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El duelo como autodefensa, más allá de la realpolitik

por Penélope Toro León
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Penélope Toro León | Trapitos al sol

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Tras los ataques del 3E a Venezuela las redes y nuestras mentes están anegadas de análisis racionales en el marco de la geopolítica y reafirmando la sensación de que el mundo se mueve más que nunca bajo los esquemas de la realpolitik y el maniqueísmo. La gran mayoría de los análisis serios sobre el tema Venezuela, bien sea escritos o entrevistas, son de personas del género masculino. De ahí que se excluya la dimensión cotidiana, sensible, íntima, doméstica, de los cuidados, las mujeres, NNA, personas con discapacidad y población LGTBQ+.

Reivindico el llamado a asumir una postura en pie de lucha de todas las fuerzas vivas de la nación, como parte de una inconstitucionalidad en pleno ejercicio de gobernabilidad, tras la atinada decisión TSJ de establecer un marco legal para la asunción de la máxima majistratura a la Vicepresidenta, hoy Presidenta Encargada Delcy Rodríguez. Esta decisión bajo la bandera de “aquí no se rinde nadie” y “pueblo levanta la cara”, como dice la canción; es una estrategia justificada de autodefensa y de lucha. El agresor no puede vernos abatidos (as) y el mensaje a la comunidad internacional debe ser claro: no es negociable nuestra soberanía, no nos rendimos ante poderes imperiales, hay gobernabilidad, continuamos con la planificación que se venía dando desde las política y líneas trazadas por nuestro presidente constitucional Nicolás Maduro y tumbar la narrativa de la traición. Asimismo, avanzar en acciones para la inminente liberación de Nicolás Maduro y la Primera Combatiente y Diputada de la Nación Cilia Flores, a quienes han secuestrado. Estas son líneas que quienes asumimos la militancia desde nuestros distintos espacios de lucha y nos ponemos la línea de fuego de la batalla comunicacional y simbólica, a la luz del escenario perverso de la férrea guerra cognitiva, nos lo planteamos como un mandato y lo estamos cumpliendo.

Mientras tanto, aguas abajo…

Los ataques en la madrugada de un día de descanso vacacional para la población han producido severas secuelas en la colectividad y, debido a que somos diversas (as), también las reacciones y el tipo de secuelas son distintas.

A pocos días de los ataques las mujeres nos hemos procurado espacios de catarsis, reflexión, análisis y nos hemos abierto a manifestar lo que pasa por nuestras mentes, pero también por nuestros cuerpos, reivindicando las subjetividades, los sentipensares, lo doméstico y lo íntimo como zonas de lucha, de poder y trincheras de acción política. En todo conflicto bélico, crisis de toda índole las mujeres son las más afectadas, lo que se ha convertido en una máxima de los feminismos internacionalistas y aceptado por los organismos internacionales, (aunque se encuentren perdiendo toda legitimidad en este escenario de impunidad).

A la luz de esta máxima y con “lo personal es político” por delante, las mujeres en distintas partes del territorio estamos poniendo nuestros cuerpos para la defensa y la autodefensa, partiendo del punto de que el cuerpo también es un territorio, el primero que fue colonizado y violado para crear la prole criolla en el Abia Yala. Y en ese escenario que es simbólico, pero también es físico, reivindicamos nuestro derecho a los duelos para la reexistencia. No todas las personas y no en todo momento se puede estar en las notas altas y exigírselo a toda la población, también es violencia.

Palabra de mujer

Este ha sido un espacio que he asumido como interlocutor de una tribuna pública, a menudo silente, acallada o simplemente que no posee los medios para expresar públicamente sus sentires. Desde allí me permito compartir algunos testimonios que dan cuenta de ese acuerpamiento y vulnerabilidad:

“No quiero hablar, no quiero mensajes, no quiero recetas mágicas de cómo superar un proceso. Solo mi cuerpo y mi psique saben lo que significó. Una Niyireé escindida se enfrenta hoy a esta realidad de Venezuela, una Venezuela ultrajada, bombardeada y aún doliente… Es difícil decir bombardeos y que mi cuerpo no se estremezca; es difícil abrir los ojos por la mañana y no sentir una profunda tristeza que lacera mi pecho. No soy la misma, y estoy segura de que jamás volveré a serlo. Alguna parte de mí se quedó atrapada en ese espacio-tiempo”. Niyireé Baptista, habitante de Tiuna el Fuerte (Tomado de La fractura de una Caracas humeante. Revista “Cuerpos y territorios”. 15 de enero de 2026).

«Como mujer con discapacidad, también me duele que muchas veces nuestros cuerpos y experiencias sigan siendo invisibles en los debates (…) Apenas si empezamos a ser nombradas, y aún falta mucho para que se nos escuche de verdad. Ojalá este también sea un espacio donde podamos incomodar desde ahí». Anómimo.

“¿Cómo me tocó vivir la situación siendo mujer, cabeza de familia, a cargo de una adulta mayor muy enferma, niños y adolescente? La carga se elevó en un 100 por ciento. A punto de desborde. A la tensión de la violencia generada por el bombardeo y sus consecuencias, se le sumó la capa de necesidad de más dinero para comprar alimentos y evitar el desabastecimiento, asumiendo colas y sobreprecios. Se sumó la necesidad de cocinar con mayor consciencia y técnicas de aprovechamiento al máximo, con miras a rendir más la comida (…) y, además, la imposición de vivirlo en silencio y con miedo, por no poder nombrar nada con claridad mientras lo estaba viviendo… Aún lo voy viviendo». Anónimo.

Otras subjetividades

Los testimonios de algunas personas LGTBQ+ se sienten sumamente violentadas cuando sectores de bandos distintos usan la homofobia para sacar memes con distintos mandatarios en la guerra sucia. Como madre de un adolescente y viendo todo el escenario me parece importante advertir sobre la banalización de la guerra. Observo que el daño cognitivo que la guerra mediática ha ejercido sobre la población es tan fuerte que se llegan a hacer chistes, memes “graciosos” y hasta publicidades donde se hace referencia a escenarios y lenguaje bélico como algo de “tendencia”. Esta futilización de todo, que merma la capacidad empática y sensible del ser humano, ha arreciado en los últimos años con la avanzada el fascismo y la normalización del genocidio, de la mano de la demonización simbólica (e instrumentalización) de los feminismos, el fomento de la islamofobia y a ciertas figuras del gobierno venezolano.

Otra consecuencia grave del bombardeo algorítmico y de IA es lo que llamo la pérdida de un criterio de realidad. Como todo parece dentro de una película de ciencia ficción, quien no vive las cosas en la línea de fuego observa imágenes que bien pudiera pensar que son ficticias. Algunas personas que celebraban la invasión en otros países dijeron en entrevistas que era falso lo del bombardeo. Estoy segura que lo mismo ocurre con una parte de la población más joven en el país que está fuera de Caracas.

Asimismo, las circunstancias actuales y la misma guerra mediática han creado una reacción de desesperanza, descrédito a todo, miedo generalizado y desconfianza en los seres humanos, hasta los más próximos, en los valores humanos y la ética.

El duelo como autodefensa a largo plazo

El duelo es, grosso modo, un proceso adaptativo, un trabajo de acomodación a una nueva realidad, a partir de un hecho traumático, pérdida o ruptura. No siempre es lineal ni igual para todos (as) y comprende las dimensiones físicas, emocionales, cognitivas y espirituales, en las que se manifiestan síntomas, que al no ser identificados con el proceso, se pueden complejizar y retardar el mismo. La salud mental y colectiva pasa por la necesidad de hacer duelos personales y colectivos. El no hacerlos puede repercutir en fijar, insanamente, algunas de sus etapas iniciales: negación, ira y depresión; y no pasar a las últimas y resolutivas: negociación y aceptación. La aceptación, en este caso es la que podría recuperar para nosotros, como pueblo, el criterio de realidad que considero extraviado en medio de la guerra cognitiva.

Algunas recomendaciones, (a parte de las convencionales), para hacer que el duelo no pase debajo de la alfombra, para docentes, activistas, padres, madres, representantes, voceras y voceros de movimientos sociales podrían ser:

– Propiciar espacios de catarsis y conversación a cada nivel de desarrollo. Para las infancias el dibujo, para adolescentes escribir poesía, cartas abiertas o conversar sobre sus inquietudes, dudas. Adultos y adultas no forzarnos a “analizar”, racionalizar o hacer agendas de trabajo.

– Reestablecer el criterio de realidad realizando actividades que eviten el uso de pantallas y recuperen el contacto físico, con los cuerpos y con la naturaleza.

– No forzarse a hacer cosas que no se deseen. Validar las emociones, escuchar al cuerpo. Si se desea dormir, descansar, pasear o simplemente no hacer nada, darse ese permiso.

– En los roles de responsabilidad no forzar a realizar actividades recreativas o festivas. Validar el silencio, el recogimiento, la serenidad, la pausa.

– Propiciar espacios de reconexión con lo espiritual y las creencias más profundas, cualquiera que estas sean. La pérdida de la fe y la identidad están emparentadas y son una de las consecuencias más graves, desde el punto de vista colectivo, de una situación como la que vivimos.

– Declarar días de duelo, actividades de duelo, rituales y jornadas de duelo en los distintos espacios donde hacemos vida.

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Editora, escritora y promotora cultural

4 comentarios

Zuleyma 29 enero 2026 - 21:49

Las mujeres que sentimos y construimos desde adentro la Patria, nos reflejamos en tu palabra, el duelo y la incertidumbre son cargas que transformamos en el tiempo preciso desde la esperanza para la acción. Nos damos «la calma» y «el no hacer nada», para poder actuar de manera decidida y sobre el andar de los hechos.
Gracias Penélope

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Teresa Ovalles M. 25 enero 2026 - 19:48

Gracias por ese texto, Penélope. Por el abrigo que significa, por la denuncia y por el desmesurado dolor que reanima, a la vez, nuestro amor a la Patria, Venezuela. GRacias, amiga.

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rosaelenaperez@gmail.com 25 enero 2026 - 08:35

Un texto útil y necesario en estos tiempos en que escuece la herida reciente de los bombardeos en nuestro territorio. ¡Gracias!

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Florbella 25 enero 2026 - 07:36

Gracias por este texto Penélope. Debemos seguir dando visibilidad y cuerpo a las palabras que expresan una ese bombardeo tan funesto.

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