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Niños, niñas y adolescentes trabajadores: contra el tabú y la desinformación

Una mala o limitada visión de lo que es y significa el trabajo nos ha llevado a confundir trabajo liberador con explotación de las infancias. Corenats trabaja con un modelo rodriguista para explorar la dimensión emnancipadora del trabajo infantil

por Teresa Ovalles Márquez
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Teresa Ovalles Márquez / Fotos cortesía de Vocesurgentes

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El arañero de Sabaneta de Barinas, aquel niño trabajador, no solamente vendía dulce de lechosa verde confitada, conocido como arañas, sino que además se trasladaba a Mantecal a vender cambures topochos, plátanos y frutas.

La niñez del comandante Chávez fue decisiva para que, a partir del Aló Presidente 313 y 314 de 2008, en el que se presentaron infantes y adolescentes de la Coordinación Regional de Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores (Corenats) se le diera una connotación distinta, desde el entonces Ministerio de Protección Social y del Trabajo, a la población económicamente activa de niñas, niños y adolescentes.

Veintitrés años después, Ángel González y la Corenats tienen una visión política y social que no prohíbe el trabajo infantil, sino que lo dignifica. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela aprobada en el año 1999 también fue clave para que este segmento de la población ganara protagonismo.

La Corenats y Ángel González entienden principios de formación liberadora frente a la explotación del sistema económico. González resalta la importancia de la educación popular y la teología de la liberación como bases para fomentar la conciencia social en la infancia. Cuestionan el “adultocentrismo” de la sociedad, a la vez que exigen que las chamas y los chamos sean reconocidos como sujetos políticos activos con voz propia en el presente.

La experiencia de 23 años —en la que los niños y las niñas toman sus propias riendas, articulan su realidad y sus demandas— les ha enseñado a establecer diferencias entre los que hacen vida en el campo y los que son de las ciudades. González destaca, por ejemplo, problemas como el uso de agrotóxicos, la violencia patriarcal y la estigmatización urbana. Se trata de realidades en las que se mueven las chamas, los chamos y adolescentes trabajadoras y trabajadores.

El rol social y político de la niñez

Hay diferencias de enfoque en cuanto al trabajo de las infancias que debemos poner sobre la mesa. Al concepto tradicional que postula la erradicación, estigmatización o criminalización del trabajo hecho por la niña y niño, viéndolo a veces como un problema de «ornato» o estética urbana que debe ser «limpiado» de las calles, se contrapone la visión del trabajo liberador que evita, a toda costa, la condena de la actividad laboral en sí misma y denuncia las responsabilidades del sistema económico capitalista imperante, que expone a los niños, niñas y adolescentes a condiciones de explotación.

Para González, la lucha es contra los mecanismos que «dañan, maltratan, mutilan o explotan» a los infantes y adolescentes y no va en contra de su participación en procesos de producción que pueden ser formativos, tal como plantea en su prédica pedagógica el maestro de Bolívar, Simón Rodríguez.

Los fundamentos para defender el trabajo liberador de las chamas y los chamos reivindican la concepción robinsoniana que sostiene la vinculación intrínseca entre la educación y la experiencia laboral, y que esta sea una herramienta de formación y no una razón para abandonar la escuela. De hecho, en Corenats el porcentaje de niños y niñas que dejan de estudiar es mínimo (0,1 %).

Corenats asume que el trabajo infantil es una dinámica económica, social y cultural compleja que, bajo un esquema de articulación con el juego, la recreación y la formación, puede ser una experiencia de participación digna.

Asimismo, consideran que el trabajo infantil generalmente es abordado desde el adultocentrismo, una visión en la que los adultos hablan por los niños y los ven únicamente como «seres en preparación para el futuro», negándoles su rol social y político actual.

Origen de Corenats

La vinculación de Ángel González con Corenats es de larga data, ya que participó desde que era niño, en los años 90, en las actividades del Moani (Movimiento de Acción de los Niños), una organización pionera que sirvió de base para lo que luego sería Corenats. Fue una iniciativa de dos jesuitas exiliados procedentes de Chile, adscritos a la corriente de la teología de la liberación.

Y ya para el 22 de julio de 2003, los niños, niñas y adolescentes fundan Corenats en asamblea celebrada en el municipio Morán del estado Lara, cuya capital es El Tocuyo.

Esta plataforma tiene una presencia importante en zonas rurales y agrícolas como el municipio Andrés Eloy Blanco, Sanare; el municipio Morán, específicamente en la zona cafetalera de Villanueva, cerca de El Tocuyo; y en Simón Planas, cuya capital es Sarare (vía Acarigua, estado Portuguesa).

En Trujillo, Corenats acompaña iniciativas en diversas comunidades. En esta región destaca la labor con niños, niñas y adolescentes campesinos de Boconó. Igualmente, tienen presencia en Chejende y en varias comunidades de Valera, como Siete Colinas y Aguaclara.

Niñas activas

En esta plataforma de acompañamiento el protagonismo de las niñas es fundamental y se caracteriza por ser mayoritario y muy activo, aunque enfrentan desafíos específicos que derivan de su contexto social.

De los aproximadamente 200 a 250 niños, niñas y adolescentes que integran los 14 grupos en Lara y Trujillo, la participación femenina es predominante. El alto nivel de involucramiento de las niñas es fiel reflejo del papel histórico de la mujer venezolana, que tradicionalmente asume tareas de organización y motivación política en sus comunidades y consejos comunales.

Enfrentan una «doble o triple condición»: en las zonas rurales, el protagonismo de las niñas está marcado por la violencia patriarcal y el machismo. A ello se suma una carga mayor de trabajo, ya que suelen ser las que se levantan más temprano para preparar la comida a quienes salen a trabajar, antes de iniciar sus propias actividades, comenta Ángel González.

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