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Desde Maracaibo hasta las galaxias

De no poseer conocimiento sobre planetas, estrellas y galaxias, Miguel Vergel, un maracucho de 17 años, pasó a ser uno de los más destacados estudiantes y entusiastas de la astrofísica

por Alejandro Silva Guevara
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Alejandro Silva Guevara / Fotos Juan M. Reyes

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Recientemente tuvo una destacada participación en la International Astronomy and Astrophysics Competition (Competencia Internacional de Astronomía y Astrofísica), en la que obtuvo la distinción de Gold Honour, que se le otorga a aquellos participantes que muestran un desempeño de excelencia.

Hasta la fecha ha obtenido varias distinciones, como la medalla de bronce en la Olimpiada Mundial de Jóvenes Físicos, realizada en Indonesia, en la que sus compañeros obtuvieron, con participaciones en equipo, las medallas de oro, plata y bronce. También fue merecedor de la medalla de bronce en la Olimpiada Internacional Galaxy, organizada en el mismo país asiático.

El 2 de junio de 2026 asistió a la convocatoria realizada por la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán, y cumpliendo la promesa que se hizo, luego de haberle agarrado el hilo al asunto, logró el primer lugar con la puntuación perfecta de 100 puntos, junto a un compañero del estado Zulia, además de alcanzar siempre los primeros lugares en cada evento o convocatoria a los que ha sido invitado a participar.

Actualmente (2026) Miguel cursa quinto año de bachillerato, pero hace dos años (tenía 15 y cursaba tercer año) fue invitado a una jornada de observación organizada por la Facultad de Ciencia Experimental de La Universidad del Zulia, y por primera vez supo qué era y para qué servía un telescopio. Los organizadores de la actividad y el equipo de Fundacite (Fundación para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología) notaron que se desenvolvía en la actividad como pez en el agua, así que lo invitaron a participar en unas Olimpiadas de las que tampoco sabía nada. Pero no se dejó ganar por las dudas y a pesar de que lo pensó hasta el último día de la inscripción, finalmente decidió entrarle al asunto y comenzó la inducción para participar en la primera de las tres fases de la competición, que reunió a unos 40 adolescentes del estado. En esa ocasión quedó entre los primeros.

El mayor descubrimiento para Miguel no estaba en esa pequeña parte del universo que permite ser observada a través de telescopios, sino su cada vez más sólido interés en desentrañar la lógica que sostiene los astros en el firmamento. Luego de sus primeras experiencias en la observación estelar le pidió a su padre que le comprara un telescopio. Le compraron uno pequeño que satisfizo su primera necesidad de mantenerse observando las ahora más cercanas lucecitas celestiales.

Pero quería ver y saber más, así que cuando sus padres vieron que iba en serio, decidieron comprarle uno más grande. “Sin el apoyo de mi mamá y mi papá, nada de esto hubiera sido posible”, dice Miguel, quien también destaca el apoyo que le ha brindado el Ministerio para la Ciencia y Tecnología, a través del Semillero Científico.

En su primera participación, luego de haber clasificado en las tres fases iniciales, quedó en el décimo lugar de la preparación que recibió en el Observatorio Nacional Llano del Hato, adscrito a la fundación Centro de Investigaciones de Astronomía y Tecnología Aplicada “Francisco J. Duarte”, del estado Mérida. Esto no fue suficiente para que pudiera ir a Rusia, país en el que se realizaron la olimpiadas en 2025. Lejos de desanimarse, se prometió que este año sí lograría su participación, y va bien encaminado, porque ya ha pasado las fases preliminares obteniendo puntuaciones de cien sobre cien, posiciones que comparte con un compañero del Zulia y otro de Carabobo. Sin intenciones de ser solo un competidor más, Miguel asegura que ahora su destino está en la ciencia y en la búsqueda constante de ampliar sus conocimientos.

No sabía absolutamente nada de todo este conocimiento, pero ahora me veo como científico en astronomía, o en física. Por ahora quiero estudiar Ingeniería Mecánica, porque aquí en Venezuela no se estudia Ingeniería aeroespacial, y entre otras opciones, también me gustaría estudiar Astrofísica.

Su papá es funcionario policial del estado Zulia y su mamá es Instrumentista Quirúrgica. Ambos se han dedicado a hacer los esfuerzos necesarios para que Miguel pueda lograr seguir avanzando en el camino recién iniciado y lleno de logros que traen alegría a un país golpeado por la tragedia y las tristezas.

Estamos jóvenes y necesitamos buscar un norte, un futuro, para no estar perdidos en la vida. Le aconsejo a los estudiantes de bachillerato que se centren en lo que les gusta de verdad y que estudien algo que tenga que ver con las ciencias, porque, de verdad, eso es apasionante.

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