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Wendy Navarro y la memoria del Baile en Candela

Crónica de un viaje a Sorte, donde la espiritualidad de María Lionza, la defensa de la Madre Tierra y la memoria ancestral se encuentran entre las brasas

por Carmen Barrios "Cale"
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Carmen Teresa Barrios “Cale”

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A Sorte no se llega una sola vez. La montaña exige regreso, permanencia y escucha. Hay que caminar sus senderos, atravesar Quibayo, mirar cómo cambia la luz entre los árboles y dejar que el cuerpo aprenda el ritmo del lugar. Hay que quedarse, conversar con su gente, compartir la comida, observar los silencios y comprender que la montaña no se entrega al visitante apresurado.

He caminado por Quibayo, he vuelto a la montaña y, en una de esas visitas tuve la oportunidad de quedarme en la casa de Wendy Navarro. Allí conocí a su familia, compartí la intimidad sencilla de su hogar y descubrí a la mujer que existe detrás de las historias, los rumores y las etiquetas. En algunos relatos, Wendy aparece nombrada como “la bruja más bruja de Venezuela”. Esa expresión, repetida incluso por grupos religiosos que desde Brasil se congregan para orar contra ella, revela más sobre los temores de quienes la pronuncian que sobre la propia Wendy. Porque al convivir con ella no encontré una figura oscura ni distante. Encontré a una mujer abierta, generosa y buena con las personas, dispuesta a escuchar y a compartir sus conocimientos sin convertirlos en mercancía. Wendy no cobra una consulta como quien establece una tarifa para acercarse a lo sagrado. Su relación con la gente nace de otra lógica: la acogida, la palabra, la orientación y el compromiso con una tradición que no entiende como espectáculo, sino como responsabilidad.

En la casa de Wendy comprendí que Sorte no es únicamente el lugar donde ocurre el Baile en Candela. Es una escuela viva. Allí se aprende que la espiritualidad no está separada de la naturaleza, que el río no es solamente agua, que el árbol no es solamente madera y que la montaña no puede ser reducida a un paisaje. Wendy es ecologista, cultora y defensora de la Madre Tierra. Su práctica cotidiana está vinculada con la protección del territorio y con la preservación de los saberes que rodean el culto a María Lionza. En ella, la defensa de la naturaleza y la defensa de la cultura forman una sola lucha. Por eso su figura no puede entenderse únicamente desde la palabra “bruja”, una categoría que otros le han impuesto. Wendy es, ante todo, una mujer de conocimiento, una mujer que ha hecho de su vida un puente entre la espiritualidad popular, la memoria ancestral y la defensa de un territorio sagrado.

Para comprender el Baile en Candela hay que ir a la montaña, pero también hay que volver. Una sola visita permite mirar el fuego; varias visitas permiten comenzar a entender lo que ese fuego significa. Las brasas no son solamente brasas. En ellas se concentra una memoria antigua, una experiencia colectiva y una forma de relación con lo sagrado. El tambor, el trance, las danzas, las ofrendas y los cuerpos que atraviesan el fuego forman parte de una ceremonia que sus participantes viven como expresión de fe, purificación y comunicación espiritual. Desde afuera, alguien puede observar el riesgo. Desde adentro, los devotos reconocen un acto de entrega.

El Baile en Candela no es una demostración para el visitante: es una práctica para quienes mantienen un vínculo profundo con la montaña, con María Lionza y con las cortes espirituales que forman parte de esta tradición. Allí comprendí que el fuego no solo ilumina la noche. También ilumina una historia: una historia indígena, africana, campesina y popular que se niega a desaparecer. El culto a María Lionza constituye, para sus creyentes, una forma de reconocimiento de los orígenes, las raíces y la ancestralidad venezolana. En su universo espiritual convergen memorias indígenas, africanas y europeas, pero también una relación profunda con la naturaleza y con la defensa de la vida.

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Esa dimensión permite comprender el culto como parte de una conversación más amplia del Sur Global: la conversación de los pueblos que han protegido sus conocimientos frente a la colonización, la imposición religiosa, el desprecio cultural y la explotación de sus territorios. El saber de Sorte no está encerrado en una montaña. Dialoga con otras comunidades de América Latina, el Caribe y África que defienden sus formas de comprender el mundo, sus prácticas espirituales y sus vínculos con la tierra. Es un conocimiento que produce una manera propia de interpretar la existencia: una manera en la que la naturaleza tiene espíritu, la memoria tiene cuerpo y la comunidad tiene responsabilidad. En ese sentido, Wendy Navarro puede ser reconocida como una guardiana de la memoria cultural de Sorte y como una protectora de saberes que pertenecen a una tradición venezolana, pero que también forman parte de la gran herencia cultural del Sur Global.

No se trata de convertirla en un personaje legendario separado de su humanidad. Al contrario: su fuerza está precisamente en lo cotidiano, en la casa abierta, en la conversación, en la atención a quien llega, en la disposición a compartir y en la manera en que su vida familiar, su defensa ecológica y su práctica espiritual se encuentran en un mismo territorio. Cuando se habla de resistencia indígena, muchas veces se piensa únicamente en el pasado. Pero en Sorte la resistencia continúa en el presente: en la conservación de los rituales, en la transmisión de los saberes, en la defensa de la montaña y en la decisión de no abandonar una espiritualidad que durante siglos ha sido perseguida, ridiculizada o reducida a superstición. El culto a María Lionza es, para quienes lo practican, una afirmación de pertenencia. Es decir: aquí están nuestras raíces, aquí están nuestros muertos, aquí están nuestros ríos, aquí está nuestra memoria. Por eso el Baile en Candela también puede leerse como un sentimiento patrio y nacional. No un patriotismo de discursos vacíos, sino uno nacido de la tierra, de la ancestralidad y del reconocimiento de los pueblos que construyeron la historia de Venezuela antes y después de la llegada de Europa. En las brasas se encuentran los antepasados, los héroes, las comunidades indígenas, las raíces africanas y la espiritualidad popular. Todo eso forma parte de una identidad que no es uniforme, sino mestiza, rebelde y profundamente vinculada con el territorio.

Después de caminar Sorte, de pasar por Quibayo y de convivir con Wendy y su familia, entendí que investigar el Baile en Candela no consiste solamente en describir una ceremonia. Consiste en acercarse con respeto a una forma de conocimiento. La montaña enseña que la cultura no siempre está escrita en archivos. A veces vive en una casa, en una conversación, en una mujer que recibe a quienes llegan, en una familia que comparte su espacio y en una comunidad que protege sus ritos. Wendy Navarro es parte de esa memoria viva. Su historia no puede separarse de la montaña, ni la montaña puede comprenderse sin escuchar a quienes la han defendido. En ella se cruzan la espiritualidad, la ecología, la hospitalidad y la resistencia cultural. Por eso hay que ir, caminar, quedarse y volver. Porque el Baile en Candela no se comprende desde lejos.

Se comprende cuando el fuego ilumina los rostros, cuando el tambor golpea el pecho y cuando uno descubre que la resistencia indígena no es una palabra del pasado, sino una fuerza que todavía respira en la montaña. Y allí, entre la tierra, el agua, los árboles y la memoria de María Lionza, Wendy permanece como una de sus guardianas: no como dueña de un secreto, sino como mujer que protege, comparte y mantiene encendida una llama cultural que pertenece a Venezuela y dialoga con todos los pueblos del Sur Global.

Por medio del Acuerdo 033-2026 de fecha 28 de septiembre de 2026, el Consejo Legislativo del Estado Yaracuy declaró a Wendy Navarro Patrimonio Cultural Viviente y Portadora de Tradición del estado Yaracuy. La distinción reconoce sus más de 28 años de trayectoria en el sector Quibayo, en el Cerro María Lionza, como lideresa espiritual, partera, ecologista, cultora de la medicina tradicional y defensora de la identidad afroindígena. El acuerdo dispone la notificación al gobernador del estado Yaracuy, Leonardo Intoci Cipullo; a la autoridad regional de cultura; a la Alcaldía y al Concejo Municipal de Urachiche; así como a la Red de Mujeres Afroindígenas. También establece su publicación en la Gaceta Oficial del estado.

Este reconocimiento institucional honra la trayectoria de Wendy Navarro y reafirma el valor de los saberes ancestrales, la memoria viva de Sorte, la espiritualidad vinculada al culto de María Lionza, la defensa de la Madre Tierra y la continuidad cultural del Baile en Candela como expresión de la identidad afroindígena y venezolana.

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