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“Es mejor reparar que comprar”

por Alejandro Silva
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En Cojedes, otro tecnólogo popular e innovador crea artefactos que facilitan la producción y elaboración de alimentos. Propone y ejerce la actitud que nos ha hecho salir victoriosos en los momentos graves de escasez o desabastecimiento inducido

Texto y fotos: Alejandro Silva Guevara

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Shane Estrada se dedicó, en primer lugar, a sembrar maíz en el patio de su casa. Para ello, después de analizar la situación, fabricó con material de reciclaje un rotocultor manual, un aparato que se clava en la tierra con un movimiento sencillo que se complementa con el peso de la herramienta. Ésta abre los huecos en los que se insertará la semilla de manera uniforme. La utilización de este aparato, que armó soldando tubos y cabillas, facilita todo el proceso de cultivo y ahorra muchísimo tiempo cuando se produce en un conuco o un espacio pequeño.

Luego se dedicó a hacer una máquina trilladora de maíz casera. Seleccionó dos bombonas de gas, las cortó a la mitad, luego las soldó juntándolas y le agregó el motor de una lavadora con una correa de motor de carro, mecanismo que produce el movimiento circular constante para trillar el maíz. Tuvo que calcular muy bien el tamaño de las barras que giran dentro del aparato, conectadas en sus extremos por una barra y dos rolineras a los extremos, cuidando que no quede demasiado trillado el maíz.

Cuando termina el proceso, el contenido sale por un cono que va a una bandeja y está listo para ser cocinado y ser convertido en la verdadera arepa, sin agregados de gluten u otros químicos con que las grandes empresas contaminan al maíz.

Para poder cocinar el producto ya trillado, tuvo que ingeniárselas porque no se conseguía el gas de bombona o directo. Y el problema de la luz, por aquello de la opción de las cocinas eléctricas, había comenzado a oscurecer mucho más el panorama, así que se inventó lo que se conoce con el nombre de “cocina cohete”, por el ruido que hace la misma cuando es alimentada por leña, y por la forma en la que sale el fuego por el extremo en el que se colocan las ollas.

Se trata de una serie de tres tubos cuadrados y soldados, dos de los cuales forman un ángulo de 90 grados, mientras que el tercero sale de ambos en un ángulo de 45 grados. Por un lado se le inserta la leña, por otro salen los restos de cenizas, y por el otro el fuego que resulta bastante fuerte y constante.

Sembrar maíz, trillarlo y poder cocinarlo, como dice Gregori Constantino, trabajador de Fundacite Cojedes, “le salvó la vida a un montón de gente”.

“Estoy acostumbrado, desde muy pequeño, a que si necesito algo, lo construyo si puedo”, dice el tecnólogo Estrada. Y nunca fue más necesario poner en práctica la inventiva que en esos años de duro ataque, y aunque hoy parece innecesario el uso de estas innovaciones prácticas, ya reactivado el aparato productivo, continúa siendo una opción para comer más sano.

Inventando la solidaridad

Queda claro que todos, en mayor o menor medida, tenemos la capacidad de producir nuestros alimentos así no lo hagamos. Desde siempre el ser humano ha desarrollado formas y maneras de garantizarse la alimentación, sin embargo el crecimiento de los negocios de comida y las fábricas de alimentos a gran escala han acostumbrado a la gente a consumir productos procesados que en ciertos momentos de nuestra historia reciente (nada nuevo bajo el sol), y han servido como armas para tratar de someter la población con la finalidad de provocar un golpe de estado por carencia.

Sin embargo, hemos leído y escuchado mucho sobre las peripecias que han hecho los venezolanos para vencer la escasez inducida por la empresa privada sobre todo en los años de 2016 a 2018, en las que desaparecieron muchos de los productos que el venezolano tiene por propios de su alimentación.

Este es uno de esos casos en los que se demuestra que la voluntad sirve para mucho. Shane no se graduó en ingeniería o alguna otra carrera en el área tecnológica, aunque les coqueteó, sino que recibió el título de licenciado en Gestión Social y tiene Maestría y Doctorado en el área de Ciencias para el Desarrollo Estratégico, y ha dedicado parte de su trabajo a la formación de las comunidades. Trabajó en el Instituto Nacional de Salud Agrícola Integral y actualmente es coordinador de la Sala Situacional de la Misión Ribas, en el estado Cojedes.

Aunque nació en Valencia, estado Carabobo, el 29 de octubre de 1967, se radicó en Cojedes con su familia desde pequeño. “Yo trabajo siempre con material reciclable, y estoy convencido de que es mejor reparar las cosas que estarlas comprando”. Así que hasta el rastrillo para mantener limpio el patio de hojas lo hizo él mismo.

También tiene otros proyectos con los que busca mejorar las telecomunicaciones en la zona en la que vive, por lo que ya cuenta con una antena construida, también con material reciclado, que se puede ver a varios metros de distancia de su casa.

En el año 2019 participó por la Universidad Bolivariana de Venezuela con el proyecto de la trilladora de maíz en la convocatoria hecha por Innova, capítulo Cojedes, obteniendo el primer lugar. Shane está convencido de que nunca es tarde para tratar de sembrar conciencia en la población con respecto a su alimentación, a volver a los alimentos sin añadidos químicos, aunque reconoce que no se trata de un asunto fácil sino de un compromiso que requiere esfuerzo y mucha constancia.

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