publicados en la década de 1980 en la Unión Soviética y Estados Unidos. Posteriormente dichos resultados dieron origen a actualizaciones en función a los escenarios más modernos, y entre ellos podemos citar: “El invierno nuclear revisado con un modelo climático moderno y los arsenales nucleares actuales: consecuencias aún catastróficas” publicado en julio del 2007, en Journal of Geophysical Research Atmospheres.

También “Impactos de una guerra nuclear en el sur de Asia en la producción de arroz en China continental” de la investigadora chiva Lili Xia y el estadounidense Alan Robock, publicado en 2013.

Para ahondar en las cifras de estos estudios los invito a leer también “El genocidio de Palestina y cómo puede iniciar el fin de la humanidad”.

Allí hacemos una revisión detallada de las consecuencias de una guerra nuclear regional entre India y Pakistán con una liberación de 5 millones de toneladas de hollín en la troposfera superior. Por ejemplo, el modelo predice que en un par de meses la temperatura promedio mundial disminuya entre 1,25 a 2,00 grados centígrados, la caída de temperatura sería mayor en algunas regiones, y las lluvias se reducirían en un 10% a escala global. Ahora, el día de hoy, como consecuencia de la locura sionista y la impunidad con que ha actuado el Estado de Israel, que ha obligado la actuación directa de una potencia militar regional como Irán, estamos más cerca de una confrontación a gran escala que pueda implicar el uso de armas nucleares. Un escenario del que ya alertamos en la citada edición del 25/11/2023.

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