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La gestión de la memoria colectiva

por Rubia Vásquez
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Ivel Urbina Medina y Rubia Vásquez Castillo

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Los museos comunitarios son el resultado de la gestión colectiva del patrimonio cultural material e inmaterial de las localidades. Son iniciativas que surgen ante la falta de presencia e interés del Estado en el resguardo y la visibilización de las herencias culturales de los territorios. Sin embargo, y aquí aparece una paradoja, estos espacios terminan contribuyendo a responsabilidades que, se supone, corresponden al Estado: la educación, la investigación, la atención de problemáticas comunitarias y la preservación de las memorias colectivas.

El antropólogo Luis Galindo argumenta: “…los museos comunitarios hacen todo lo que los museos normativos se supone deberían hacer…”. El compañero Reynaldo Landaeta, del Sistema Nacional de Museos en Venezuela, reitera la afirmación cuando señala que “Los museos comunitarios son el futuro de la museología”. Nosotras también coincidimos. Desde nuestro paso por el Museo Antropológico de Quíbor (MAQ) hemos podido conocer y trabajar junto con múltiples museos comunitarios en Venezuela y, aunque estamos lejos de conocerlos todos, podemos afirmar con certeza que sus experiencias son tan variadas y particulares que generalizar sobre lo que son o lo que hacen se vuelve una tarea complicada.

Para poder entender qué son los museos comunitarios, es necesario conocerlos; investigar; preguntarnos por sus logros y sus desaciertos, sus problemáticas e impactos en sus comunidades. No obstante, nuestros intereses no se quedan ahí, también nos preocupa cómo articularnos y contribuir con estos espacios desde las instituciones públicas y desde la antropología. Estas fueron algunas de nuestras primeras motivaciones para impulsar un proyecto en el MAQ que hoy tiene como productos, una compilación de estas experiencias recientemente publicada; y un capítulo de libro, en el horno.

Recorte de periódico de “El informador” de Barquisimeto publicado en 1979, en cual puede ser una de las primeras referencias de museos comunitarios en Venezuela. Cortesía del Archivo Hemerográfico del Museo Antropológico “Francisco Tamayo Yepes”

Entonces, ¿qué son los museos comunitarios? Lamentamos decirles que no tenemos una respuesta de manual, pero sí algunas sugerencias. Esta categoría surge a finales del siglo XX, a partir de las preocupaciones de la museología en América Latina y el Caribe en cuanto a las problemáticas asociadas con la gestión y el mantenimiento de la gran cantidad y diversidad de patrimonios culturales de la región. Pero, sobre todo, surge porque las personas en los territorios ya estaban asumiendo, por sus propios medios, la responsabilidad de atender estas problemáticas. Por lo cual, de alguna manera había que nombrar aquello que ya estaba ocurriendo.

Ante este escenario, el Consejo Internacional de Museos (ICOM) y la UNESCO concluyeron que era necesaria una reforma de los museos tradicionales — normativos— hacia la figura de “museos integrales”, los cuales refieren a espacios capaces de atender las necesidades de sus comunidades y sin limitarse únicamente a sus colecciones físicas. Esta fue una de las bases para el desarrollo de la nueva museología como paradigma.

Desde entonces y hasta ahora han cambiado muchas cosas. Los debates sobre estas experiencias y sobre cómo nombrarlas siguen en pie. Uno de los puntos más sensibles de la discusión gira en torno a cómo estimar el carácter “comunitario” de estos espacios. No es necesario caer en idealizaciones, sabemos que no toda la comunidad forma parte o participa en estos museos; las personas vienen y van; algunas permanecen más tiempo y pocas sostienen los proyectos a largo plazo, esa es una realidad. Pero no por eso habría que poner en tela de juicio su carácter comunitario, ya que muchas veces, la Academia, con sus sesgos de “neutralidad”, termina reproduciendo muchos más prejuicios de lo que les gustaría admitir. En todo caso, más bien esto es una invitación para analizar y reflexionar, ya que estos museos son una expresión más de las complejas dinámicas en los territorios.

Los museos comunitarios son, entonces, espacios que transitan, de manera tangencial o permanente, entre el resguardo, la divulgación y la investigación de las herencias culturales materiales e inmateriales, y de las memorias de las localidades. Son gestionados y mantenidos, principalmente, por personas pertenecientes a las comunidades donde se asientan o por quienes hacen vida en ellas.

Chucho Mora en labores educativas en el museo Juan Barajas, Socopó

Los tipos de colecciones, las temáticas de interés, las actividades, los modos y los ritmos son múltiples y cambiantes en el tiempo, es así que no existe un patrón único ni una predilección universal. En todos los casos, lo que sí parece común es la preocupación por preservar algo que se considera propio, valioso e importante de prolongar en el tiempo. Son espacios donde la educación es fundamental y, muchas veces, la curiosidad los conduce a la protección y la investigación de sus herencias.

Estos museos, al ser parte de la trama comunitaria de los territorios, sus usos y costumbres corresponden a las dinámicas y contingencias de las localidades. Si hay que usar los espacios para recibir la bolsa CLAP o el gas, se utiliza; si la escuela se inundó y necesitan un aula para dar clases, los espacios del museo están a disposición; si la gente debe reunirse para planificar un proyecto, tendrá un sitio seguro donde hacerlo. Sin embargo, también son espacios en disputa; de expresiones de las relaciones de poder y los valores locales (Luis Galindo, comunicación personal); de responsabilidades que no siempre se cumplen; de intereses individuales que se contraponen a los colectivos. ¡Son espacios muy complejos!

No olvidamos que los museos comunitarios también resguardan patrimonios materiales, como piezas arqueológicas, que al ser bienes culturales de la nación, deben estar resguardadas bajo ciertos criterios de conservación, mantenimiento y registro, que también nos permite hacer investigaciones de sus colecciones. No siempre los museos tienen esas condiciones —ni siquiera muchos museos nacionales cuentan con estas condiciones— por eso consideramos que el apoyo que podemos ofrecer es principalmente técnico, aunque muchas veces afectivo y moral también. En todo caso, creemos firmemente que son espacios valiosos a los que podemos contribuir y merecen su debido reconocimiento.

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Antropóloga

1 comentario

Norey Torrealba 26 mayo 2026 - 09:41

Excelente aporte para los museos comunitarios que nos hace más fuerte y con más ganas de seguir adelante con nuestro trabajo

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