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Reciclaje y metalurgia en Ciudad Caribia

Jhonny Galíndez decidió hacer varios prototipos de cocinas y un aparato con el cual se pueden producir 15 kilos de aluminio reciclado al día en forma de lingotes, utilizando materiales de reciclaje y poniendo en práctica sus conocimientos como maestro herrero

por Alejandro Silva Guevara
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Alejandro Silva Guevara / Fotos Yorwuel Parada

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Se inspiró en unas máquinas que vio por internet hace poco más de cuatro meses y decidió que era posible reproducir un sistema que podría solucionar varios problemas a la vez. Por ejemplo, la total eliminación, de forma bastante segura, de los desechos oleaginosos restantes de las frituras cotidianas y el pastoso líquido negro que sacan de los motores de vehículos de todo tipo (carros, camiones, motos, busetas, etc.). Estos residuos por lo general van a parar en los sistemas de aguas servidas, y por ende a los ríos para luego terminar en el mar, o es vertido en la tierra, aniquilando cualquier posibilidad de que esta pueda producir aunque sea monte.

El tema se presta para una buena discusión porque es harto conocido que utilizar aceites de desecho como combustibles también genera contaminación ambiental, en este caso del aire, y que estos resultan altamente peligrosos a la hora de utilizarlos para cocinar alimentos. Sin embargo, la técnica que utiliza Jhonny minimiza estos riesgos hasta darles rango de seguridad ecológica y alimentaria aceptables. Los prototipos fueron creados precisamente para aportar soluciones concretas cuando hay dificultad para acceder al gas doméstico y la electricidad. “Esto no lo hago por necesidad sino como una alternativa, sobre todo para la gente del interior del país”, afirma.

Jhonny Galindez dio clases en el INCES (Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista), institución que reconoció sus capacidades como herrero especialista. Su experiencia hizo posible concretar sus innovaciones, de manera que después de buscar información específica sobre cómo reproducir estufas que ya son utilizadas en países como Rusia, China y Vietnam, entre otros, desarrolló tres prototipos de cocinas con tuberías interconectadas. Estas requieren de un soplador que funciona con 12 voltios y que cumple la función de un soplete. El aire a presión se une en un punto del sistema con otro tubo que conduce el aceite quemado al lugar destinado para el fuego, que es encendido previamente con pedazos pequeños de papel remojados con el mismo combustible, y que se consumen rápidamente. Cuando el poco humo que se genera de la combustión intenta salir, retorna por otro tubo y se encuentra con una manguera fina que lo devuelve al sistema. Esto hace que se eliminen los contaminantes casi por completo, por lo cíclico del proceso.

El soplador, en los casos de las zonas en las que las regulaciones eléctricas ocurren con cierta regularidad, puede conectarse a una fuente de poder (también conocidas como power bank) que tienen una duración de carga de cuatro horas, lo que les da a estos prototipos de cocinas su característica de portables. Lógicamente, la duración del fuego en cada una de las cocinas varía según su tamaño: la más pequeña puede durar, con una carga de aceite de unos trescientos mililitros, una hora y media de fuego constante; la que le sigue en tamaño puede durar de dos horas y media a tres; y la grande, parecida a una parrillera, tiene una duración de más de cuatro horas.

Si bien el aceite de motor podría resultar un poco más difícil de eliminar sin que deje rastros peligrosos, este sistema lo logra con bastante éxito. Con respecto a los restos usados de aceite comestible ultraprocesado, que también es un contaminante, estos resultan más fáciles de eliminar por sus características químicas. Para obtener estos aceites Jhonny se ha dedicado a hacer una campaña en la que les solicita a los vecinos de Ciudad Caribia, sector en el que trabaja, que no boten el aceite por los desagües o en la tierra, sino que se lo lleven para él poder usarlos.

La intención es crear conciencia y que la gente deje de botar esos aceites de desecho por ahí, porque eso pudre la tierra, el agua… fíjate que el aceite comestible usado tapa el 80% de las cañerías de las casas, y cuando el resto llega al mar, tarda de 20 a 25 años en disolverse (…) con este sistema ayudaríamos a la gente y aprenderían a reciclar, crearían la costumbre de hacerlo.

Lingotes de aluminio

Bajo el mismo principio, y con el mismo impulso, Jhonny creó una fundidora de aluminio. Para esto construyó una máquina que tiene el mismo sistema de tubo, con unas llaves que regulan tanto el pase de aire del soplador como el suministro de las cantidades de aceite quemado que se requieren para lograr una llama constante. Esta debe alcanzar entre 500 y 660 grados centígrados para fundir aluminio en un crisol de hierro. Luego inserta el material en una especie de cucharón cuadrado con unas convenientes agarraderas, en el que puede fundirse casi un kilo de aluminio; cuando ya está derretido, se le debe retirar la escoria para luego ser vertido en un molde de unos 400 a 500 gramos aproximadamente. El resultado es un lingote de aluminio listo para ser comercializado a empresas que trabajan con este mineral.

La fundidora se debe encender y dejar que llegue a la temperatura correcta. Cuando se introduce el aluminio, y dependiendo de su densidad, el proceso de pasar de estado sólido a líquido varía entre veinte a cuarenta minutos, pero una vez ocurrida la transformación, cualquier pedazo de aluminio que se introduzca en el líquido se derrite en segundos.

La idea de crear este prototipo también intenta ser de ayuda para quienes recopilan latas y otras fuentes de este material procesado. Ciudad Caribia es una zona bastante grande y muy habitada, y quienes se dedican a esto tienen que juntar el material en grandes cantidades y llevarlos a los lugares en Caracas en donde lo reciben como mercancía. La idea es que todo este material de desecho (los aceites) y reutilizable (el aluminio) pueda convertirse en una solución ecológica que genere ingresos para los involucrados.

La idea con la fundidora es crear un aparato grande, porque este es apenas el prototipo, para procesar grandes volúmenes de aluminio que sean en barras largas o en lingotes. Esto haría más fácil movilizar el aluminio y también generaría empleos.

Jhonny nació el 5 de octubre de 1974 en Caracas y se crio en el 23 de enero. Su mamá, Belkis Galíndez, trajo a esta ciudad a nueve hijos, de los cuales solo él y su hermano Yonaiker se dedicaron a la herrería. Jhonny también tiene conocimientos de electrónica, mecánica y otros oficios útiles. Siempre ha mostrado inclinación por la inventadera, y entre sus creaciones, esta vez en el área artística, ha hecho robots y una moto a escala con materiales de reciclaje moldeados con herramientas convencionales y soldadura. También escribió cinco libros de contenido motivacional aún inéditos, y es el dueño de la única ferretería-cerrajería de Ciudad Caribia, comunidad donde vive desde hace poco más de tres años con su esposa y sus dos hijos: una hembra y un varón.

Jhonny cuenta, entre la emoción y la tristeza, que un comerciante de Colombia lo llamó para proponerle que hiciera una fundidora grande, industrial, para procesar toneladas de aluminio; afirma que lo está pensando porque siente que debería poder realizar esa empresa aquí, en su país, como una manera de aportar soluciones viables y de costos bajos que sumen al mejoramiento de los procesos productivos nacionales.

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Escritor y editor

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