Inicio En resiliencia Herbario del IVIC: tesoro viviente de la diversidad vegetal

Herbario del IVIC: tesoro viviente de la diversidad vegetal

En el corazón del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas se encuentra un repositorio que alberga más de 72.000 especímenes de la flora venezolana

por Irania Medina
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Irania Medina

Foto de portada: Yrleana Gómez

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Desde su creación hace 27 años este espacio no solo es un repositorio de muestras vegetales, sino también un testigo invaluable de la dedicación y el esfuerzo de sus fundadores, entre los cuales destacan el ingeniero Ángel Fernández y la botánica Reina Gonto. Su historia es una mezcla de pasión científica, vivencias compartidas y un compromiso inquebrantable con la conservación de la biodiversidad en el país.

En 1997 un nuevo capítulo de la investigación botánica en Venezuela se abrió gracias a un proyecto de Biomedicina del Bosque Tropical, liderado por el doctor Fabián Michelangeli, quien en ese momento era Investigador Titular y Jefe del Laboratorio de Fisiología Gastrointestinal. Este proyecto destacó la necesidad urgente de ampliar el laboratorio para profundizar en el estudio bioquímico de la flora nacional, enfocándose en sus potenciales aplicaciones medicinales.

El trabajo fue asignado a los investigadores Ángel Fernández y Balentina Milano, quienes se aventuraron a encontrarlas a lo largo y ancho del país, a identificarlas y catalogarlas, formando un equipo técnico que buscaba determinar su efectividad contra diversas dolencias y patógenos, incluidos virus y bacterias. La recolección no se limitaba a unas pocas plantas; los investigadores traían consigo una amplia variedad de especies acompañantes de las medicinales que estaban estudiando.

Foto Nathan Ramírez

Fernández llevó lo que al principio fue un pequeño herbario, que pasó en corto tiempo de mil a ocho mil muestras. Sin embargo, este crecimiento exponencial trajo consigo nuevos desafíos logísticos: espacio y organización.

Este enfoque holístico reflejaba la experiencia de un caraqueño con ascendencia española que, a los 22 años, deseoso de abandonar la capital, se aventuró a explorar el interior del país. Se inscribió en la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales “Ezequiel Zamora” (UNELLEZ), donde obtuvo el título de ingeniero de recursos naturales renovables en 1985, ocupando el primer puesto en su promoción.

Inmediatamente, su carrera profesional despegó tras ingresar al Proyecto Inventario de Recursos Naturales de la Región Guayana (PIRNRG), con la Corporación Venezolana de Guayana (CVG). Su labor en un equipo multidisciplinario le permitió interactuar con diferentes profesionales y disciplinas como geología, geomorfología, suelo, clima y fauna, contribuyendo al descubrimiento de nuevas especies y al estudio y cartografía de ecosistemas.

Foto Nathan Ramírez

Rumbo a las 72.000 muestras

En 1987 el ingeniero se trasladó a Francia para especializarse en imágenes satelitales aplicadas a estudios de vegetación, enriqueciendo aún más sus conocimientos y compromiso con la conservación del medio ambiente. Ocho años más tarde regresó y se unió al Herbario Nacional adscrito al Jardín Botánico de Caracas, dando continuidad a su tarea de conservación y estudio del medio vegetal.

Ya en el IVIC, en 1997, la preservación de la creciente colección de plantas se convirtió en una prioridad para el equipo de investigadores, ya que ahora eran la base del contrato de acceso al recurso genético firmado entre el instituto y el gobierno nacional. Por ello, cada muestra debía ser manipulada con cuidado para evitar daños.

Foto Yrleana Gómez

La falta de un sistema adecuado de almacenamiento complicaba la búsqueda de muestras específicas, lo que llevó al equipo a replantear la estructura. En este contexto, se tomó la decisión de crear un herbario «formal», que rápidamente se expandió, ocupando pasillos enteros del Centro de Biofísica y Bioquímica. “No dejamos de crecer”, afirma con orgullo.

Un aspecto crucial en esta evolución fue la creación de la base de datos en 1996 por la doctora Beatriz Williams, fisiólogo asociada al proyecto. Esta base de datos se convirtió en una herramienta invaluable, permitiendo registrar las 72.000 muestras traídas de toda Venezuela, acompañadas de 20.000 imágenes de alta resolución y 10.000 registros bibliográficos. “Era una base de datos fabulosa”, comenta Ángel, destacando su capacidad para ofrecer información detallada sobre las plantas, su ubicación de recolección y su relevancia medicinal.

A pesar de que este reservorio de datos ha enfrentado dificultades técnicas en años recientes todas las colecciones están digitalizadas, lo que permite un acceso eficiente a la información. “El 95 % de nuestra colección está en la base de datos, lo que facilita la creación de mapas de distribución de las plantas y su actividad biomédica».

Foto Yrleana Gómez

Ángel reflexiona sobre la esencia de la botánica, que describe como «la ciencia amable». Esta calificación no es casual; para Ángel, cada colección de plantas es un retrato de experiencias vividas, esfuerzo y recuerdos imborrables. “Cuando recolectas, dejas en cada muestra no solo el conocimiento, sino también el cansancio y las vivencias de los innumerables lugares que has explorado, y lo grato que resulta siempre compartir con colegas y compañeros de trabajo».

Un bongo remonta el manglar

Uno de los momentos significativos en su carrera fue la emoción de encontrar, en el primer armario que consultó en el Herbario del «New York Botanical Garden», una muestra que él mismo había recolectado casi 20 años atrás en el Delta del Orinoco. “Esa experiencia me transportó instantáneamente a aquellos días de arduo trabajo bajo el sol, montado en una curiara, muerto de calor, entre unos manglares en los que había que entrar y tratar de salir antes de que la marea bajara. Porque si no, teníamos que arrastrar el bongo, 200 o 300 metros por encima de las raíces para poder salir».

Reina Gonto. Foto cortesía Ángel Fernández

En el año 2000, cuando fue nombrado director del herbario, el crecimiento y desarrollo de éste ganaron en calidad e intensidad con la llegada de Reina Gonto, quien fue recibida con 12.000 muestras y tres armarios para almacenarlas, lo que resultaba insuficiente para el volumen de trabajo generado. Gonto, quien ha sido no solo una colega, sino también la compañera sentimental de Fernández durante 24 años, desempeñó un papel crucial en la organización y desarrollo del herbario. Su meticulosidad y dedicación al estudio de las plantas la convirtieron en una figura emblemática. “Reina era la más técnicamente taxónoma y botánicamente meticulosa del grupo; su pasión por las Cyperaceae, una familia de plantas que incluye más de seiscientas especies en la flora nacional, era contagiosa”, recuerda.

Una de las contribuciones más significativas de Gonto fue su innovador enfoque para la preservación de las muestras. Mejoró un sistema que aseguraba que las plantas estuvieran adecuadamente montadas en cartulina y protegidas con una funda adicional y una carpeta sobre extendida que garantizaban la conservación de las muestras. “El cuidado de Reina como curadora fue fundamental. Gracias a su visión, nuestras muestras pueden durar 50 o 60 años o más, preservando así nuestro legado para las futuras generaciones”.

Foto Yrleana Gómez

Experiencias compartidas y contribuciones al conocimiento

Los logros profesionales de Fernández y Gonto están íntimamente ligados a los logros sentimentales; resultó imposible separar uno del otro. Juntos, presentaron alrededor de setenta trabajos en congresos nacionales e internacionales, desde Colombia hasta Austria. «Recuerdo que en una ocasión llevamos once ponencias y posters a un congreso. Era una locura, pero estábamos felices de compartir nuestro trabajo”.

En su trayectoria, ambos participaron en numerosos estudios de impacto ambiental en Venezuela, donde su conocimiento botánico fue esencial. Realizaron investigaciones en diversas regiones, desde el sur de Monagas hasta el Delta del Orinoco, pasando por Guayana y los territorios insulares hasta las cordilleras Andina y de la costa, contribuyendo a la comprensión de la flora venezolana. “Reina, con su incansable dedicación, logró colectar más de 10.000 especímenes botánicos, un patrimonio invaluable para el herbario y para la ciencia».

Foto Nathan Ramírez

Uno de los proyectos más destacados en los que trabajaron juntos fue el estudio de impacto ambiental para el teleférico del Waraira Repano. Durante tres años, realizaron recorridos exhaustivos del área de influencia de la obra, documentando la flora y evaluando los impactos potenciales que pudieran causarse, además de elaborar mapas de vegetación de sensibilidad ambiental. “Ese estudio fue un gran esfuerzo, realizado con cariño y dedicación, para el herbario supuso una colección de más de 1.000 especímenes botánicos. A pesar de las críticas, sabemos que nuestro trabajo fue riguroso y bien fundamentado”.

Hoy, el herbario se erige como un puente entre el pasado y el presente, un lugar donde la pasión y el esfuerzo de sus creadores perduran. Tras recibir un diagnóstico temprano de Alzheimer, Gonto se encuentra alejada de los bosques y las plantas que tanto amó. Sin embargo, a pesar de la sombra que la enfermedad ha traído, su esencia sigue floreciendo en cada rincón, en cada muestra recolectada, en cada hoja prensada y en cada investigación publicada. “Cada vez que la visito le llevo entre otras cosas algunas plantas pequeñas y le hablo de nuestro trabajo. Es una forma de mantener viva su memoria y su pasión por la botánica”. comparte Fernández, con la voz entrecortada por la emoción.

Foto Nathan Ramírez

El compromiso es continuar el trabajo, buscando completar las investigaciones y descripciones de nuevas especies que ella dejó sin terminar, reportes de nuevos registros para la flora venezolana, resultado de inventarios de vegetación, o alguna actualización taxonómica dentro de la familia Cyperaceae. “Hay varias especies que ella había comenzado a describir, y me he propuesto terminar ese trabajo en su honor”.

Este compromiso no solo es un tributo a su compañera, sino también una forma de contribuir al conocimiento científico y a la conservación de la biodiversidad en Venezuela desde el Herbario del IVIC.

Reina Gonto. Foto cortesía Ángel Fernández
Foto Yrleana Gómez

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Periodista

13 comentarios

Manuel Matute Padrón 23 noviembre 2024 - 10:26

Admirable la dedicación de Ángel y Reina, PROFESIONALES, en mayúsculas, de la botánica en Venezuela. Benditos sean. Gracias por sus legados científicos. Un gran abrazo.

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Alexandra Dorante 8 septiembre 2024 - 13:32

Compartir aula con Reina fue todo un reto, porque la pasión que mostraba y la facilidad con la que se paseaba por las clases era difícil de igualar. Tiempo después fuimos compañeras de trabajo en el Jardín Botánico, y además de colegas ya éramos amigas, y ella siempre enfocada en lo que quería y encaminada a lograrlo. La admiro por eso y mucho más. Su aporte a la investigación, junto a Ángel, es un legado invaluable, que debe ser preservado y continuado. Valoro este artículo, pues ofrece la oportunidad que sea conocido este estupendo trabajo en equipo.

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Irania 8 septiembre 2024 - 21:01

Es inspirador ver cómo la pasión y dedicación de Reina y Ángel, han dejado una huella tan positiva en quienes los rodean. Estoy de acuerdo en que su legado en la investigación es invaluable, y es fundamental que se reconozca y continúe. Gracias por compartir tus pensamientos sobre este trabajo, realmente resalta lo mejor de nuestros investigadores.

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Javier Fernández 8 septiembre 2024 - 09:53

Cuantas aventuras juntos y cuantas enseñanzas, más de 40 años recogiendo “maticas” en todos lados. Reina y Ángel, tan dedicados siempre a dar su máximo aporte a la ciencia, con pasión y corazón en esos maravillosos viajes por Venezuela. El país tiene héroes casi anónimos, solo conocidos y apreciados en su entorno inmediato, pero que han dado tanto por él. Hermoso artículo y gran homenaje para Reina, siempre en mis pensamientos y oraciones. Ángel, gracias por tu empeño en completar el trabajo de Reina, enorme prueba del cariño y amor que le profesas.

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Irania 8 septiembre 2024 - 21:04

Es conmovedor recordar todas esas aventuras y enseñanzas compartidas. Reina y Ángel realmente han sido un ejemplo de dedicación y amor por la ciencia y por nuestro país. Agradezco tus palabras sobre este homenaje; es un reconocimiento muy merecido. También admiro profundamente el esfuerzo de Ángel por continuar el legado de Reina. Sin duda, ella siempre estará presente.

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Álvaro Fernández 8 septiembre 2024 - 03:59

tenia 7 años y era 1981 la primera vez que mi hermano Ángel Fernández me llevó con el en sus primeras aventuras de botánico, fue a macuro en la península de paria en el estado Sucre, de ahí en adelante, junto con mi hermano Javier,.lo acompañamos en innumerables oportunidades a lo largo y ancho de Venezuela colectando plantas, una pasión por la botánica y la ciencia como pocos, , que años después se complemento con la llegada de Reina, y juntos hicieron un gran equipo durante 2 décadas y media, aportando sus descubriembtos en botánica a la ciencia venezolana. un gran abrazo y gran y bonito artículo.

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Irania 8 septiembre 2024 - 21:07

¡Qué lindo recuerdo! Es increíble cómo esos primeros viajes marcaron el inicio de una pasión que ha perdurado por tantos años. este es un verdadero testimonio de cómo la familia y la amistad pueden impulsar la ciencia. Su trabajo en botánica ha dejado una huella profunda en Venezuela, y es hermoso ver cómo sus aventuras se han convertido en un legado. Gracias por compartir tu experiencia y por tus palabras sobre el artículo.

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Nadia 7 septiembre 2024 - 22:13

Hermosa descripción del trabajo y dedicación de mi apreciado cuñado y Reina, entregados y comprometidos a su trabajo por aman lo que hacen, sus vidas, mis respetos para ambos.

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Irania 8 septiembre 2024 - 21:09

¡Muchas gracias por tus palabras! Es maravilloso ver cómo valoras el trabajo y la dedicación de Ángel y Reina. Su pasión por lo que hacen realmente se refleja en cada uno de sus logros.

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Juan Escudero 7 septiembre 2024 - 22:11

palabras que describen la pasión y el compromiso de gente que admiro, de amigos que le han dedicado su vida a la investigación. es inevitable emocionarse al leer esta publicación.

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Irania 8 septiembre 2024 - 21:11

¡Gracias por compartir tus sentimientos! Es conmovedor ver cómo la pasión y el compromiso de estas personas han tocado tantas vidas. Su dedicación a la investigación es realmente inspiradora y merece ser reconocida.

Respuesta
Sylvia Chirinos 7 septiembre 2024 - 19:05

Sin palabras, muy lindo artículo ☺️

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Irania 8 septiembre 2024 - 21:12

¡Saludos Negra! Gracias por la expresión.

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