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Como la vida misma | Motores verdes de la maravilla natural

por Teresa Ovalles
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Éder Peña

Ninguna pesadilla es peor que la de un mundo sin verde, para quienes vivimos en zonas tropicales el color de la mayoría de las hojas nos acompaña y, si estamos atentos, también nos alimenta. Las hojas son universos verdes…

Las leyendas incaicas cuentan que el Dios Sol creó la coca para hartar la sed, matar el hambre y hacer que los seres humanos se olvidaran del cansancio. Los Aimaras, cuya civilización se expandió en la región del lago Titicaca antes de la llegada de los Incas, le dieron su nombre de khoka, que significa “el árbol por excelencia”.

Su hoja es estimulante y altamente nutritiva. Es utilizada desde hace más de 5 mil años por las civilizaciones precolombinas y han jugado un rol importante en sus creencias, costumbres y conocimientos. Insertos en una cosmovisión originaria, se mantiene su presencia en cada actividad pública o doméstica dentro de la comunidad. Parte de la hoja es motivo de la fracasada guerra contra las drogas porque en los países destino no logran regular el consumo.

El color verde de las hojas se debe a la presencia de clorofilas, biomoléculas contenidas en cloroplastos dentro de las células vegetales. Son fundamentales en la fotosíntesis, proceso en el que, absorbiendo luz solar, las plantas y algas producen energía química. La materia inorgánica, como el dióxido de carbono (CO2), más agua y sales minerales, se convierten en materia orgánica como azúcares, almidones y proteínas.

Como las plantas también respiran, en las hojas ocurre también el intercambio gaseoso facilitado por conjuntos de células llamadas estomas, por ellas ocurre también la transpiración, que es la perdida de agua, normalmente en modo de vapor. Dentro de cada célula ocurre la respiración celular, cadena de reacciones químicas en la que, con ayuda del oxígeno, las moléculas orgánicas vuelven a convertirse en moléculas inorgánicas (CO2 y agua), y la energía que se libera es tomada por la planta para realizar sus actividades vitales.

No están solo para adornar las comidas o patios, deberíamos consumir entre un 30% y un 35% de verdura de hoja en cada comida, algunas de ellas cocidas o fermentadas, otras crudas. Aportan fibra, vital para el tránsito intestinal, disminuyen la absorción tanto de azúcares como de grasas y eliminan sustancias nocivas como el colesterol.

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Son una fuente rica en sustancias capaces de depurar y oxigenar la sangre, mejorar la producción de glóbulos rojos, normalizar la presión arterial, favorecer la regeneración celular, aliviar las úlceras gástricas o desintoxicar el organismo.

Además de hortalizas de alta necesidad de mantenimiento como berro, lechuga, rúcula, espinacas o acelgas también las hojas de yuca, auyama, pira, batata y frijoles pueden ser procesadas y consumidas en harinas o fermentos que complementen el arroz, arepas o guisos. Para más información se puede visitar: https://bit.ly/3txuThj

Mediante huertos escolares, caseros o comunitarios se podría asegurar la producción y distribución de alimentos de hojas que enriquezcan la nutrición y salud de las familias.

Nuestra dieta es alta en almidones con pocas vitaminas, además, algunas bebidas como las gaseosas o alcohólicas tienden a hacernos perder minerales, por lo que no está de más una mayor presencia de verduras de hoja para compensar esas pérdidas.

Algunos batidos verdes de célery (apio España), cilantro, espinacas, perejil o llantén acompañados de piña, mango, cambur, naranja son considerados desintoxicantes y permiten desinflamar el tracto digestivo.

Infusiones de hojas de guayaba, diente de león y menta tienen también propiedades medicinales que se pueden investigar, son parte de muchos rituales de encuentro y reflexión.

La hoja del bledo, yerba Caracas o pira (Amaranthus) es un oxigenante cerebral y fuente de calcio que ayuda a contrarrestar la fatiga, el cansancio y el estrés, es resistente a pesticidas y herbicidas, algunas especies de este género resisten al maíz transgénico que elimina todas las hierbas que crecen a su alrededor, al punto de ser un reto extremo para Bayer-Monsanto.

Son motores de la maravilla natural, las hojas nos dicen en secreto y a toda voz que seguimos teniendo esperanzas de un mundo mejor, son el libro que nos revela lo que debemos ser y hacer para lograrlo, son la luz que se hace presencia, como la vida misma.

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