Gino González | Máscaras de la mercancía
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La casa estaba de fiesta
alegría y buena salud
entonces se fue la luz
y comenzó la tristeza
Los dolores de cabeza
malos humores embisten
A mí se me ocurre un chiste:
Es decir que tiempo atrás
que no había electricidad
esa gente era muy triste
No faltará quien piense al leer esta décima que soy de los que cada vez que se va la luz lo celebra. Tendría que no ser de este tiempo para no padecer la incomodidad y la rabia, la neurótica epilepsia de su abstinencia cuando falta el servicio por horas. Si se extendiera por días, el malestar se acentuaría al punto de la insurrección. Ante esa angustia y los cambios de ánimo cuando se va la luz, en mi caso, pienso en mi niñez, la cual viví sin electricidad. La cotidianidad de la vida en ese contexto se desarrollaba con normalidad porque la falta de electricidad formaba parte de ella.
Los hábitos se instauran y mientras cumples con ellos hay paz. Así funciona también el vicio y cualquier adicción.
Aunque sea por obligación debido a la contingencia, si tú realizas una actividad que no amerite energía eléctrica, si lo que haces te agrada y estás absorto en esa labor, seguramente que, al restaurarse el servicio, ni cuenta te darás. A mí me pasa cuando pinto o dibujo, lo cual no hago con lápices ni pinceles eléctricos.
Pero el caso es que la dinámica de la vida actual está muy ligada a ese y a otros servicios, al punto que se han insertado en el cuerpo como necesidades vitales a la par del hambre y la sed.
Nosotros, que lo que somos es consumidores y mano de obra, cuando falta la electricidad pareciera que somos los dueños de un centro comercial o de una gran fábrica, cuyo funcionamiento depende de esa energía.
No es nada fácil desaprender los hábitos que te impuso el capitalismo. Haría falta una gran dosis de conciencia activa más allá de la comprensión y de las teorías libertarias que propones para todo el conjunto social, pero que no eres capaz de asumir en tu propia vida. Lo digo, siempre y cuando esa “libertad” que exiges no sea meramente el acceso a aquello que el capitalismo te niega. Que no sea producto del desequilibrio y la angustia generada por la carencia, sino por el agrado, la satisfacción y la poesía que aporta la creatividad al ser tú mismo.
Y ya estoy cayendo mal. Desde luego que sería bueno y así debería ser, que el servicio eléctrico funcionara a cabalidad, pero cuando falta algo que no forma parte de mis prioritarias necesidades, pienso en eso. Me pienso como asumo la carencia, pero también la abundancia. Aquí sucede que en la carencia maldecimos y en la abundancia derrochamos. Se me ocurre como ejemplo una carretera deteriorada de una ciudad a otra y los comentarios e insultos al gobierno porque la carretera no sirve y por eso no se llega más rápido al destino; y entonces cuando se repara la carretera y queda lisita, allí no faltan en compensación los accidentes de tránsito. En muchos casos la realidad la complica es el basurero mental que cargamos.
Y en la carencia, cuando buscas a un culpable, le metes un coscorrón al que tienes más cerca.
Existen unas locuras
terriblemente normales
encarcelar a las aves
se confunde con ternura
Se confunde a quien te ayuda
lo ves como un enemigo
y a quien te infringe castigo
le agradeces el maltrato
Este es un mundo de ingratos
y de malagradecidos
Sucede en ocasiones que, desmoralizados ante una derrota, aturdidos por el golpe, la salida más fácil es culpar a uno del equipo.
Aquí el 03 de enero de este año, mediante un despliegue militar nunca visto, con el más sofisticado armamento y tecnología, irrumpieron en el territorio, asesinaron a más de un centenar de compatriotas y secuestraron al presidente de la república junto a su esposa.
No permitamos que también nos secuestren las emociones.
…a pesar de los que quieren
que vivamos un infierno
que no aguantarían un día
todo lo que nos hicieron
aquí seguimos cantando
pa lante, quién dijo miedo
No pudieron doblegarnos con radio, televisión, redes y medios de comunicación nacionales e internacionales; bloqueo, guerra económica, violencia interna y todas las arremetidas de sus lacayos y mercenarios. No pudieron y tuvieron que quitarse la careta y recurrir a la fuerza directa con su poderío militar. No nos entregamos, no nos rendimos, nos sometieron por la fuerza que no es igual. Las circunstancias actuales no contradicen la valentía ni la dignidad del pueblo venezolano. Lo único que tienen es la fuerza. Ellos no hubiesen aguantado ni aguantarían a todo a lo que nos han sometido.
No permitas que invadan el territorio de tus emociones, de tu autoestima: allí no llegan sus misiles. No podrán tocarte el alma ni el corazón, pero no implica que no puedan ser letales allí. Mantienen un bombardeo comunicacional permanente para ello. En lo cultural es más difícil abandonarlos que enfrentarlos. Más fácil el suicidio o inmolarse para apaciguar la rabia que dejarlos solos en el negocio.
Para ellos es vital la guerra
es vender y que les compren
No le hagas el juego entonces
evita lo más que puedas
utilizar su moneda
engrosarles la demanda
Ignora su propaganda
Que su industria se carcoma
Que se derritan sus bombas
y que se oxiden sus balas
