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No fue Ángel, fue Sánchez

Ningún ángel y ningún Jimmy: el primer ser humano no aborigen en ver el Kerepakupai Vená fue el trujillano Ernesto Sánchez La Cruz, en el año 1910

por Alejandro Silva Guevara
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Alejandro Silva Guevara

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Así que no, no fue un extranjero quien descubrió la hoy bastante conocida cascada, considerada la más alta de mundo con casi mil metros de altura (936,60 metros, para ser exactos). El nombre de Salto Ángel se le confirió por un error imperdonable de desconocimiento, veintitrés años después de que el explorador Sánchez hubiera informado de la existencia de este majestuoso monumento, pero el informe fue engavetado sin darle la debida importancia y mucho menos ningún tipo de difusión.

En el año de 1933 Venezuela seguía bajo la dictadura de Juan Vicente Gómez, quien gobernó de 1908 hasta 1935. Un gringo, que como los invasores españoles también buscaba El Dorado, pero ahora por los aires, encontró la manera de aterrizar en la cima del Kerepakupai Vená, ya que lo avistó desde su avioneta y, sorprendido, quiso verlo de cerca. Pero su aeronave quedó atascada en un barrial y él y otro sujeto que lo acompañaba se dieron por extraviados. Se ordenó la búsqueda inmediata del norteamericano Jimmy Ángel y de Gustavo Heny, y al cabo de unos días se logró el rescate; no pudieron rescatar el aparato sino hasta 1970. Por esa razón, sin prestarle atención unos, o por la ignorancia de otros sobre la existencia del informe escrito por Sánchez 23 años atrás, el gobierno de turno decidió que Jimmy merecía estampar su apellido rebautizando lo que ya tenía nombre.

Nada se dijo o se conoció sobre el trabajo realizado por Ernesto Sánchez hasta el año de 1955, cuando Antonio Cattaneo Quirín, quien se desempeñaba como Inspector General de las Fronteras Orientales y Meridionales del estado Bolívar, dio con el olvidado informe escrito por el funcionario, en los días de la llamada dictadura del General Marcos Pérez Jiménez. Sin reivindicaciones o la aplicación de una justicia tardía, el hallazgo no produjo ningún tipo de alteraciones con respecto al cuento errado que se difundía sobre quién fue el primer cara pálida en presenciar el espectacular monumento.

Actualmente encontramos en las redes información muy escueta sobre este tema; se puede leer algo referente a un cambio de nombre, como justa restitución del original, anunciado por el presidente Hugo Chávez en diciembre del año 2009, asegurando que se le devolvería el antiguo nombre de Kerepakupai Vená, también nombrado así por el pueblo pemón, y que significa “Salto del lugar más profundo”. Sin embargo queda como tarea pendiente que se legalice a través de los mecanismos estatales y como un acto de justicia para nuestros ancestros.

Del mar hacia tierra adentro

Ernesto Sánchez La Cruz nació en Jajó, estado Trujillo, el año de 1883. Antonio Guzmán blanco lideraba su segundo periodo presidencial en un país que apenas abría los ojos a las realidades y estructuras de un continente recientemente occidentalizado, a fuerza de guerras y torrenciales ríos de sangre. En su juventud, siguiendo los pasos de su padre Pedro José Sánchez Wilson, quien fue capitán de Navío, se unió a la Marina de Guerra Venezolana en la que alcanzó el grado de Teniente.

Posteriormente, con dos matrimonios en su haber y siete hijos e hijas, se retiró de la Marina y fue contratado por el gobierno para ejercer como explorador de la Comisión Oficial de Reconocimiento de Límites y Cartografía, que buscaba afianzar el conocimiento de una geografía explorada a medias y sentar las bases de la nueva soberanía venezolana, y la ubicación de recursos naturales explotables.

La diferencia del encuentro de los hombres no originarios fue que uno, Ernesto Sánchez, era venezolano y funcionario del gobierno, y el otro era gringo y hubo una cobertura internacional de su extravío. De modo que ese rescate, como hecho noticioso, estaba acompañado nada más y nada menos del hallazgo del Kerepakupai Vená, que poco tiempo después, con la realización de los trabajos pertinentes por expertos en la materia, se calificó como la caída de agua más alta del planeta, hasta el día de hoy. Justo hubiera sido, según las costumbres de la época, que se llamara “El Salto Sánchez”, en lugar del nombre del oportunista que hasta hoy posee. Sin embargo se hará justicia plena en el momento que podamos leer, en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, el poético nombre que nuestros ancestros le confirieron.

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