Texto y fotos: María Montoya
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Aquí vamos a hablar de María Antonia, pero no la que menciona la canción de José Ramón Villarroel, si no de una mujer cojedeña nacida en 1945 en Manrique, estado Cojedes, a quien su familia tildó de loca por concebir la idea de crear una chocolatería.
A sus 81 años María Antonia Pérez de Villalobos tiene la energía de una mujer de 50 y la extraordinaria lucidez de quien sabe lo que quiere, y quien además ha entendido que la edad no es un decreto de jubilación o un límite para emprender, sino el acumulado necesario para soñar, y soñar en grande.
Durante 24 años trabajó de manera independiente como peluquera y dueña de su propio salón de belleza, fue ahí donde empezó a ofrecer tratamientos cosmetológicos que la llevaron a su primer encuentro con el procesamiento del cacao. La señora María Antonia conocía las propiedades de este fruto y lo beneficioso que es para la salud, así que incluyó en sus servicios de estética la exfoliación con mascarillas a base de cacao, algo bastante innovador para la época. Sin embargo, ciertas circunstancias económicas la llevaron a cerrar su estética y arraigarse en el campo, atraída por las plantas y el clima de montaña, convirtiendo su casa en un aula del aprendizaje cacaotero.
Una vez establecida en su casa la señora María Antonia decidió abrir un spa, en el cual trabajó durante 5 años aplicando la chocolaterapia, siendo estos tratamientos estéticos lo que la llevaron a sembrar matas de cacao y así poder obtener la materia prima para las exfoliaciones.
Pero hace cinco años todo eso dio un inesperado pero muy certero giro, ya que decidió dejar a un lado los masajes y las exfoliaciones para dedicarse a la producción del cacao comestible y sus derivados.
Yo ya sabía por la cosmetología que el cacao tiene propiedades medicinales y cosméticas fabulosas. Exfoliábamos la piel con el grano procesado, pero conservando su grasa natural. Pero después, viendo esas plantas cargadas de frutos, me enamoré de la producción alimentaria. Me fui a Caracas a hacer mis talleres de chocolatería especializada y aquí me ve, metida de lleno en el procesamiento del cacao (…) Este es mi pequeño laboratorio provisional, porque ya tengo listos los planos para edificar el laboratorio definitivo… Las máquinas artesanales que uso me las confeccionó mi esposo. Tengo un molino artesanal, una peladora y tostamos a fogón… El cacao es un maestro muy delicado y, como digo yo, pretencioso. Por ejemplo, para sacar la pasta fina del bombón, la maquinita pasa hasta 24 horas batiendo. Hay que controlar todo con termómetros porque el chocolate no puede pasar de los 40 grados en la máquina de vapor activada; si lo pones a fuego directo, se te quema y pierde las propiedades.
Llaman la atención el chocolate picante y los rellenos de la región:
¡Es que hay que innovar constantemente, uno nunca deja de aprender! Hacemos bombones con moldes de policarbonato rellenos de mermeladas naturales que yo misma preparo: de parchita, guayaba, cambur, coco, guanábana, plátano y hasta mango añejado. Pero el chocolate picante sorprende a todos… La gente cree que es chocolate con ají, pero no. Nuestra receta lleva pimienta, jengibre, maní picante y un toque secreto de tocino… Eso queda exquisito, es un desayuno completo en una barra de chocolate… También hacemos el chocolate al 100% puro, amargo, sin extraerle su aceite natural… Es un alimento neuronal; por aquí vienen madres con niños autistas a buscarlo porque la mejoría en la concentración de los niños ha sido abismal.




El top máximo de la economía comunitaria es romper con el desperdicio; María Antonia afirma que del cacao se aprovecha hasta en el suspiro:
Al cacao no se le desperdicia absolutamente nada. La corteza exterior, la cáscara gruesa, la procesamos y se convierte en abono orgánico para el propio vivero y las plantaciones… La cascarilla que suelta la almendra en el tostado la limpiamos y la vendemos como té medicinal; los médicos naturistas la buscan muchísimo para regular la tiroides, la diabetes y el hígado. Y lo más novedoso: el ajicillo, que es el fruto pequeñito del cacao, también le llaman el chirelillo… Ese fruto tierno lo buscan los señores para picarlo y tomarlo hervido en té dos veces al día, porque es una medicina santa para la próstata… aquí no se desperdicia nada.
Un futuro no muy lejano
La señora María Antonia no habla en pasado, habla en futuro, de planos para construir, de proyectos por culminar, de máquinas por adquirir y hasta de una escuela por fundar, y por si fuera poco tiene metida entre ceja y ceja la grandiosa idea de convertir un espacio de su casa en un parador turístico y así ser la primera cojedeña en ofrecer una ruta del cacao donde los visitantes puedan llevarse una deliciosa experiencia con sabor a chocolates “María Antonia”. Su propio nombre de pila es el nombre que le ha dado a los productos y derivados que ella ofrece en su casa, la idea llego por una anécdota familiar:
Cuando yo comencé con este proyecto, Denisse dijo que estaba loca, ya creen en mí, y entonces ahora yo les digo: María Antonia es una mujer que esta loca de remate, escribe con una escoba y barre con su chocolate.
Ahora recibe ayuda de sus nietos, bisnietos y tataranietos. Un sobrino ingeniero le diseñó los planos para el laboratorio, una nieta en Colombia la llena de ideas que pone en práctica, su bisnieto Miguel diseña los empaques de los productos y le lleva las redes sociales.
–Hay quienes piensan en jubilarse o en que el conocimiento es un secreto muy privado. ¿Qué le dice a esa Venezuela?
–Yo les digo que la edad no tiene límites. Si tú te archivas en una silla, te pones vieja y ya no te puedes mover. Yo tengo 81 años, soy madre, abuela, bisabuela y tatarabuela, y me siento mejor que nunca… Mi salud está perfecta porque no guarda odios ni rencores, y porque como cacao todos los días. El conocimiento es para sembrarlo en los demás. Mientras tengamos ideas y tierra para sembrar, en este país lo que sobra es capacidad para inventar nuestro propio destino…
Ya tenemos clientes fijos a los que les enviamos por empresas de encomiendas a varias partes del país, como a Valera y otros Estados, además del puestico que atiende a mi hija adoptiva en San Carlos. Pero no nos quedamos ahí. Para los próximos meses, con el favor de Dios, aspiro a adquirir dos máquinas grandes: una refinadora industrial con rodillos de granito y una pulverizadora para que el chocolate quede como un talco, finísimo…
El proyecto grande, el que me da vida, es la Escuela. Vamos a ampliar la casa, a hacer el laboratorio definitivo y a fundar la Escuela de Chocolate de Cojedes. Yo quiero dejar un legado, enseñar todo esto a las comunidades y que nuestra casa sea una parada oficial de la ruta turística y productiva del estado Cojedes.
Sus redes sociales:
