Colectivo Vocesenlucha
_____________
Nuestro equipo se desplazó un año más hasta la comunidad de Altamira, en Boconó, estado Trujillo. La visita se realizó en el marco de la Escuela de Comunicación Popular “Siembra Venezuela” que la Coordinación Regional de Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores (CORENATs) organiza junto a Vocesenlucha, con el propósito de compartir aprendizajes con el grupo de base BOCONATs.
Llegar hasta la cumbre de las montañas de esta comunidad subiendo caminos entre campos verdes nos evoca los acordes y letras del cantor del pueblo y militante político Alí Primera, quien inmortalizó a esta localidad en su canción «Abran la puerta», un llamado a la lucha y homenaje a la geografía y a la cultura trujillana:
Vámonos pa’ Boconó
vámonos montaña arriba
pa’ darle un beso al jardín
que para siempre quedó
en los ojos de Bolívar

Boconó es conocida como «El Jardín de Venezuela», hermoso título que le otorgó el propio Simón Bolívar durante su segunda visita en el año 1813 y que destaca su importancia como despensa agrícola del país. Aunque su ubicación geográfica —a unos 1.225 metros sobre el nivel del mar— suele proporcionar un clima bastante agradable durante todo el año. En esta ocasión la comunidad recibió a los visitantes con un frío muy propio del invierno lluvioso de la época.
La localidad se encuentra situada en el pleno eje de la falla geológica que lleva su mismo nombre. La falla de Boconó es la estructura sismogénica principal de Venezuela, y se llama así debido a que los estudios más importantes sobre este fenómeno se realizaron precisamente en este territorio. Aunque el pasado 24 de junio el doble sismo que asoló Venezuela se sintió aquí, no ocasionó daños personales ni materiales.
En medio de un paisaje boscoso y agrícola, y como parte de las actividades de la Escuela de Comunicación Popular, el equipo de Vocesenlucha acompañó a un pequeño grupo de niños y niñas de BOCONATs a entrevistar a Juan de La Cruz Andrade. Ellos mismos asumieron las preguntas y sistematización de la información para la redacción de esta nota, realizada colectivamente con la participación y el protagonismo de la infancia boconense.

Nacido en 1961 en esta misma comunidad, Juan es un reconocido agricultor y artesano de la madera, «Maestro Pueblo», una categoría creada por los Morochos Escalona de Sanare y que honra a quienes acumulan sabiduría popular sin mediación de proceso académico alguno. Maestros Pueblo que, como el caso de Juan, transmiten esos saberes a las nuevas generaciones.
El señor Juan recibió a los visitantes en el porche de su casa en Altamira, donde también tiene su taller de ebanistería, un espacio que cuenta con todas herramientas, algunas inventadas por él mismo, con las que da vida a sus obras de madera, que abarcan desde objetos y piezas cotidianas hasta obras de arte ricas en detalles.
En un banco de madera al fondo del taller, esculturas de santos y otros personajes comparten espacio con un arsenal de instrumentos entre los que abundan cinceles y formones. Tres piezas de Bolívar con espada al cinto, una pintada y dos de madera cruda, vigilan erguidos entre los santos, muñecas, animales y hasta un busto indígena del heroico caribe Guaicaipuro.

El artista recordó que su afición comenzó cuando apenas tenía 10 años de edad, motivado por el ejemplo de su padre, quien también tallaba, y por su experiencia infantil fabricando sus propios trompos de madera.
Aquella temprana pasión lo llevó a esculpir muñecas, personajes históricos, santos y animales, cuchillos, puertas, cucharas, cubiertos, arados, yugos, bancos, camas o sillas. Con los años, se especializó en trabajar santos como San Miguel Arcángel, San Antonio, San Rafael, San Isidro Labrador o el santo popular José Gregorio Hernández, el “Médico de los Pobres”.
Su talento técnico y sensibilidad artística quedaron plasmados en un cartel que cuelga en las paredes de su taller, elaborado en su momento con ocasión de la entrega del Gran Premio del II Salón Bigott de Arte Popular en el año 2001: “Sus imágenes, de volumetría estilizada y gráciles formas de fino e impecable acabado y exquisita policromía, transmiten a través de sus rostros serenos toda la fuerza expresiva de una poética compleja y conmovedora”.
Desde la década de los 80, la actividad de Juan fue intensa. En esa época la artesanía se vendía muy bien, recuerda; el maestro viajaba con frecuencia a ferias en Boconó y Caracas. Su prestigio traspasó las fronteras de Venezuela, al punto de que varias de sus obras se encuentran hoy en colecciones privadas de países como Colombia, Chile e Italia. Y hasta en el mismo Vaticano. Un San Miguel y un San Ramón tallados por el maestro Juan llegaron a Roma para ser entregados al Papa de las manos del propio Comandante Hugo Chávez.

Todas estas valiosas piezas eran realizadas por encargo de personas que venían a buscarlo o lo llamaban directamente. Su impecable trayectoria lo hizo merecedor de numerosos primeros y segundos premios, así como de variadas menciones honoríficas por su trayectoria.
Actualmente Juan de La Cruz Andrade confiesa que ha disminuido su ritmo en la artesanía activa y se encuentra más enfocado en las labores del campo. Como agricultor, aprovecha las bondades de la tierra para sembrar tomate, maíz, apio, lechuga, cilantro, caraotas o café: “aquí lo que se siembra se da”. Actualmente se encuentra trabajando en unos encargos de un San Juan y un San Ramón.
Sin embargo, su papel de maestro sigue intacto. A lo largo de su vida ha dictado talleres de capacitación a jóvenes, enseñando a los muchachos y muchachas a realizar piezas. En 2024, el grupo de BOCONATs le solicitó un taller en el que chamos, chamas y adultos del movimiento, incluido el equipo de Vocesenlucha, aprendieron a elaborar utensilios prácticos de madera como cuchillos, cucharas, cucharones o cubiertos y otros de índole recreativa como trompos.
El maestro domina también la herrería, la talla de piedra, la carpintería general y además de figuras realiza réplicas de violines, bancos, camas y sillas, hasta herramientas de labranza como arados y yugos para bueyes.

Al ser consultado sobre los detalles técnicos de su oficio, Juan explicó que el tiempo necesario para terminar una escultura varía. Si se trabaja de forma continua una pieza de tamaño considerable puede estar lista en una semana. Respecto a la materia prima, aclaró que no se necesita una cantidad excesiva de madera, sino asegurar la pieza adecuada según la altura de la figura que se planea diseñar. Entre las especies vegetales que utiliza mencionó el jarillo —ideal para figuras como los ángeles—, cedro y yumangué, o simplemente cualquier madera que halle en el entorno, cuidando siempre que sea un tipo de madera que no se «hienda», es decir, que no se agriete ni se abra con el paso de los días.
La conversación sirvió para resaltar el enorme valor de la formación práctica, el aprendizaje de las habilidades artesanales y la importancia de que la juventud muestre curiosidad y haga preguntas para apropiarse de estos procesos y mantener vivos los saberes tradicionales.
Al ser preguntado sobre si podría brindarles otro taller, el maestro les aseguró con una sonrisa: «Cuando estén disponibles, yo tengo la orden dada».
Al finalizar la visita y antes de despedirse, el Maestro Pueblo honró la hospitalidad andina ofreciéndole a todo el grupo una taza de café, dejando concluida la conversación y todo listo para la preparación de lo que podría ser la segunda parte de esta entrevista.
