Inicio En resistencia En El Tocuyo hay techos y paredes que habitan el olvido (III)

En El Tocuyo hay techos y paredes que habitan el olvido (III)

Una maestra con 30 años de experiencia impartiendo primer grado de primaria, habita una casita de latón que improvisó hace 70 años el dictador Marcos Pérez Jiménez cuando el terremoto del 3 de agosto de 1950 dejó en ruinas la casa de su padre

por Teresa Ovalles Márquez
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Teresa Ovalles Márquez / Fotos Fabricio Ernesto Martorelli

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«No eres una gota contenida en el océano. Eres todo el océano contenido en una gota»

Rumi, poeta persa

Los terremotos parecieran marcar el destino de nuestro país. Después del sismo del 3 de agosto de 1950 el dictador Marcos Pérez Jiménez trazó el plan “Nuevo Ideal Nacional”, que otorgó concesiones a David Rockefeller para iniciar la reconstrucción, negocios petroleros, y mineros, of course; el doblete sísmico del 24 de junio de 2026 –más la cruenta agresión del 3 de enero– significan otro punto de inflexión en nuestra economía. El sismo del 50 definió el plan perezjimenista y este año el nuevo acuerdo energético Trump-Rodríguez otorga nuevas concesiones a corporaciones energéticas estadounidenses que se habían congelado a punta de injustas medidas coercitivas y unilaterales.

El del 50 no solamente dejó ruinas y desolación en El Tocuyo. Trajo consigo 50 casas de Maracaibo destinadas a familias tocuyanas que perdieron sus viviendas. Eran casas “provisionales”, de hierro o lata, desarmables como un lego, utilizadas en la incipiente industria petrolera como galpones para materiales y casas para obreros.

En estos amaneceres y en este contexto, esas casas dibujan el olvido. Siguen habitadas 70 años después de haber sido construidas de manera transitoria para, supuestamente, luego ser derrumbadas y sustituidas por casas de bloques, para los olvidados de siempre.

Lo humano

En estos tiempos de “inteligencia artificial” valoramos el encuentro con una maestra de aulas, de aprendizaje con fonemas o sonidos y de niñas y niños no robotizados. En el barrio El Pozón, en una de esas 50 “casitas de latón”, como las llamó el trovador y fallecido maestro Raúl Orozco, vive la maestra María Linares de Puerta.

La ternura y la complicidad de las abuelas caracterizan a esta docente. Ella se jubiló con 30 años de experiencia, de los cuales estuvo 10 impartiendo primer grado y a sus 83 años de vida da calor a una de esas casitas dispuestas con una cocina, comedor, sala, 4 cuartos y un amplio patio. El terremoto de El Tocuyo de 1950 le dejó esa herencia y allí vive feliz, plena y orgullosa de su labor docente, con su hijo y una nieta. Tiene 4 hijos, 8 nietos y 3 bisnietos. Una de sus hijas resultó ser maestra también.

La maestra María Linares de Puerta es egresada de la Escuela Normal Miguel José Sanz, de Barquisimeto. Dio clases en el Grupo Escolar República Dominicana, que sirvió de refugio para los afectados por el terremoto. Cuenta que ese hogar de láminas de hierro pertenecía a su padre.

Un uvero –en la antesala– la protege del sol, del viento y de la luz, y bajo ese techo cuenta la historia de una vida entregada a la docencia.

Foto: Teresa Ovalles

¿Cómo enseñaba? En lugar de saturar a los niños con textos largos en el pizarrón, utilizaba láminas ilustradas, rotulaba con palabras todo lo que había en el salón y enseñaba mediante sonidos o fonemas.

“Yo trabajaba con manualidades, hacía dominó con letras. Elaboraba tarjetas para trabajar poesía, sonidos y canciones. Yo cantaba, tenía mi hora de música los viernes. Llevaba mi musiquita, los ponía a trabajar bailando, a final de mes celebraba el cumpleaños. En las efemérides repasábamos el clima del día. Ambientaba los salones muy bonitos. Bueno, y cuando venía el cumpleaños, por ejemplo, sacábamos la plata de la alcancía, vamos a ver qué hay y los representantes daban las tortas, otros llevaban para compartir y hacíamos la fiesta”.

Esta docente enfrentaba las travesuras de los niños con afecto, pidiéndoles abrazos y conversando con ellos con mucha cercanía, lo que creaba un fuerte vínculo de confianza.

–Les daba mucho amor. Hay una anécdota que nunca se me olvida. Tuve un alumno, excelente alumno al que un día le llamé la atención porque me amarró a la silla y yo no me di cuenta. Yo estaba sentada y cuando me voy a parar, yo veía que se reían. Me quedé sentada. ¿Quién me amarró? Díganme. Nadie. Bueno, si no me dicen quién me amarró nadie sale a recreo, aquí nos quedaremos encerrados. Hasta que se confesó y le pedí que me soltara. Le dije deme un abrazo y vámonos para el recreo. Le pedí un abrazo y le pregunté porque estás bravo conmigo. No estemos bravos. No, no, maestra, discúlpame, no estoy bravo. Entonces me dijo, vamos a la cantina para brindarte maestra. Ese muchachito el día hoy es ingeniero y siempre se acuerda de esa anécdota.

–¿Qué sentía usted cuando un niño aprendía a leer?

–Ah, la emoción era grande. Yo hacía fiesta. Cuando una niña o un niño aprendían a leer los ponía a trabajar para que me ayudaran con los que estaban más atrasaditos. Entonces yo dividía mi salón. Aquí tenía a todos los que ya sabían leer y aquí, los que necesitaban un empujoncito. Y yo hablaba con los representantes para que no me fueran a catalogar como que yo tenía preferencias. Entonces clasificaba a mis alumnitos: para acá, los que estaban más atrasaditos, y entonces ponía a los otros a enseñar. A los que ya sabían leer les asignaba uno de los que necesitaban el empujoncito.

Un día estaba lloviendo mucho y por la ventana del salón se veían las gotas de lluvia. Entonces yo le digo a uno de los niños: «Mira, concéntrate un poquito en lo que estoy explicando», porque no sabía leer bien. Entonces llega y me dice: «Maestra, déjame. ¿Tú no ves que estoy viendo cómo canta la lluvia cuando toca las ventanas?” Un poeta, dije yo. Él ahorita es gerente de un banco en Chile.

Foto: Teresa Ovalles

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3 comentarios

Mario Fernández 10 octubre 2026 - 14:41

Saludos, muy bonita enseñanza para esta nueva generación de maestros y maestras. Felicitaciones desde Barquisimeto estado Lara.

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Róger José Herrera Rivas 10 octubre 2026 - 10:37

Ye felicito Tere Ovalles, que bello trabajo, reivindicar a quien construye el país día a día a través de las dueñas, armado de estrategias y metodologías , el acto lúdico y la comprensión. Un abrazo, feliz día. Róger José Herrera Rivas

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Arnaldo Guedez 10 octubre 2026 - 10:16

saludos buen trabajo

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