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La arepa de taparle la boca a mayo

No es una receta más sino un objeto-momento ritual asociado a la lluvia y la agricultura. En el catálogo de la arepa como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad figura este símbolo de la trujillanidad

por Zuleyma González
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Zuleyma González / Fotos Víctor Daniel Gil

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La arepa de maíz se sigue elaborando en tierras trujillanas, en algunos hogares se mantiene el hábito de sancochar o pelar el grano con ceniza o cal. También puede sancocharse para aprovechar la fibra, se muele y se amasa con poca agua. Vale recordar que el maíz se vistió de resistencia durante los años 2016, 2017 y 2018, cuando los tentáculos de las sanciones tocaron el consumo alimentario del pueblo venezolano.

En el estado Trujillo la arepa figura, además, en una tradición muy particular: se inicia el mes de mayo con la elaboración familiar de una arepa que tiene un tamaño bien peculiar. En los Andes se hacen normalmente grandes, en comparación a otras partes del país. Sin embargo el diámetro de la Arepa de Mayo es aún mucho mayor, sus dimensiones varían desde quince a treinta centímetros dependiendo del tamaño del budare. Puede cocinarse en la hornilla de la cocina o directamente en fogón. Lo cierto es que el primero de mayo, al menos en los pueblos de Boconó y Carache, la gente hace la Arepa de Mayo, tradición gastronómica con posibles raíces ancestrales indígenas .

Al respecto, la señora Ana Berríos, de 74 años y oriunda de Tostós, cuenta que en su niñez sus padres y abuelos asistían al convite, se reunían donde la tía Isabel, madrina Betzabé o la tía Escolástica según le correspondiera ese año. Los invitados llevaban en sus cataures (cestas o recipientes de fibra vegetal) cuajadas envueltas en hojas de plátano, huevos criollos, chicharrones, manteca, caraotas, entre otras ofrendas para el relleno del compartir familiar. La elaboración como tal de la Arepa de Mayo era tarea de la anfitriona de la casa, que las hacía sobre una losa o budare de arcilla sobre el fogón. Si algo hay en Tostós es bastante arcilla, además de un sabroso clima frío. No resulta extraño que los peroles hayan sido de barro.

Cataures. Foto Zuleyma González

«La arepa era del tamaño del tiesto o losa» afirma Ana, “se picaban en muchos pedazos, cada quien la rellenaba con lo que había y con una de esas arepas comían de cinco a ocho personas. Los presentes improvisaban coplas y cantos antes o después de la comedera, eso era un ritual familiar muy bonito».

El mes de mayo es un mes que llueve mucho en Boconó, históricamente han ocurrido derrumbes e inundaciones por estas fechas. Los estudiosos del clima lo llaman “fenómeno de retorno” y el común popular ancestral lo reconoce en la sabia prevención. Era indispensable garantizar la comida para los animales de la casa (caballos, reses y animales del corral): “se guardaba en una parte la de los animales, y la de humanos en otra, habían unas trojas donde se guardaba el maíz y los granos, porque venían las lluvias, tocaba proteger las cosechas”.

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De ahí el dicho popular «Guarde pan pa’ mayo y pasto pa’ su caballo».

La parranda familiar era de tres días porque el primero era la Arepa de Mayo, el dos se vestía la Cruz que estaba en el camino real, y el tres se hacía el rezo para que no vinieran las lluvias. Ya en abril se había recogido las cosechas de ciclo corto sembradas en diciembre.

La tradición gastronómica se mantiene actualmente en muchos hogares de Trujillo, tal como lo cuenta Lisbeth Coromoto González la Cruz, nacida por los años 60, en Tostós, y quien actualmente mantiene la tradición familiar de elaborar la Arepa de Mayo.

Cuando ejerció como maestra de Tatuy (una escuela que queda a una hora de distancia caminando montaña adentro durante más de 3 km desde San José de Tostós, ladeando por caminos reales y pintorescas quebradas). Afirma que fue en Tatuy donde aprendió de cabañuelas, y es precisamente en su labor pedagógica donde coincide con la Arepa de Mayo.

Cuenta que el ritual consiste en hacer la arepa lo más grande que permita el budare de la casa, decorar y servir con todo lo que haya en ese momento en la despensa o nevera de la casa. Tiene sus creencias y fomenta la parte espiritual. Así como se dice en esas montañas “San Isidro Labrador, quita el agua y pon el sol”, se habla también de “taparle la boca a mayo”, porque es un mes de muchas lluvias y la gente lo que quiere es pedir por que se den las cosechas y que no falte el alimento en la casa.

La arepa se comparte entre visitantes, familiares y amigos, para que haya abundancia. Se pide por las cosechas en el campo para que no falte el alimento en todo el año. Por ello, afirma Lisbeth, uno de los propósitos de la Arepa de Mayo es el compartir, y lo básico es “taparle la boca a mayo” porque vienen muchos meses de lluvia y se arriesgan las cosechas.

La arepa deben bailarla los presentes por toda la casa como ritual de protección y abundancia, dice Lisbeth, porque “el ritual es compartir y decretar con arepa en manos que en ésta casa habrá abundancia y nunca habrá hambre y ese es verdadero secreto para que no falten los alimentos: dar y compartir con los demás”.

En el estado Trujillo se mantiene esta tradición de generación en generación de la mano de la noble campesina que construye con sus manos desde su tierra, la protección decretada con versos de abundancia para las cosechas de su conuco familiar y el de las familias venezolanas que dependen de la producción agrícola andina.

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