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Objetivo: infección cero y odontología biosegura

por Jose Roberto Duque
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Viaje a las entrañas de la turbina dental desechable de los hermanos Oliveros Dorta

Ricardo Romero Romero / Fotos: Will Pérez

Usualmente se cree que, si un instrumento o herramienta es reusable, es más conveniente en términos económicos, ecológicos y que lo desechable, además de generar desperdicios y contaminación, termina siendo más costoso. Pero cuando se trata de poner la vida en riesgo, ¿qué es más caro?

Resulta que los profesionales de la odontología usan varios instrumentos para hacer su labor en la boca de todos nosotros; sobre todo en nuestros tiempos que abusamos de harinas y azúcares industrializados que dañan considerablemente nuestra dentadura de manera prematura. Por eso las caries, la debilidad del esmalte dental y otras afecciones a nuestras encías son epidémicas, por no decir pandémicas.

La premisa de los hermanos Oliveros Dorta, con su innovación, es la preservación de la salud. Por eso, ambos se propusieron desarrollar una turbina dental biosegura. Este aparatito rotatorio de alta velocidad es el que usan los odontólogos para llevar a cabo tratamientos como tallado de dientes y muelas. Perfora las cavidades dentales. También elimina tejidos duros de los dientes, como el esmalte o material de prótesis. La velocidad de sus cabezales suele alcanzar entre 100 mil y 500 mil rpm. Además, cuentan con un sistema de irrigación por aire y agua, que enfría el instrumento. Algunas giran la fresa de manera neumática y otras con sistema eléctrico.

José Andrés Oliveros Dorta es un técnico industrial de la vieja guardia. Estuvo en la guerrilla, fue perseguido político durante la cuarta república y se identifica como “comunista, revolucionario, chavista y madurista. Yo tengo la revolución aquí en el lomo”.

Marcolina Dorta, chancletas y turrones de casabe

Como muchos inventores, desde pequeño la curiosidad le agitó la piel. Apenas llegaba un juguete a sus manos, en vez de ocuparse de jugar como lo haría cualquier muchachito promedio, lo que hacía era desarmar los camiones, carros, tractores, motos, pistas de carrera, teléfonos, muñecos con algún mecanismo… Sentía ansiedad por saber qué tenían por dentro.

Nos contó un poco sobre sus orígenes, del padre y la madre: “Mis padres eran personas muy humildes, tanto mi mamá como mi papá no sabían casi ni leer ni escribir. Hemos estado toda nuestra vida acá en Valencia, Santa Rosa para ser más precisos. Mi tía desde chiquito decía que yo era muy ‘inventador’, por las cosas que yo siempre hacía y que muchas veces parecían molestas. Pero lo mío es nato, me orienté hacia la electricidad y la mecánica. Mi papá preparaba engrudo y nos íbamos a pegar en las paredes de la ciudad los carteles de los circos, peleas de boxeo, corridas de toros, conciertos de música y hasta partidos de básquet, fútbol, era divertido”.

“De mi mamá, Marcolina Dorta, me viene la plasticidad, el juicio, el genio. Ella hacía pantuflas o chancletas tejidas de cocuiza, conseguía tripas de caucho, con las que hacía las plantillas de las suelas. Elaboraba turrones con las sobras de un fabricante de casabes”, expresó José Andrés con satisfacción sobre su viejita ya fallecida.

Por otra parte está su hermano Jorge Luis Oliveros Dorta, que es odontólogo y sabe de buena mano cómo se bate el chocolate en la práctica dental. Esta dupla familiar los llevó a trabajar en equipo, junto a su amigo, Juan Carlos Giusti, colega de Jorge Luis y la ingeniera Rosa Pérez Oliveros que es sobrina de los hermanos Oliveros.

Con 77 años, José Andrés relata que ha pasado por mil cosas. “Como parte de una familia de clase media baja, hemos transitado por muchas dificultades, antes más que ahora. Porque antiguamente las cosas eran más difíciles. En mi casa no había nevera ni radio”, nos dice esto mientras nos enseña sus grandes palmas llenas de cicatrices y “aporreadas” por las fuertes faenas manuales a las que está acostumbrado desde joven.

“En todos mis trabajos, desde adolescente, la gente me consultaba sobre cómo hacer las cosas. Yo no estudié más allá del bachillerato técnico, pero fueron muchas las empresas en las que hasta los dueños preferían consultarme a mí que a los ingenieros graduados”.

La pieza

Nos sigue esbozando José Andrés que “este proyecto comenzó en el año 2009, ya tenemos hecho el prototipo. Mi hermano dio clases en la Universidad de Carabobo y fue director del Colegio de Odontólogos del estado. En una conversa, me dice Jorge Luis sobre la turbina dental ‘¿sabías que esa pieza la usan todo el día mis colegas para tratar a los pacientes? Los dentistas la desinfectan con Gerdex y otros productos, pero cuando no se hace de una manera profunda, quedan residuos. Coloca en riesgo potencial a los pacientes. Todas las piezas, desde el mango hasta la fresa, se salpican de saliva. Con esta inventiva desechable, incluso se puede saborizar, para que ese proceso sea más agradable, además de seguro, al paciente. Mi hermano fue el que me estimuló a hacerla”.

Según precisó José Andrés, no todas las piezas de mano dentales actuales (de metal) se pueden esterilizar al calor seco, por lo tanto, se comportan como vehículo de posible contaminación de microorganismos patógenos, de la boca de un paciente a otro. “Eso lo meten en la boca de todo el mundo y generalmente los odontólogos no tienen la capacidad de hacer todo el protocolo de desinfección respectivo que garantice que está al 100% libre de patógenos, bacterias. Con este prototipo me gané el segundo lugar en el premio Luis Zambrano en 2009. Está hecha de polímero abs (un termoplástico amorfo como el que se usa en las jeringas o los juguetes tipo lego), las otras están hechas de acero inoxidable y algunas de titanio, pero sigue siendo un problema su desinfección”.

A este respecto, se busca sustituir la tradicional pieza de mano dental (turbina) de acero inoxidable o titanio, única, para todos los pacientes de una consulta odontológica; a fin de minimizar los riesgos de contagio y transmisión de enfermedades por inoculación (Hepatitis A – B – C, Influenza, HIV, entre otras), inhalación (Neumococos, Bacilo de Koch, Ántrax, Histoplasmosis) o contaminación química (por deterioro de la pieza en las uniones).

“En una información encontré que en los Estados Unidos más de 25 mil pacientes tratados por odontólogos tuvieron que hacerse un despistaje de HIV, por estar expuestos a piezas dentales de mano. Con este instrumental desechable, evitas esos riesgos. Muchas veces, no se hace seguimiento a los pacientes que tratan los odontólogos, a pocos les abren historias y ni siquiera saben si ese paciente luego se infectó o hasta se murió”; enfatizó Oliveros y agrega “estamos buscando que esta herramienta desechable cueste centavos de dólar, es decir, el costo de una jeringa desechable. Una pieza de este tipo se usaría con un solo paciente y que muchas veces se usa solo por minutos”.

–¿Hay posibilidad de reciclar la turbina desechable?

–Es posible reciclarla. Efectivamente son piezas de riesgo de contaminación. Pero considero que no debe reciclarse directamente como instrumental que va a ser descontaminado, sino que se recicle el plástico o polímero luego de estar descontaminado. Entonces, este plástico quirúrgico simplemente tendrá un solo uso como pieza y se reciclaría como materia prima por una empresa especializada.

–¿Se han fabricado en masa estas herramientas quirúrgicas?

–Solo hemos hecho el prototipo en impresoras 3D y eso es muy costoso. Incluso, llegué a hacer una manual muy rudimentaria, pero la idea es que se elaboren los moldes y se fabrique de manera masiva y se abarate el costo. En el caso de Venezuela, esta innovación, luego de que se logre fabricar, el Ministerio de Salud debería prohibir el uso de la turbina reusable, por el simple hecho del riesgo que supone para los pacientes a lo largo de una jornada.

Finalmente, manifestó Oliveros que su innovación está a disposición del pueblo venezolano y del mundo, para mejorar considerablemente el ejercicio profesional odontológico, pero, sobre todo, para proteger la vida de las personas. De acuerdo a sus ideas, rememorando a Simón Rodríguez, no avanzaremos mientras no hagamos nuestros propios inventos. El tecnólogo popular sigue inventado más cosas, pero eso lo dejaremos para un segundo encuentro.

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Beneficios de la turbina dental desechable

**Se fabrica a base de polímeros, respetando el mismo mecanismo de funcionamiento y sus accesorios (fresa)

**La sustitución de una costosa herramienta de la praxis odontológica, por otra más económica y 70% más liviana

**Se abre la posibilidad de un manejo bioseguro de la consulta odontológica, partiendo del principio de utilizar una pieza de mano dental desechable para cada paciente

**Por estar elaborada a base de polímeros, pueden fabricarse en diversos colores, incorporar un LED (luz) y un dispositivo saborizador

**Contempla un sistema de conexión rápida (quitaipón) para su perfecto acoplamiento a las Unidades de Odontología

**Cuenta con un diseño más ergonómico, el cual causa menos fatiga en el tacto fino del operador

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