Hace exactamente diez años anduve por uno de los territorios más alucinantes que he conocido. Si sientes el impulso de decir «Ah pero lo mismo dijiste sobre el páramo, el Orinoco y la ruta de Barinas a Apure», dilo sin rollo: sigue siendo verdad que el territorio de hoy es de los más alucinantes. ¿O serán tan sólo poco conocido? ¿O raramente reseñado?
También, por fortuna, es ignorado por el «gran» turismo, ese monstruo de miles de patas y sufriente de la enfermedad de la bulla y la contaminación. Ignoro si en esta década se desató ese turismo a depredar en masa ese territorio insular. Se trata del municipio insular Almirante Padilla, en el estado Zulia. Que lleve el nombre del ilustre y después denostado prócer colombiano ya es un detalle inquietante, una discordancia más entre las que lo distinguen.
Es un archipiélago conformado por una serie de islas que «taponean» la entrada desde el Golfo de Venezuela hacia el Lago de Maracaibo (y también la salida en sentido contrario, obvio).

Llegar allá es tan fácil como ir a San Rafael del Moján desde el terminal de Maracaibo, abordar una lancha para cualquiera de las islas (había un ferri que también zarpaba para allá dos veces al día) y zambullirse en esa Venezuela que, afortunadamente, no suele aparecer en los catálogos de turismo convencional. Ya ese dato, que el sistema cotidiano de transporte sean embarcaciones, empieza a tejer sensaciones poco comunes en el visitante venezolano, acostumbrado a que a casi todos lados se viaja y se llega por carretera.
Ver las islas desde un acercamiento en el mapa proporciona otro descubrimiento: yo creía que entre el Lago de Maracaibo y el Golfo de Venezuela sólo había ese cuello Flaco en forma de embudo que uno nota a simple vista, pero no se imagina que existe allí una barrera natural, un archipiélago, especie de alcabala entre el Lago y la mar abierta.
A ese archipiélago donde gobierna el mangle uno puede ir a disfrutar de los paseos y las playas, sí. Pero el experimento que vale la pena es ir al encuentro como el pescador camaronero, con el ser humano que está repensando su entorno en términos de proyecto autosustentable. Ir y lanzarse un día una jornada de pesca con la gente de Zapara, Maraca o San Carlos, con chinchorro o anzuelo, para ver cómo siente, piensa y dice la gente que custodia la entrada al Golfo.
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Maraca es la primera isla del municipio Almirante Padilla que uno se encuentra al viajar en lancha desde San Rafael de El Moján.

Allí podían verse rastros, aunque pocos, de una antigua cultura de pescadores y constructores de palafitos; son los sobrevivientes del pueblo añú. También llamados «paraujanos» por los wayúu, la etnia vecina y más populosa del estado Zulia, el nombre de ese pueblo significa “gente del agua”, y no hay que ser muy perceptivo cuando uno viaja a ese archipiélago para entender de dónde les viene la denominación. Son criollos o criollizados la mayoría de los 400 habitantes de Maraca (la mitad, niños menores de 15 años), pero hay en muchos de ellos un impulso de conservación y rescate del dato cultural añú. Nos contó esa vez Carlos Morales, uno de los pescadores de la isla, que su idioma se perdió o estuvo a punto de perderse unas dos generaciones atrás, entre otras cosas “porque a mucha gente le daba pena” hablar en su lengua. Parece que los mayores y ancianos la usaban en sus conversaciones cotidianas, pero los niños eran sacados de estas conversaciones para adultos. Mantenerse alejados era una muestra de respeto debido, pero esto hizo que ningún menor aprendiera ese idioma y poco a poco fue cayendo en desuso.
Además, para efectos de la comunicación con el resto de la sociedad era más cómodo o práctico comunicarse en castellano o en wayuunaiki (la lengua de los wayúu, mucho más usada y difundida).
No sólo el idioma ha sufrido amenazas de extinción: el uso de cemento en las construcciones ha hecho que quede desplazado el palafito tradicional, que los añú solían fabricar con madera de mangle rojo y amarillo, y la hierba llamada enea para los techos. En Maraca todavía podían verse unas pocas casas construidas con esos materiales y técnicas. Pero ya predominaba el cemento.
Sin embargo, la clave de este pueblo pescador es la resistencia. Resistencia cultural y también física contra la invasión del capitalismo y sus métodos. Jesús Morán, otro miembro de la comunidad, recordaba entonces que antes los pescadores debían llevar la mercancía para El Moján, donde los caveros (los compradores de pescado al por mayor) les pagaban precios ridículos por los productos del mar en las costas. Éstos son los que se los llevan en cavas para venderlos en pueblos y ciudades por un precio varias veces más alto. “Ahora que estamos organizados en Consejo de Pescadores (esto fue en 2013) ya no nos roban, como estamos más unidos ahora podemos poner nosotros el precio”. Las islas del municipio viven mayoritariamente de la pesca de camarones. La resistencia también era un hecho cotidiano para los habitantes de Maraca en áreas como el rescate de la memoria y la recuperación de la lengua añú. Javier López, uno de los habitantes más antiguos de la isla, empezó a pescar cuando tenía 14 años. A sus 73 recordaba que antes se pescaba “a remo, a vela, a palanca; sacábamos camarones, curvina, róbalo, lisa, pero todo eso escasea ahora”.
Recuerda también que su padre construía embarcaciones y palafitos con madera y enea, y que su madre le contó de cuando nació en una de estas casas sencillas y frescas.
Hablaba de su esposa, Altamira Morán, quien fue uno de los personajes más importantes de la isla: era comadrona y curandera y ayudó a venir al mundo a docenas de habitantes de la isla de Maraca. Los más jóvenes lo escuchaban con atención: imagen gráfica de lo que es recuperación de la memoria. Es conmovedor llegar por primera vez y ser recibido por el color arena de una isla donde las dunas gobiernan el paisaje, y la playa es tan larga que sigue más allá del horizonte. Pero todo eso, que suena tentador y poético, se queda corto cuando uno se detiene a conocer la historia de la gente que habita en ese lugar, al que la electricidad llegó apenas en el año 2011.

Otra isla, Zapara, mide 7 kilómetros cuadrados. Hace 10 años no contaba con un centro de salud. Por las condiciones del transporte, el gas llegaba caro, y el aseo urbano, poco. Aun así, la alegría también se abre paso entre la arena. Francisco “Piñita” Rodríguez, maestro, pescador y luchador social que dedicó su vida al desarrollo de la isla, celebraba la llegada de la energía eléctrica cantando una guantanamera que dice: “Estamos todos contentos por este nuevo alumbrar, lo digo con emoción: gracias a la Revolución”.
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Luego está San Carlos, una península a la que todavía se le llama «isla» a pesar de que hace años una lengua de tierra la conecta con tierra firme.
Su historia registra un episodio también ignorado, extrañísimamente olvidado en los relatos del heroísmo venezolano. El 17 de enero de 1903, durante el bloqueo de las potencias europeas contra Venezuela, dos embarcaciones de bandera alemana entraron por el embudo de islas persiguiendo a una nave venezolana que había logrado pasar, burlando el humillante «alcabaleo» imperial.

Cuando pasaba frente a San Carlos, desde un fortín o castillo que en ese momento estaba activo militarmente fueron disparados los cañones defensivos de Venezuela; dicen los que saben que esos cañones eran también, casualmente, de fabricación alemana (un Krupp de 80 mm). El SMS Panther, uno de los barcos invasores, quedó averiado por la metralla.

Días después, en represalia, otro barco alemán arribó a las inmediaciones de San Carlos y ejecutó un bombardeo que dejó varios muertos y heridos; las crónicas de la época reseñan la muerte de 25 o 40 civiles venezolanos.
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Tiene alma, tiene belleza y tiene historia ese municipio maravilloso y poco concurrido. Si tú eres esa clase de personas que se cree con derecho a contaminar con ruido y basura cualquier pueblo venezolano, nada más porque llevas dólares para gastar, deberías olvidarte de todos estos datos y no ir nunca para el municipio insular Almirante Padilla.
1 comentario
gracias por la informacion. estoy buscando info para llegar a Zapara hoy dic 2023. que horarios y precios tienen las lanchas? agradezco cualquier dato