Texto y fotos Nathan Ramírez
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“Oye, tú maltratas a los pobres arbolitos cortando y retorciendo sus ramas y los metes en un porrón pequeñito”. Es muy frecuente toparme con este comentario cuando digo que cultivo bonsái. La verdad es que ese comentario que humaniza a una planta está sesgado de una profunda incomprensión por no llamarlo ignorancia.
Nuestro vínculo con las plantas es inherente a nuestra evolución y cuando logramos domesticarlas desarrollamos la agricultura. Fue el inicio del crecimiento humano como civilización. Y te preguntarás, ¿qué tiene que ver el bonsái en todo esto? Pues hagamos un poco de historia.
El hombre hizo ciencia en el cultivo de plantas con el principio básico del método científico, observación, ensayo y error e hizo arte de igual manera, solo que con un fin más introspectivo y expresivo.

La historia del bonsái no está muy clara, pero tiene dos posibles orígenes. Uno, el más difundido, se refiere a que algunos monjes budistas chinos hace unos dos mil años encontraban pequeños arboles atrofiados que nacían en las grietas de paredes o peñascos y los sacaban, los ponían en bandejas o macetas (eso significa bonsái, árbol en bandeja) y éstos le daban una especie de culto a la naturaleza en una pequeña ambientación artística. Esta parte de la historia ubica al bonsái como una expresión artística cargada de misticismo sin mayor intención que la admiración y la adoración.
Otra versión de la historia es que estos mismos monjes, o quizá otros personajes, usaban plantas medicinales para preparar soluciones en ungüentos y brebajes, y viajaban con ellas de forma itinerante en carretas por los pueblos llevando sanación a los enfermos. En estas carretas transportaban esas plantas, y qué mejor manera de transportar esos árboles y arbustos en carretas que disminuyendo su tamaño podando sus raíces, pero potenciando su follaje a través de la poda constante de sus hojas. Esta es la versión científica que a mí me encanta.
El bonsái es considerado un arte vivo, y el bonsaísta, un artista colmado de paciencia. Esto se debe a que el bonsái llegó desde China hasta Japón hace menos de mil años y causo gran sensación en el imperio japonés y le dieron un uso decorativo en sus palacios y mansiones. Así que Japón estableció las reglas estéticas del bonsái creando estilos y diseños muy apegados a las formas que los árboles tienen en la naturaleza, para darles una semblanza más realista a estas miniaturas vegetales.

Vamos a ponerle mas ciencia a la vaina.
Se forma el aspecto estético del árbol teniendo en cuenta la respuesta que éste da al corte de ramas, hoja y raíces, pero el mantenimiento de la salud y el crecimiento del árbol está estrictamente relacionado con la ciencia botánica, con la biología. Un bonsaísta debe estudiar a fondo la anatomía de las plantas, conocer de su raíz, su tallo, su corteza, sus ramas, hojas, flores y frutos, y esto por cada especie de árbol que vaya a trabajar.
Aunque básicamente a todas las plantas le puedes aplicar las técnicas de cultivo del bonsái, muchas no dan resultados estéticos favorables. Por ejemplo, un árbol de mango o aguacate reducido a bonsái no disminuye el tamaño de sus frutos y sus hojas y esto desproporciona estéticamente al bonsái y puede hasta romper sus ramas. Algunos arboles como las manzanas, mandarinas y cerezos si disminuyen considerablemente sus frutos y hojas y son frecuentes en las exposiciones de bonsái.
Hay árboles que son de hojas perennes y otros de hoja caduca o de estación otoñal. También hay árboles de suelos compactos, arenosos o porosos, y hay algunas especies de rigurosa exposición a la luz solar o al riego constante. Con todos estos conocimientos estéticos y científicos tiene que lidiar un bonsaísta para tener éxito en el cultivo de sus plantas, plantas que van a vivir muchos años (hay bonsáis centenarios). Esto casi lo convierte en un monje, porque lo que definitivamente un bonsaísta NO es, es un jardinero (con el respeto que éstos se merecen).

Aunque utilizar las técnicas del bonsái para tener arboles frutales en casa es un despropósito, sí podemos usar estas técnicas en plantas como el laurel, el romero, el orégano, la albahaca, la Jamaica, etc. Y volver a ese noble propósito de usar las plantas como especias o medicinales, desde la comodidad de nuestros balcones.
El arte del bonsái ha sido asociado también al principio estético y ostentoso capitalista para un uso elitesco y exclusivo de pocos. Un bonsaísta de élite debe invertir dinero en herramientas, macetas y productos de cultivo que llegan a costar cientos de dólares, y quien quiera tener un bonsái decorativo en casa debe pagar mucho dinero por un ejemplar y luego pagar a un bonsaísta para que le haga el mantenimiento. Sin conocimientos seguro se morirá tu inversión, porque un bonsái no es una planta solamente, es arte vivo. Existen alternativas para quien quiera practicar este arte-ciencia con herramientas convencionales de construcción y jardinería. Pero los apasionados y los pudientes prefieren invertir en herramientas especializadas.

Ahora a lo que me interesa desde el inicio de esta reflexión, ¿maltratamos o hacemos daño a un árbol cuando lo hacemos bonsái? Volvamos a la ciencia.
Las plantas son seres vivos y por ende sienten (no sabemos cómo) y lo sabemos porque responden a todos los estímulos como cualquier otro ser vivo. Responden al calor, al frío, a la luz y a los cortes de ramas y de hojas. Estudios recientes han comprobado que se comunican (de una forma incomprensible para nosotros). La comunicación de las plantas con otras especies de seres vivos las hacen con sus flores y frutos a través de llamativos colores y aromas para lograr la polinización y la dispersión de semillas.
Otra forma de comunicación se detectó en África con las acacias, que son el alimento favorito de las jirafas. Estas acacias desarrollaron espinas para que no les comieran las hojas y las jirafas desarrollaron bocas resistentes a estas espinas. Entonces la acacia libera sustancias químicas que amargan sus hojas y la jirafa deja de comerlas y se va a otro árbol. Lo sorprendente para el estudio botánico es que esas sustancia químicas que libera una planta se esparcen con el viento y llega hasta las plantas mas cercanas y estas comienzan a producir el jugo amargo antes que llegue la jirafa y así no son comidas sus hojas, en una evidente comunicación a distancia entre las acacias.

Y por último tenemos la comunicación entre raíces de la misma y/o de otras especies de arboles y crean una especie de sinapsis como las del cerebro animal, pero esta si que es muy compleja y más difícil de entender o para mí de explicar.
Lo cierto es que no sabemos cómo siente una plata desde el punto de vista humano y es absurdo humanizarlas para hablar de sufrimiento. No hay planta en el mundo mejor cuidada que un bonsái e infligirle un sufrimiento o maltrato iría en detrimento del objetivo que se persigue como lo es la salud y belleza del árbol.
Y si se te ocurre hacerme la pregunta inicial de este texto te diré, ¿y a ti no te da pesar matar una lechuga a mordiscos?


1 comentario
Qué belleza!