Roberto Malaver | InvestigANDO
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Elena sabe desde hace un tiempo que ya no es ella la que manda sobre algunas partes de su cuerpo, los pies, por ejemplo. Manda él. O ella. Y se pregunta si al Párkinson habría que tratarlo de él o de ella, porque aunque el nombre propio le suena masculino no deja de ser una enfermedad, y una enfermedad es femenina. Como lo es una desgracia.
Así describe Claudia Piñeiro, escritora argentina, a Elena, el personaje central de su novela “Elena sabe” (Alfaguara, 2007).
Así también, en 1817, James Parkinson, viendo a sus pacientes, describió la enfermedad del temblor, lo que más adelante se conoció con su nombre: Mal de Parkinson. Dijo el científico en su “Ensayo sobre la parálisis agitante”, sobre los efectos y señales de la enfermedad:
Movimientos involuntarios de carácter tembloroso, con disminución de la fuerza muscular que afectan a partes que están en reposo y que incluso provocan una tendencia a la inclinación del cuerpo hacia delante y a una forma de caminar a pasos cortos y rápidos. Los sentidos y el intelecto permanecen inalterados
Todo fue producto de la observación, al ver en la calle a personas que caminaban con mucha dificultad, y sobre todo que temblaban mientras avanzaban. Entonces se apoyó en sus pacientes y en la gente de la calle para hacer esa primera observación que se hizo sobre la dolencia. Aclaró que no se apoyó en ninguna investigación ni en exámenes anatómicos, sencillamente fue su percepción mientras veía a sus pacientes.
Ese Ensayo sobre la parálisis agitante no fue tan reconocido en su momento, porque Parkinson se dedicaba más a la paleontología científica, incluso fue fundador de esa nueva ciencia. Y además está entre los 13 miembros fundadores de la Sociedad Británica de Geología.
El revolucionario
Fue defensor de la revolución francesa y partidario de las luchas sociales. Siempre estaba activo ante las causas sociales. Fue incluso el abogado de los desamparados. Su vida transcurrió durante el mandato del Rey Jorge III. Una época difícil por las guerras y los altos impuestos. Así, la vida de las mayorías era precaria.
Para ese momento decidió participar en los movimientos sociales y escribía panfletos con el seudónimo de “Viejo Hubert”, que eran fuertemente críticos con la política del Rey Jorge III. Una de las cosas que solicitaba a través de sus escritos era la reforma del parlamento y el sufragio universal.
Por su activa participación en la política, un día lo acusaron de estar comprometido en una conspiración para asesinar al Rey Jorge III. Al Rey le habían disparado unos dardos envenenados cuando se encontraba en un teatro. Varios miembros de la Corresponding de Londres fueron acusados y Parkinson asumió ese juicio como testigo. Todos los presuntos participantes quedaron libres.

El médico
El 11 de abril de 1755 nació James Parkinson en Shoreditch. Estudió Medicina en el Hospital de Londres y durante 7 años trabajó como ayudante de su padre, quien era boticario y cirujano. Con su padre aprendió a elaborar medicinas y a diagnosticar enfermedades. Cuando tenía 28 años se casó con Mary Dale y tuvo seis hijos, dos de ellos murieron siendo niños.
Cuando se graduó de cirujano tenía 29 años, y entonces se dedicó a la Geología. Se convirtió en un coleccionista de fósiles, y publicó sus primeros libros acerca de esa ciencia. Fue uno de los 13 fundadores de la Sociedad Británica de Geología.
En 1804 publicó el primer libro de su obra: “Restos orgánicos de un mundo pasado”. Fue reconocido como la primera investigación en ofrecer una descripción científica de los fósiles. Más adelante, en 1808, publicó su segundo libro sobre el mismo tema. Y en 1811 publicó el tercer volumen de su trilogía acerca de los fósiles. Cada uno de esos libros tenían ilustraciones realizadas por él mismo y coloreadas por su hija Emma. En 1822 Parkinson publicó su obra más breve: “Esquemas de oritología: Una introducción al estudio de los restos orgánicos fósiles, especialmente los encontrados en estratos británicos”.
Fue Parkinson quien convirtió la pasión de la recolección de fósiles en una ciencia, dándole un gran impulso a la paleontología. Algunos fósiles llevan su nombre.
También es importante destacar que estuvo al frente de la Asociación de Farmaceutas de Londres durante dos años. Y en 1822 el Colegio Real de Cirujanos le otorgó la Medalla de oro por sus libros sobre los fósiles.
El nombre y el final
A pesar de todas sus investigaciones, James Parkinson no disfrutó de la fama, ni su obra fue reconocida mientras estuvo vivo. El 21 de diciembre de 1824, cuando tenía 69 años, James Parkinson muere de un derrame cerebral en la misma ciudad que lo vio nacer. Dejó sus bienes a sus hijos y a su esposa. Su importante colección de restos orgánicos quedó en manos de su esposa. Fue enterrado en la iglesia de St Leonard, en su pueblo natal de Shoreditch. En el momento de su muerte los diarios ni siquiera dieron la noticia.
La obra de Parkinson acerca de la enfermedad agitante permaneció mucho tiempo en el olvido, hasta que sesenta años después de su publicación el Medico francés Jean Martin Charcot reconoció esa investigación y calificó esa enfermedad con el nombre su autor: Mal de Parkinson.
Lo importante es que la ciencia recuperó el nombre de este gran científico. En 1977 la Organización Mundial de la Salud -OMS- tomó la decisión de establecer el 11 de abril, fecha del nacimiento de este médico, como el Día Mundial del Parkinson.
Algunos afectados
Hay una serie de personajes muy conocidos que han padecido el Mal de Parkinson. Entre ellos está Muhammad Alí, quien fue diagnosticado en 1984. También el Papa Juan Pablo II, según reporte oficial del Vaticano en mayo de 2003.
Entre estas figuras también está el actor Michael J .Fox, quien fue diagnosticado en 1991. Tenía 29 años en el momento en que supo que estaba enfermo, y desde ese momento creó una fundación para luchar contra la enfermedad. Fox fue actor en la famosa película Volver al futuro. Su fundación ha recaudado más de 3 mil millones de dólares para la investigación sobre el Parkinson.
Igualmente, dos de mis amigos, que no tuvieron la fama de los antes nombrados, padecieron esa enfermedad: Asciclo Franco y Euclides Guzmán. Siempre recordados por su amistad y sus palabras de solidaridad.
