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El Niño, la Niña, el Super Niño y las casas persas

por Eliecer Centeno
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Eliecer Centeno | ¿Qué nos queda?

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Como si se tratara de bandidos o pranes carcelarios, la mediática global ha posicionado la idea que el responsable de las fuertes lluvias en Colombia o la sequía en Venezuela es el fenómeno climático de El Niño, apodado en esta oportunidad por su elevada intensidad como El Super-Niño. Conviene recordar también a La Niña, que también forma parte de las anomalías climáticas que periódicamente ocurren en el Océano Pacífico y que afectan diversas partes del globo.

Aunque de forma directa esto pudiera ser así, se deben revisar las causas más profundas que han convertido a estas anomalías naturales de la circulación marina y atmosférica en fenómenos cada vez más potentes y frecuentes, entre las que destaca el cambio climático y la emisión masiva de gases de efecto invernadero, que aportan energía adicional a estos procesos. Lo siguiente es esbozar medidas para enfrentar las consecuencias de una dinámica climática que, de acuerdo con los expertos, llegó para quedarse.

El ciclo que nos compete en esta oportunidad, y en los próximos meses, es conocido globalmente y de forma técnica como ENOS (El Niño-Oscilación del Sur), y está integrado por dos fases opuestas de El Niño (fase cálida) y La Niña (fase fría). Mientras El Niño suele alterar los patrones de lluvia/sequía regionales, en cambio, La Niña aumenta la intensidad con que ocurren estos patrones. Así por ejemplo, en el caso venezolano, en un “año Niño” la temporada de lluvia disminuye y ocurren sequías en buena parte de nuestro territorio. Por el contrario, en el “año Niña”, veremos abundantes lluvias e inundaciones por encima del promedio histórico.

Estudios elaborados en los últimos años dan cuenta de un cambio significativo entre la frecuencia de ocurrencia e intensidad hasta la década de 1990, y los fenómenos experimentados en los últimos 30 años. Por ejemplo en la revisión de Wenju Cai y colaboradores, titulada: Changing El Niño–Southern Oscillation in a warming climate.

Publicado en la Revista “Nature Reviews Earth & Environment” en el año 2021, este artículo determinó de forma significativa que “la frecuencia de eventos con impactos severos aumentó notablemente en comparación con el periodo anterior a 1990”. Mientras que antes de los 90s los fenómenos del ENOS ocurría de 2 a 3 veces por década, luego de este punto de inflexión, el evento está ocurriendo de 4 a 5 veces, en cada periodo de 10 años, especialmente entre 1996 y 2026.

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Esta estadística también consta en el monitoreo que realiza la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration – Climate Prediction Center) de Estados Unidos y la Organización Meteorológica Mundial (OMM-WMO).

En los últimos 30 años, han ocurrido 8 Niños (3 fuertes y el más reciente y activo 2026-2027 se proyecta como un evento histórico) y 4 Niñas (2007-2008 y 2010-2012 fuertes y un periodo La Niña triple consecutivo que abarcó desde 2020 a 2023).

Como podemos observar, un fenómeno atípico que solo ocurría excepcionalmente 3 veces por década, ahora ocurre casi de manera ininterrumpida, es decir, lo “normal” a antes de 1990, pasó a ser lo atípico.

Ya el sexto informe del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC) lo anunciaba en 2023: en caso de seguir las tendencias actuales, las anomalías climáticas como El Niño serían cada vez más intensas y frecuentes antes que terminara la década.

Así mismo, “…existe un consenso creciente de que el calentamiento causado por el ser humano es al menos parcialmente responsable de los cambios en la variabilidad de ENSO desde la década de 1960” (informe).

Así, la terrible sequía que afectó a Venezuela en 2009 y 2010, y 2014 (patrones Niño), cuando los embalses alcanzaron niveles críticos y se activo tanto el racionamiento eléctrico como del servicio de agua, e igualmente las fuertes precipitaciones de 2010 (Niña), que generaron numerosos damnificados, y fue la génesis de la Gran Misión Vivienda Venezuela de la mano del Comandante Chávez, y este Niño 2026-2027, que estamos enfrentando (y que nos está haciendo sudar más que de costumbre), son consecuencia del modelo de producción y consumo que se ha desarrollado en la mayor parte del planeta.

A pesar de los constantes llamados de alerta de parte de científicos tanto multinacionales como investigadores independientes, la mayor parte de los gobiernos y grandes complejos económicos e industriales, no han frenado la liberación de gases de efecto invernadero a la atmósfera, y en este momento solo nos queda, lidiar de la mejor manera con las consecuencias de una irracionalidad de más de 2 siglos de existencia.

Ya no solo las naciones del Sur Global son las afectadas, y solo como referencia, Alemania fue testigo de cómo más de 9600 de sus ciudadanos murieron en la última semana de junio de este 2026, como consecuencia de la ola de calor que atraviesa la nación europea.

En Venezuela nos alistamos para una sequía que se prolongará hasta el 2027.

Más allá de los anuncios oficiales que abarcan la macropolítica que se ejecutará para atender el extenso evento climático, nos conviene ver que patrones de nuestra vida van a cambiar en las próximas semanas y meses.

Los que trotan, entre los que me incluyo, ya no podremos hacerlo a las 9-10 de la mañana o por la tarde a las 5:00 pm, porque a esas horas la sensación térmica es casi intolerable, incluso en una ciudad de clima benigno como Caracas, hay que modificar los horarios de las actividades físicas a horas más tempranas, 6:00-7:00 am o en la tarde 6:00-7:00 de la noche, cuando la temperatura ha bajado, e incrementar la hidratación.

Tendremos que tener más cuidado con nuestros abuelos y abuelas. Vigilar que estén bien hidratados durante todo el día, comprarles su heladito favorito o hacerlos en casa. Que no salgan a las horas del mediodía a menos que sea estrictamente necesario, tal vez medir con más frecuencia su tensión arterial.

Proteger nuestros espacios verdes en la comunidad. Las plantas deben ser regadas con mayor frecuencia para responder a la evaporación excesiva debido a las altas temperaturas y hacerlo en las horas más frescas del día para que la tierra mantega más tiempo la humedad.

A mediano y largo plazo, deberemos repensar la arquitectura de nuestros hogares, ver hacia las culturas del desierto, como los persas, que logran mantener frescas sus edificaciones sin depender de electricidad, por ejemplo gracias a minaretes y otras estructuras como torres de viento, cuyo diseño permite una circulación permanente de aire fresco al interior de la vivienda.

Así como decimos en criollo “matamos dos pájaros de un tiro”, reducimos el gasto energético y enfriamos la vivienda. Estos hogares también deberán responder al exceso de precipitaciones cuando el ciclo cambie, hacia años de lluvias torrenciales. Así que los nuevos diseños y costumbres deben responder a una realidad, que es una “nueva normalidad” climática.

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Investigador en temas climáticos

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