Foto de portada: Alfredo Maneiro. Cortesía familia Maneiro
Teresa Ovalles Márquez
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Rescatar la residencia Nirvana, en San Agustín del Norte, es parte del proyecto para revivir la Casa del Agua Mansa, centro cultural que fundó Alfredo Maneiro en 1973 para el debate entre artistas, escritores y científicos acerca de la política y sus aportes al proceso revolucionario. Allí creció y se formó Maneiro: filósofo, docente, político y luchador social que dejó huella en la historia contemporánea de Venezuela.
Hijo de Ana Leticia González, mujer irreverente para su época, poeta y escritora conocida con el seudónimo de Margarita Rubio; y de Manuel Plácido Maneiro, descendiente de los próceres de la Independencia Manuel y José Joaquín Maneiro. Su hermana Rocío y sus hermanos Manuel y Fernando habitaron la casa desde 1933 y le dieron vida hasta los años 80.
Nirvana es una morada centenaria. “Era tan bella aquella urbanización de mansiones de estilo neomorisco que las muchachas y los muchachos de la época iban a entretenerse, a comer helados y a enamorarse entre sus sendas”, nos refiere Alejandro Pérez, antropólogo y funcionario de Fundapatrimonio.
Esa Caracas de inicios del siglo XX “registra un proceso de transformación profunda porque la ciudad pasó de ser una urbe casi pueblerina a una metrópoli moderna, impulsada por el auge de la explotación petrolera. Este desarrollo estuvo marcado por la ruptura del esquema tradicional de ‘damero’ del centro histórico y la expansión hacia nuevas urbanizaciones como San Agustín y El Conde”, precisa Alejandro Pérez.

Nirvana y los Maneiro
Hubo dos contextos históricos durante el proceso de demolición del sector norte de la urbanización El Conde. El primero fue en la década de los cuarenta por la construcción de la avenida Bolívar, y el segundo en los sesenta, para levantar un enorme complejo habitacional y comercial, Parque Central, según explica Agapito Hernández, cronista de San Agustín y director del Centro de Investigación y Documentación de Historia Local «Alejandro Hernández», institución que lleva el nombre de su padre.
La casa Nirvana está registrada en el Primer Censo 2004-2006 del Instituto de Patrimonio Cultural de la Alcaldía de Caracas como bien patrimonial de San Agustín del Norte, parroquia que está por cumplir 100 años.
La hermana menor de Alfredo, Rocío, es diplomática de carrera. Le correspondió establecer vínculos y acuerdos con China durante el Gobierno del presidente Chávez. Ahora se encuentra cumpliendo funciones en La Haya. Recuerda que Nirvana era una casa en donde siempre había mucha bulla. Figuras públicas de relevancia. Intelectuales y políticos como Andrés Eloy Blanco frecuentaban aquel recinto.
La embajadora evoca con alegría sus paseos en patines y bicicletas por aquellas calles hermosas que en las tardes se llenaban de niñas y niños divirtiéndose al aire libre.
El primer y único hijo varón de Alfredo Maneiro, a quien su padre le escribió “Un cuento para Manuel”, es el vivo retrato de su padre. Es geógrafo y actualmente regenta, junto con su esposa Yolimar, la Galería Subterránea de Arte, en el 23 de Enero.

Allí recuerdo a Ana Leticia González, apegada a su cultura tachirense, estricta y tal vez un poco autoritaria. Para ella los niños no debían interrumpir a los adultos y se comía en la cocina, para no molestar en el mundo adulto, actitud que siempre me dio cierto temor de ella pues con mi mamá el ambiente era totalmente distinto. El abuelo era un señor grande, amable y bonachón. Manuel Plácido Maneiro, con raíces margariteñas, siempre vestido con elegancia. La abuela (…) me llevó a una escuela granja y quería que yo me formara allí, donde estudiaron los hermanos de mi padre.
La casa Nirvana posee la connotación mística relacionada con un espacio físico-mental. Es interesante si pensamos en toda la energía que se queda en los espacios, en las paredes, en los pisos. Los eventos, las personas con sus historias particulares revolotean y se hacen presentes cuando se tocan con el recuerdo. Este ejercicio me permite realizar un viaje con un reencuentro con personas y momentos que se alojan en mi memoria y su presencia es tan real como lo que consideramos lo físico material. Sería interesante percibir la energía esparcida en las paredes, en los pisos, ventanas y puertas, cuántas historias y dramas nos contarían….




Ana Maneiro es periodista. Trabajó en Centroamérica con el Frente Internacional Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Tras su regreso a Venezuela en 2010 se desempeñó en el área de Comunicación del Ministerio de Energía Eléctrica, durante la gestión de Alí Rodríguez Araque. Actualmente labora en el Correo del Orinoco.
Buscó en su memoria los recuerdos de la infancia en aquella casa y alcanzó, en el denso espacio que habita, álbumes, libros y revistas que registran la cercanía de su padre con figuras como el poeta Gustavo Pereira, José Agustín Silva Michelena, Juan Pedro Posani, Carlos Noguera, Agustín Blanco Muñoz, Carlos Rangel, Alfredo Armas Alfonzo, Carlos Hernández Guerra, Gloria Martín, Armando José Sequera, María Fernanda Palacios, César Rengifo, Pedro Duno, Juan Carlos Núñez, Iván Loscher, Héctor Mujica, entre otros, que fueron convocados en 1978 a colaborar en la primera edición monográfica de la revista La Letra R.

Rememora:
Una vez que entrábamos a la casa con sus techos altos e iluminada, nos encontrábamos en otro espacio, fuera del bullicio de la avenida Lecuna. La casa tiene puertas altas y un pasillo de entrada a la sala, que era amplia. Era el mundo de la “Abuela de El Conde” donde el punto central era la cocina (…), lugar donde reside parte de la felicidad de un hogar, quedaba al fondo y era donde nos reuníamos mientras se preparaban los aliños. Ahí se daban las conversas, los cuentos, en medio de risas… era lo mejor de la casa.
Había una escalera a un costado de la cocina, que iba a la planta de arriba y allá había un cuarto que era del tío Fernando. También un sitio especial, porque aparte del cuarto, esa segunda planta no tenía techo y entonces estabas con el cielo sobre la cabeza. Uno estaba en las alturas y, de niña, eso era emocionante. La casa era como una fortaleza.
La hija menor del fundador de la Causa R, Mariana, estudió ingeniería en sistemas, trabajó en proyectos satelitales y obtuvo un doctorado en China. Posteriormente, dio un giro para dedicarse a la psicoterapia y a la psicología, y trabaja además en proyectos feministas y colectivos dedicados a los derechos de las mujeres.

Recuerdo los espacios grandes, la sensación de que respiraban holgadamente. De mi parte, el no entender de qué iba esa cotidianidad de tiempos distendidos, acompasados con la casa. Yo era curiosa y esos espacios iluminados, así como los cuartos oscuros del fondo y de la azotea con recovecos y cachivaches, eran un acertijo.
Los cuadros de Claudio Perna, colgados en la sala luminosa, en los que los personajes y siluetas estaban delineados con palabras, eran ilegibles. El trazo las encriptaba, se asentaba el asombro de que las personas y paisajes de esos cuadros, sus bordes eran palabras, aunque el significado de ellas se escapara.
Algo placentero y que disfrutaba eran los sabores de los platillos que se preparaban al fondo, en la cocina. Te llamaban a comer, y te sentaban en la mesa frente a la ventana que daba al patio del fondo, con la radio prendida. Los bisteces encebollados con arroz y tajadas. O la carne mechada con arroz, tajadas y caraotas. Las arepas con perico o atún en las mañanas. Los jugos, el asado negro, en fin, los sabores y los olores que despedían, me hacían muy feliz.
Agua Mansa y proyecto político
Nirvana se encuentra desmejorada. Ana Maneiro comenzó los trabajos para su recuperación administrativa. Busca en los archivos del Catastro de la Alcaldía de Caracas a sus actuales dueños para incorporarlos al proyecto de refundación de la Casa del Agua Mansa.
David Paravisini, ingeniero egresado de la UCV, participó con Alfredo Maneiro en aquel sueño que funcionaba en la urbanización Maripérez, en la cuarta transversal, detrás de la Hermandad Gallega. Refiere que aquel “fue un espacio político y cultural que se mantuvo activo aproximadamente cuatro años, y cerró sus puertas en 1982, con la desaparición física de Maneiro.
El nombre de la casa fue tomado de un poema de Bertolt Brecht, que en uno de sus versos decía: «el agua mansa, en movimiento, triunfa contra la dura roca», idea que contenía la estrategia de persistencia del movimiento.
Las actividades de La Casa del Agua Mansa estaban orientadas a conectar el movimiento de la Causa R con los sectores intelectuales, universitarios y científicos del país. Lo que Alfredo Maneiro llamó “la quinta pata” de su proyecto político.
Refundar la Casa del Agua Mansa en la Nirvana busca mantener la vigencia y proyección del pensamiento y obra de Alfredo Maneiro, un venezolano honesto, sensible, y esencialmente creador, y con ello cumplir con el compromiso de conciencia en un país que se resiste a la desmemoria.


2 comentarios
Mi querida Teresita. Tu escrito está muy bien narrado. Tanto que uno de los lugares, al que iré, cuando visite mi Caracas amada, será ese que nos describes con tanto realismo. Abrazos y felicitaciones.
Te llevaré Carmencia. Quiera Dios y El Universo que pronto se inicien los trabajos para convertirla en la Casa del Agua Mansa del siglo XX caraqueño.