Hace sólo pocos días el pueblo venezolano recibió una noticia bastante impactante en el ámbito de la ecología, ya que nuestro país pasó a ser la primera nación del mundo ubicada en la cordillera de los Andes en perder sus glaciares durante la época moderna. Con la drástica reducción del glaciar del Pico Humboldt, conocido también por el nombre de “La Corona”, que pasó a ser catalogado como un campo de hielo de sólo 2 hectáreas de extensión, se abre la puerta a una serie de consecuencias como la colonización del nuevo suelo descubierto por especies de menores pisos térmicos, el cambio en el microclima montano hacia temperaturas más altas y la pérdida del caudal de los ríos que nacen desde la alta montaña.
Sin embargo, esta situación tiene antecedentes recientes que vale la pena recordar. En la década de 1950 los imponentes glaciares de nuestras 5 Águilas Blancas, como son conocidos los 5 picos más altos de nuestro país, fueron el telón de fondo para la realización de eventos de esquí, tal era la magnitud del hielo de nuestra Sierra Nevada.
Para el año 2008 se hizo público que en un periodo de 13 años los glaciares venezolanos podrían desaparecer. Esta estimación se derivó de datos y proyecciones compilados por la Facultad de Ciencias Forestales y Ambientales de la Universidad de los Andes y el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). De acuerdo con dicho estudio, en 30 años la superficie de glaciares de Venezuela pasó de 136,8 hectáreas a sólo 43,1 hectáreas, lo que significa un retroceso del 70% en las nieves eternas venezolanas desde 1978. Un dato vital también publicado es que para ese momento se calculó una esperanza de vida del glaciar entre 12 a 13 años, o sea, 2020 0 2021. La pesadilla nos alcanzó.

Desde el anuncio de dicha proyección han pasado 16 años. En este periodo de tiempo el casquete de hielo remanente pasó de 43,1 a 2 hectáreas, es decir una reducción del 95,36%. En este punto esas 2 hectáreas poseen la categoría de un campo de hielo, es decir, ya no es un glaciar y la vida del escaso hielo sólo durará 2 o 3 años más.
A pesar de que el gobierno nacional intentó a través de la colocación de mantas térmicas extender la vida de las nieves de La Corona, los esfuerzos fueron infructuosos y ahora queda tomar medidas adicionales para proteger el delicado ecosistema andino, que depende del agua del deshielo para su subsistencia.
Las perspectivas tampoco son halagadoras en materia de conservación de glaciares a nivel mundial y otra noticia se sumó recientemente al cúmulo de desventuras.
El diario The Guardian hizo pública una encuesta exclusiva que realizó entre los principales científicos climáticos del globo, todos participantes del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC), y casi el 80% de los consultados concluyen que no se alcanzarán los objetivos del Acuerdo de París y el calentamiento global se situará en por lo menos 2,5°C por encima de los niveles preindustriales para 2100. Sólo el 6% se mostró optimista en torno a no sobrepasar el límite de 1,5°C acordado en 2015. Las consecuencias de un incremento de temperaturas de este orden serán hambrunas, conflictos, migraciones masivas y pérdida de ecosistemas, entre estos varios glaciares.
El climatólogo e historiador del tiempo Maximiliano Herrera también declaró para The Guardian que los próximos países en perder sus glaciares serían Indonesia, México y Eslovenia. A pesar de que a escala global el calentamiento atmosférico avanza sin freno aparente, existen iniciativas locales innovadoras que buscan contribuir con la conservación de recursos como los glaciares. Un ejemplo de estos pioneros climático se da en el estado de Kirguistán, en Asia Central.
En marzo del 2024 se hizo público que ganaderos del macizo Tian Shan lograron la creación de glaciares artificiales para hacer frente a la sequía, tener agua en el verano para el riego y la cría de ovejas, e igualmente mitigar la pérdida de los glaciares de la región que es azotada por largos periodos de escasas precipitaciones y altas temperaturas. Toda la población de estas colinas trabajó colectivamente durante 2 semanas del otoño pasado para desviar un arroyo que nace a unos 4000 metros de altura en la montaña. La reserva de hielo formada gracias a su inventiva mide unos 20 metros de largo por 5 de altura y durante el invierno alcanzó hasta unos 12 metros de profundidad.
Experiencias innovadoras como la de los ganaderos Kirguizos nos quedan como ejemplos de la perseverancia humana y la búsqueda de soluciones ante panoramas cada vez más difíciles de afrontar en una de las aristas de la actual crisis civilizatoria, como lo son los cambios climáticos que aquejan a los pueblos del mundo. Sin embargo, sin un cambio profundo en el modelo de sociedad orientada al consumo en el que actualmente vivimos, estos esfuerzos no serán suficientes para garantizar nuestra supervivencia futura.

