Habitantes de zonas rurales del municipio Peña del estado Yaracuy decidieron regresar a un origen que la ciudad nos quiere obligar a olvidar: construir viviendas dignas con las manos y con la tierra
Alejandro Silva Guevara / Fotos: Fabricio Martorelli
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En las tierras mágicas de Yaracuy, un estado que se niega a abandonar su verdor sin importar que la lluvia se esconda, también su gente a veces se aplica a la magia: Yaritagua queda relativamente cerca de Sorte y desde ahí se puede ver la montaña madre en su aparente calma.

“¿Por qué Mayurupí?”, se pregunta Pastora de Boyer en el título de su trabajo para diplomarse como cronista, citando a Arnoldo Oropeza. Se pregunta la cronista lo mismo que nosotros, interesados en saber sobre esa mujer o deidad cuyo nombre resuena en tierras yaracuyanas. Mayurupí, hija del cacique Mayuruyara. dice la cronista, era “…una indígena perteneciente a la raza caquetía, una hermosa mujer de cabellera negra, ojos profundos, pómulos pronunciados, esbelta como todas las indígenas del valle de las damas (…) andaba con el torso desnudo y siempre con un carcaj en su espalda, lleno de flechas y un arco. Cuenta la leyenda que los aborígenes tuvieron un enfrentamiento con los españoles y estos destruyeron la comarca indígena Karamacate. Mayurupí al ver su pueblo destruido huye despavorida con unos niños de su estirpe hacia las montañas, allí se interna y nadie más supo de ella”.

Tiempo después, a mediados del siglo XVI, el conquistador Juan de Villegas pasó por la quebrada del Muerto y “…oyó un grito aterrador y espeluznante”. La versión corta dice que el genocida español se acercó a ver qué sucedía, vio una ráfaga que lo deslumbró y “…era una hermosa mujer de cabello largo con un carcaj sobre sus hombros, senos pronunciados, que lo dejó inmóvil y se desmayó”. Así que Mayurupí representa o simboliza la respuesta indígena y además femenina a más de una agresión, y además en el hábitat adonde decidió ir a refugiarse.
Hasta allá nos acercamos tras el rastro de una cantidad de familias, sobre todo mujeres, que también tuvieron el impulso de refugiarse en su propio hábitat y en sus propias viviendas: hijas de Mayurupí en el siglo XXI.

Trabajo y tierra
En el municipio Peña hay varias zonas rurales en las que sus habitantes se dedican a las actividades propias del campo; tienen escuelas, dispensarios médicos, una serie de medios que facilitan sus vidas y varios asuntos pendientes por mejorar o resolver, entre ellos, tener sus propias casas.
Para satisfacer esa necesidad retomaron uno de los inventos más útiles y antiguos de la humanidad: la solidaridad. Acudieron a las técnicas o tecnologías, escogieron un terreno, tomando en cuenta que estuviera lo más plano posible para que los trabajos de nivelación no fueran tan extremos. Midieron espacios de 48 metros cuadrados y revisaron los planos. La distribución de lo que serán las habitaciones, la sala comedor, la cocina y el baño será decidida o planteada tal como lo sueñan las o los futuros habitantes de la vivienda, entre tres modelos preconcebidos. En este punto, la comunidad es convocada para que se acerque al inicio de la construcción de la primera casa de la zona; se llamará “casa escuela”. Allí comienzan a abrir los surcos donde irán las bases, con las medidas contenidas en el manual técnico que se consolidó después de estudiar todas las condiciones para levantar la vivienda.

La alcaldía, a través del Plan Mayurupí, aporta el cemento que servirá para dar mayor firmeza a esas bases hechas de concreto y piedras. También los kits de aguas servidas, aguas limpias, de sala de baño, de ventanas y puertas con sus cerraduras, y las pinturas que se utilizarán para el acabado en la última etapa de la construcción. Luego se dirigen al patio, del que sacarán los bloques que hasta ese momento son puro barro, porque en la mayoría de los terrenos de la zona se puede encontrar una tierra apta para construir bloques de adobe, debido a que posee el balance correcto de arcilla y minerales.

Antes se hace una prueba, porque la mezcla de barro a utilizar debe tener arena, granilla y arcilla; se hacen unas bolitas de barro y se dejan secar durante dos días a la sombra. Si luego de este tiempo se presionan las bolitas ya secas y se agrietan o se deshacen, ese barro no es apto, porque debería mantenerse compacto, como una masa someramente maleable.
Luego de hechos los bloques de adobe deben ser puestos a secar en la sombra por dos días, antes de comenzar a levantar las paredes. No se contrata una compañía constructora o un albañil para hacer el trabajo, sino que es la comunidad en pleno aprendizaje quien trabaja con el aporte de los conocimientos de algunos maestros en el arte de hacer casas, y toneladas de voluntad de los vecinos y vecinas de la comunidad.

Las casas más sencillas
La experiencia comenzó tímidamente. Los integrantes de estas comunidades rurales comenzaron a reunirse para discutir los diversos problemas que enfrentan como habitantes del campo, y uno de ellos, muy preocupante y de viejísima data, es el tema de la vivienda digna. Luego de discusiones comprometidas y conclusiones llenas de esperanza, llevaron sus inquietudes ante el alcalde Juan Parada, quien los escuchó con el respeto que le debe un servidor público al pueblo.

Tanto el alcalde como varios integrantes de la comunidad conocían el libro «Las casas más sencillas», del maestro Fruto Vivas, y notaron que tenían varios de los elementos esenciales para arrancar: patios llenos de barro, las piedras de un río que a ratos se convierte en camino seco y desnuda el abundante material. También contaban con el apoyo de un gobierno que se ha dedicado a enfrentar con bastante éxito el problema global de la escasez de espacios dignos para ser habitados. Lo más importante siempre ha estado allí: la fuerza de la gente, del pueblo, siempre en la lucha por alcanzar dignidades.

–¿Qué podía hacer?-, dice el alcalde de Yaritagua, Juan Manuel Parada-. Ya la gente se había enterado del plan y, como dijo el presidente Maduro: Dios proveerá-. Para el mes de abril de 2024 la experiencia había alcanzado unas sesenta casas terminadas y otras cincuenta estaban en plena construcción. La noticia de que es posible lograrlo resuena en todos los rincones de este municipio.
La primera casa fue una experiencia inspiradora. Una familia vivía en muy malas condiciones en una de esas zonas rurales de Yaritagua, al punto de que cuando llovía, la familia se resguardaba bajo una esquina del rancho en la que el plástico que tenían por techo parecía brindar un poco más de cobijo. La comunidad preocupada, pero decidida a hacer algo, eligió a esa familia para llevar a cabo lo que después se convertiría en el Plan Mayurupí. Iniciaron la medición y marcación del terreno, y los vecinos se fueron acercando, no sólo de las zonas aledañas sino desde otras comunidades, para ver de qué se trataba el asunto, pero aportando su grano de arena en cuanto a sus conocimientos y la importante mano de obra, y también se contó con presencia de trabajadores de la alcaldía.

Un mes después, cuando hicieron el acto de inauguración de esta “casa escuela” totalmente terminada y lista para habitar, y le tocó el turno a Dayana López, la propietaria de la nueva casa, hablar de su experiencia. De la emoción solo se limitó a abrazar a sus hijos y a llorar de agradecimiento.
Mis hijos no querían ir al colegio porque les daba pena; pero desde que tenemos esta casa, se animaron mucho y van a la escuela y traen a sus amigos para hacer las tareas.
El precedente que consolidó esta primera experiencia muy pronto se extendió por todas las comunidades, en las que curiosos e interesados fueron multiplicadores de la información y se organizaron las con la meta de “meterle el pecho” al plan.

El sueño comenzó a tener aroma a realidad. Luego, ese plan que había nacido para ser aplicado en las zonas rurales, se extendió a la ciudad. Cinco familias que tenían serios problemas de vivienda en el casco urbano de Yaritagua decidieron dar los primeros pasos. Se instalaron en un terreno abandonado y sin uso, que se había convertido en una especie de “cueva” donde se reunían algunos mala conducta, ubicado a dos cuadras de la alcaldía. Sin invadirlo, levantaron un campamento en la entrada y solicitaron el apoyo de la alcaldía.

Tres meses después la alcaldía logró adquirir los terrenos y el Plan Mayurupí dejó de ser exclusivo de las zonas rurales para convertirse en una herramienta al alcance de todos los habitantes del municipio. Tres días después de recibir la propiedad de sus terrenos ya tenían abiertos los surcos para las bases; estas casas están diseñadas para ser construidas en un mes.

En un país donde las mujeres han sido históricamente luchadoras incansables de la dignidad, son ellas quienes por lo general llevan adelante la concreción del plan, la hechura física de las casas. Una de las trabajadoras, Leymar Nelo, en pleno embarazo, declaró, con la firmeza de Sorte y de Mayurupí: “Tengo siete meses. Cuando mi hijo nazca vivirá en su propia casa”.

Cada vivienda de las que ya están construidas y las que están en proceso cuentan la historia de vida de familias, de sus luchas, la superación de las adversidades, el agradecimiento profundo por ser tomados en cuenta. Son historias sobre la solidaridad que hace posible que una consigna signifique algo más allá de las palabras.
Todos y todas las participantes van a construir la casa que sigue, y quienes no pueden aportar sus fuerzas aportan la gallina para la sopa, o la moto para buscar las piedras en el río. Trabajan con alegría y van aprendiendo, y con humildad esperan su turno. Terminada esa casa, van a iniciar la construcción de otra y luego todos y todas participan en la construcción de la que sigue. Una cadena de manos que construyen un país.









8 comentarios
Hermoso proyecto, gracias por considerar mi crónica de Mayurupí. ¡Éxito!
que hermosos proyecto colectivo y que hermosa reseña y fotografias… apapachan el alma.
que belleza de proyecto…belleza de alcalde Parada por ese gran apoyo a la comunidad…ese es el mejor ejemplo.
excelente equipo de trabajo de la mano del alcalde del municipio peña, en la unión está la fuerza y en la fuerza se ve la voluntad de crecer y avanzar! gracias totales al gentilicio de Peña desendientes de indígenas decididos a superar en familia los obstáculos que vengan.
Excelente iniciativa de nuestro Alcalde Juan Parada dando la máxima felicidad a nuestro pueblo de la mano del Presidente Nicolás Maduro!!
Agradecida con el alcalde Juan parada y a su equipo porque ya estoy siendo beneficiaria del plan mayurupi 🥰
HERMOSO PROYECTO DONDE SE DA EL VALOR DE TENER UNA CASA QUE TU Construye PARA EL FUTURO DE TUS HIJOS. DESDE LO ECOLOGICO DESDE TOCAR LA Tierra EL BARRO Y SENTIR LO VALIOSO QUE SOMOS
Naguara, que maravilla
yo quiero la mis