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Premio Nobel de Química 2026: el misterio de la quiralidad molecular

*Sobre el Nobel de Química. *Sobre la tradicional exclusión de las mujeres en la ciencia hegemónica

por Gabriela Jiménez Ramírez
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Gabriela Jiménez | Ciencia para la Vida

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La Real Academia de las Ciencias de Suecia ha otorgado el Premio Nobel de Química 2026 de manera conjunta al francés Henri B. Kagan y al japonés Kenso Soai por el descubrimiento fundamental de los efectos no lineales y la autocatálisis en la síntesis orgánica asimétrica.

Este trascendental reconocimiento premia décadas de investigación dedicada a resolver un enigma de la naturaleza: cómo la materia adoptó una orientación especular única (homoquiralidad), un requisito indispensable para el diseño de fármacos modernos eficaces y seguros.

La síntesis orgánica asimétrica representa una de las ramas más fascinantes, complejas y útiles de la química moderna. A diferencia de la síntesis tradicional, que a menudo produce mezclas racémicas (cantidades iguales de dos moléculas que son imágenes especulares entre sí, como nuestras manos izquierda y derecha), la síntesis asimétrica busca producir de forma preferencial o exclusiva uno solo de estos enantiómeros.

Louis Pasteur, en 1848, abrió la puerta al estudio de la quiralidad al separar manualmente los cristales enantioméricos de ácido tartárico bajo el microscopio, demostrando que la asimetría es una propiedad intrínseca de la materia viva. Sin embargo, durante décadas, sintetizar una molécula quiral en el laboratorio generaba mezclas 50/50 (mezclas racémicas) difíciles y costosas de separar.

En el siglo XX, químicos pioneros como Emil Fischer establecieron las bases de la estereoquímica, pero controlar la dirección espacial de una reacción seguía siendo un reto monumental.

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El desarrollo de ligandos quirales (como los diseñados por Henri B. Kagan, con los famosos fosfinas quirales DIOP) permitió utilizar cantidades catalíticas de metales para inducir asimetría de manera eficiente, lo que eventualmente llevaría al Premio Nobel de 2001 y, ahora, a la comprensión de los amplificadores no lineales de Soai.

A nivel molecular, las reacciones químicas ocurren mediante estados de transición. En una síntesis asimétrica, se emplean catalizadores quirales o auxiliares que actúan como «moldes tridimensionales».

El catalizador crea dos vías de reacción posibles para formar los enantiómeros (R y S). La ruta que conduce a uno de los enantiómeros tiene una energía de activación menor que la del otro, lo que hace que se forme abrumadoramente más rápido.

Lo que Kagan y Soai ayudaron a elucidar rompió esquemas clásicos. En los efectos no lineales, la pureza óptica del producto no es directamente proporcional a la pureza del catalizador utilizado. En la autocatálisis de Soai, un producto quiral actúa como su propio catalizador: una vez que se forma una mínima cantidad de un enantiómero (incluso por una fluctuación estocástica minúscula), este acelera su propia producción y destruye o inhibe la del otro, logrando una amplificación quiral casi perfecta

El impacto de la síntesis asimétrica ya había rozado la máxima distinción internacional en 2001, cuando William S. Knowles, Ryoji Noyori y K. Barry Sharpless recibieron el Nobel de Química por sus trabajos sobre reacciones de hidrogenación y oxidación catalizadas.

No obstante, mientras aquellos galardones premiaron herramientas de síntesis altamente eficientes, el Nobel de 2026 va un paso más allá al premiar los mecanismos físicos y químicos subyacentes por los cuales las pequeñas desviaciones iniciales se amplifican de forma desproporcionada (efectos no lineales) y se autorregulan mediante autocatálisis, abriendo la puerta a comprender el origen químico de la quiralidad biológica.

La síntesis asimétrica no solo es relevante científicamente, sino que tiene aplicaciones en la industria farmacéutica, la producción de agroquímicos y fragancias y en nuestra comprensión del origen de la vida (homoquiralidad biológica). Los seres humanos somos quirales; nuestros receptores biológicos distinguen perfectamente entre manos moleculares.

Un claro ejemplo histórico fue la talidomida: mientras un enantiómero tenía efectos sedantes, el otro causaba graves malformaciones congénitas. Hoy en día, las agencias regulatorias exigen pureza enantiomérica estricta, la cual se logra casi en su totalidad mediante síntesis asimétrica.

Asimismo, muchos pesticidas, herbicidas y compuestos aromáticos dependen de su estereoquímica para ser eficaces. Un enantiómero puede ser un potente atrayente o plaguicida, mientras que el otro es inerte, reduciendo así la carga tóxica ambiental a la mitad.

Finalmente, desde una perspectiva fundamental, la naturaleza terrestre utiliza exclusivamente aminoácidos levógiros (izquierdos) y azúcares dextrógiros (derechos).

Los descubrimientos de la autocatálisis asimétrica proporcionan el modelo físico-químico más plausible de cómo moléculas abióticas pudieron romper la simetría inicial en la Tierra primitiva para dar origen a la vida.

¿Qué hay de las mujeres?

Los Premios Nobel de ciencias de 2026 (Física, Química y Fisiología o Medicina), no distinguieron a ninguna mujer entre ganadores vinculados a las Ciencias, lo que ha reabierto el debate internacional sobre la brecha de género en el sector.

Desde que se comenzaron a entregar en 1901, solo una minoría de mujeres ha recibido un Nobel en campos científicos (alrededor de 26 en total sumando Física, Química y Medicina a lo largo de la historia), lo que supone el 3,9% del total.

La Real Academia Sueca de Ciencias ha defendido en repetidas ocasiones que los premios se otorgan «estrictamente por el mérito científico» y el impacto de la investigación, sin aplicar cuotas de representación, aunque críticos y organizaciones señalan que el sesgo comienza mucho antes, en las etapas de nominación y en el reconocimiento de liderazgo dentro de los equipos de investigación.

Investigadoras y divulgadoras insisten en que el problema no radica en la falta de talento o de mujeres en la ciencia, sino en barreras estructurales, el «efecto Matilda» (invisibilización de los logros femeninos) y la composición mayoritariamente masculina de los comités de selección.

Los Premios Nobel enfrentan una creciente crisis de legitimidad al alejarse de la realidad de la ciencia contemporánea. Hoy en día, la investigación científica ya no es el esfuerzo aislado de un grupo homogéneo de hombres académicos y del hemisferio norte global; por el contrario, es una disciplina mundial, que crece colaborativamente e inherentemente diverso. En este panorama, resulta inverosímil que el galardón siga ignorando de forma sistemática la participación crucial de las mujeres, la energía y disrupción de los investigadores jóvenes, y las valiosas contribuciones de la comunidad científica latinoamericana. Al perpetuar un sesgo histórico que favorece a un perfil demográfico tan reducido, el premio corre el riesgo de volverse obsoleto y dejar de representar el verdadero motor de la innovación mundial.

En nuestro caso, Venezuela posee el extraordinario potencial y acción de las Mujeres en las Ciencias, se expresan y se sienten en todas las áreas del conocimiento nacional.

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Bióloga. Rectora de la Universidad Nacional de las Ciencias "Humberto Fernández-Morán"

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