Alejandro Silva Guevara
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No estamos hablando de un software o una aplicación, mucho menos de Inteligencia Artificial, sino de una serie de estudios que se realizan en todos los países del mundo. Tienen como fin registrar cómo ese espacio, fronteras adentro y con sus propias delimitaciones administrativas, se conecta internamente entre sus pueblos, ciudades e industrias; el estado de esas vías y las proyecciones para la creación de nuevos accesos con todo lo que conlleva este tipo de crecimiento, como el de nuevas poblaciones e incluso ciudades.
El Nomenclador Vial debe reunir una serie de atributos predeterminados: precisar los nombres de las vías, las distancias exactas que tienen cada uno de los segmentos o troncales. Por ejemplo, la troncal que va desde el estado Miranda hasta Santa Elena de Uairén, que tiene una aproximado de 1.256 kilómetros y es la más larga del país: cuántos estados atraviesa y la distancia entre estos; cuántos puentes, túneles, islas, rampas de frenado o normales, y cuántos cajones posee. también debe registrar si la vía está asfaltada completamente, cuándo fue la última vez que se asfaltó; debe señalar los tramos sin asfaltar, si la vía está iluminada, cuántas estaciones de servicio (o bombas de gasolina) hay en esa vía; cuántas ciudades, poblaciones y caseríos se encuentran en ella, si cuentan con los servicios de luz, agua, telefonía, redes de abastecimiento y consumo, etc.
Otros atributos que debe analizar el Nomenclador son los referidos a las características del terreno y las inclinaciones que posee, cuáles y dónde están las cuencas cercanas, la vegetación y sus variedades, en qué tramos hay zonas montañosas, llanas o mixtas, el clima de cada zona a lo largo de cada troncal, entre otras especificaciones. También reúne información sobre los oleoductos, depósitos industriales, vías férreas (funcionen o no), ubicación de silos, etc.

Se podría pensar que toda esta información también incluye las especificaciones viales de las ciudades, pero resulta que ese tipo de información es de poco interés para el Nomenclador. Además la distribución, nombres de calles, rutas existentes y nuevas en urbanizaciones, zonas comerciales de las ciudades, y todo este tipo de información detallada con todas sus particularidades, es parte de la responsabilidad de las municipalidades y de Catastro.
“El Nomenclador es la lógica estructural de un país”
El Ministerio del Poder Popular para el Transporte (MPPT), a través de su Vice-ministerio de Planificación, es el encargado de realizar este complejo trabajo que presenta una desactualización que data de poco más de 50 años. Todo lo que existe del último Nomenclador que se realizó en los años setenta está en papel, sin digitalización. Para realizar los nuevos estudios, el MPPT solicitó la ayuda del Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y Tecnología (MINCYT), en el mes de mayo del año 2025, con el fin de saldar la deuda de actualización pendiente. Luego remitieron la tarea al al Centro de Geomática del Instituto de Ingeniería, lo que fuera el antiguo Centro de Procesamiento de Imágenes Satelitales creado hace más de 40 años. Ahora está dirigido por Daniel Moreno, quien aceptó el reto de llevar a cabo la titánica tarea.
Dice Moreno:
Para poder desarrollar un país, debes saber qué tienes, cómo lo tienes, o en qué condición se encuentra (…) Aunque exista una exploración previa, los campos verdes, no solo donde hay petróleo, sino cualquier otro rubro que se quiera explotar, no poseen ningún tipo de infraestructura, por lo que es imposible hacerlo sin estudio y planificación. Para que el Nomenclador cumpla su función, debe tener una serie de atributos basados en el inventario de la realidad, de eso que efectivamente se tiene, con sus distancias, terreno, condiciones y más; del resto se encarga el MPPT.
Más de 70 Años de historia representan un cambio significativo en los datos, aunque la diferencia es que el trabajo actual se está realizando con la ayuda de algunos satélites que, aunque son privados, permiten y facilitan la recolección de información de manera gratuita. Moreno proyectó el año pasado el plan de trabajo y van a realizar la actualización en dos momentos, del cual el primero ya está en marcha y consta con la recolección de información de diez entidades, entre ellas Distrito Capital, La Guaira, Miranda, Aragua, Yaracuy, una parte del estado Carabobo y actualmente están trabajando en el estado Lara. Está pautado para el 2027 concluir el resto del país.

Esta etapa del Nomenclador suma, aparte del aporte de los satélites, la utilización de un programa de software libre llamado Qgis, y una aplicación para teléfonos móviles que se llama Qfield. En ambas el equipo dirigido por Moreno, podrá compartir esta información para el acceso de quienes requieran de ella, pero conscientes de que es un tipo de información que tiene otras utilidades de mayor envergadura, y es el MPPT quien tiene la obligación de hacerla pública. Por ejemplo: la explotación petrolera que se avecina, requerirá del Nomenclador para poder estudiar por dónde irán las vías, los oleoductos, los depósitos, las bombas de gasolina, debe prever la creación de poblados o ciudades con todo lo que estos requieren, como servicios y el comercio, etc.
Pero aun falta un paso para reafirmar toda la información del Nomenclador que arroja un 95% de exactitud, y que es como se hacía el mismo hace más de 50 años, y es el trabajo de campo. A pesar del alto grado de exactitud de los datos recabados, el trabajo de campo consolida esa información corrigiendo errores que van desde centímetros, hasta alrededor de 1 metro. Es importante porque ese margen de error se puede traducir en fallas de cálculo en los costos. Una vez realizada la validación del trabajo de campo, es cuando pasa al MPPT, quien se dedicará a la planificación total del desarrollo de las nuevas vías.
La nomenclatura Daniel Moreno
Daniel Moreno es Caraqueño. Vivió en la Cañada del 23 de Enero y estudió bachillerato en el Liceo “Andrés Bello”, en los tiempos aciagos en que las piedras, los perdigones y las lacrimógenas hacían que algunos habitantes de Caracas se aprendieran todas las vías alternas de una ciudad con ganas de estallar, y que cargaran su perolito de vinagre con un pañuelo, por si las moscas. Se graduó de geógrafo por culpa de los paseos a los que lo llevaba su papá, llenos de montañas, carpas y eso que llaman aventuras, y no se le ocurrió otra institución para continuar sus estudios que el Pedagógico de Caracas, donde también había piedras, perdigones, consignas y bombas lacrimógenas.
Su formación se completó con una especialización en la Universidad Central de Venezuela (UCV), en el área de Biociencias. Trabajó 18 años en la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis). De allí pasó a formar parte del equipo de la agencia Bolivariana para Actividades Espaciales (ABAE), en la sección de Ciencia, Formación y Desarrollo. Luego formó parte brevemente del Ministerio de Desarrollo Minero, Ecológico e Industrial, para posteriormente Integrarse al equipo del Instituto de Ingeniería como jefe del Centro de Geomática y encargado del nuevo Nomenclador Vial.
En estos tiempos en el que venezolanos y venezolanas hemos sido golpeados salvajemente por catástrofes de todo tipo, esta labor viene a formar parte de la obstinada pretensión nuestra de renacer.
