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La poesía es un utensilio de trabajo como herramienta del espíritu

por Gino González
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Gino González | Máscaras de la mercancía

“Allá en aquella laguna

está una garza pará

con una pata en el aire

y la otra levantá”

Esta copla que ella recordó haberla escuchado de niña, me la dijo una vez mi mama vieja. Ese tipo de poemas juguetones construidos más que todo con hipérboles y antítesis, es común en la poesía popular. La que no es popular, por cierto, no sé cuál será. Así como antes de que se inventara la ciencia institucional ya los pueblos hacían ciencia, también pasa con la poesía. De un poema conocerás el autor y el tipo de recursos literarios empleados, pero la autoría de estos últimos en sí es indeterminable. Un reto para Roberto Malaver y su columna InventANDO: Escribimos poemas, pero ¿quién inventó la poesía?

El lenguaje cotidiano está poblado de todas esas figuras poéticas, así como de relatos con su carga de mitos y leyendas.

Eran dos perros tan bravos

y la pelea tan feroz

que quedaron fue los rabos

pues se comieron los dos

El arte es una necesidad también vital para sobrellevar la vida. Sin belleza no se vive y andamos en una búsqueda permanente de la alegría. Más aun quien la pierde o ha permitido que se la roben. Bueno, pero hay quien intenta sustituirla artificialmente con flores de plástico y un pájaro enjaulado.

En el trabajo existe la tendencia del mínimo esfuerzo y también se activa el arte para contrarrestar el tedio. En el descanso se repone la energía corporal, pero también el ánimo y aquí es donde entra el arte, y en este, desde luego, la poesía, la cual es un bastimento nutritivo en la jornada. “Me gusta cuando en el cuerpo siento una gota e sudor”, cantó Dámaso Figueredo.

Maravilla eso que somos y menospreciamos. Existen cualidades inherentes por naturaleza y como pueblo que deberían ser admirables y fortaleza para exaltar y apreciar nuestra creatividad en la resolución de los problemas propios de estar vivo.

Decapitados del cuerpo, no se sabe cuándo, ni cómo ni quién, nos extirpó el placer y el goce por la creatividad para terminar asumiendo y venerando la prótesis que te inclina, y transfiguró el gusto hacia comprarlo todo en una espeluznante enajenación que condujo a creer con vehemencia que lo único que hay que producir es dinero en esta vida, y es hacia allí donde se redujo la creatividad. No sé en qué parte de la razón humana habría que buscar esa tendencia al despilfarro, incluyendo la paradoja de que quien más despilfarra es quien menos tiene. ¿Qué podría despilfarrar quien nada tiene? Quién sabe… no solo se despilfarra dinero, sino también agua y electricidad, aplausos, la cortesía en muchos casos; el espacio, la vida.

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Se trata, no de poemas, sino de la poesía. De disfrutar esa cualidad que poseemos y colocarla en el sitial preferido de nuestras emociones. En la sobrevivencia primitiva que sigue allí intacta oculta en el cerebro, la acumulación y el mínimo esfuerzo se hacen vicio, puesto que estamos configurados como el resto de las especies al trabajo sostenido para la consecución del alimento, el abrigo e incluso el sexo. La poesía forma parte de la sobrevivencia. De allí su ausencia donde no hace falta para dejarte a merced de lo inocuo, lo superficial y la estupidez. Sin poesía terminamos alucinados en los centros comerciales. Obesos y raquíticos celebrando la decadencia.

Pero no se extingue del todo, sólo queda allí relegada. A veces titila a lo lejos cuando escoges las caraotas para cocinar y antes de lavarlas, ponerles agua y montarlas al fuego, remueves y acaricias las semillas en el envase porque el sonido es agradable al oído y la textura a las manos; o quizás en una conexión ancestral de cuando las tuyas las cultivaron.

La poesía ha estado allí entre los utensilios de trabajo como herramienta del espíritu. Es por eso que ha sido entre los pobres donde más ha proliferado para sobrellevar la carga. Si usted revisa esa cualidad en los pueblos, en mi caso, refiriéndome a esa garza con las dos patas al aire por lo que debía estar detenida en el cielo; muchas y muchos había que eran poetas y narradores y no lo sabían y eso no importaba, pues lo importante era la poesía y el cuento como tal, necesarios como el alimento y elemental como el agua como dijo el poeta y como yo ya les había dicho. Eso cuando el arte aun no era mercancía y aquel coplero aún no se había percatado de que podía ganarse la vida más fácil cantando y no al lomo de un caballo o templando cuerdas de alambre.

Da compasión

y esa es la peor miseria

de que vivas y que mueras

desconociendo la flor

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Cantor, escritor y educador

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