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El café que baja por el Río Azul de Calderas

por Cynthia Higuera García
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Texto y fotos: Cynthia Higuera García

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Cada mañana cuando me llevo la taza de café a la boca me pregunto cuál será el más sabroso que probaré en la vida. Sé que algunos dirán que el mejor café es el que es real, el que logro tomarme, pero debo admitir que en estos últimos días descubrí todo lo que tiene que suceder para poder despertar cada día y poder sentir ese vaporcito que sale de la manga.

Durante tres días estuve viviendo una experiencia excepcional en la I Feria Internacional del Café de Especialidad organizado por la Unellez en un pueblo a dos horas de la ciudad de Barinas, a tres por su irregular vía. Calderas, en uno de los ocho municipios que llevan el apellido del Libertador en el país, nos recibió como si ya hubiésemos vivido allí y regresamos, con un buenos días, un placer, bienvenidos, pase adelante, algunas estrechadas de mano y otros tantos abrazos, sonrisas y la buena educación que caracteriza a la gente de montaña. Sentí que me miraban como si yo fuera autoridad, es una especie de vistazo con respeto de lo que uno puede opinar, que para ser sincera no encuentro muy a menudo. Tres minutos después ya sabía yo que no podía igualar la propiedad con la que describían todo el trabajo que ya habían adelantado para la celebración de la feria. 

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El de la comisión general ya había convocado a los productores, la doña de la comisión de cultura ya tenía todo programado con su gente: sus músicos, poetas, escritores, bailarines, hasta con grandes producciones audiovisuales. El de protocolo ya tenía 18 estudiantes de Educación Integral Unellez prestas para lo que se requiriera, el maestro pueblo que resultó ser un buen maestro de ceremonias porque aplicaba la misma pasión que aplicaba a sus cafetos, y los que tenían la fuerza física y social para mover cosas y gente… ya todo estaba listo, menos yo.

En la posada, imagínense, Cielito Lindo, ¿cómo esperan ustedes que pueda sentirse quien vive entre concreto, en un lugar en medio de una montaña con brisa fresca permanente, rodeada de antigüedades que te traslada a una época que tal vez no viviste, el olor cálido de la madera y del barro, el frío de la laja en las paredes y el piso? Luego mi primera taza de café, el calor pasando de mis manos a la garganta, amargo, oscuro. Dormir con la puerta abierta ahora tiene otro significado si es para que entre la brisa nocturna de Calderas.

Dos trajeron cien plántulas de café, la Unellez con sus pendones y banderas, la alcaldía con su podio, telas y astas para los pabellones, el director de la Casa de la Cultura con su pilón de madera, cestas y sombreros; la señora Livia con sus sacos y la cooperativa con café en granos, le dieron forma a uno de los escenarios más compuestos que haya visto antes. Ese fue el lugar donde finalmente escuchamos los himnos directo de la garganta de niños y niñas escolares de Calderas, para dar paso a las palabras de Electo, un hombre con su sombrero fino haciendo sombra en su rostro tímido, que soltó su aliento para dar forma a frases de amor hacia la caficultura, las y los productores, la faena que pone comida sobre la mesa. Ese hombre de Calderas quiere poner el café en tazas que valoren todo lo que implica meterlo en la manga, en la greca o en las más sofisticadas máquinas.

Luego la rectora, mujer de mil palabras por minuto, presentó con una emoción más amplia que el estado Barinas a una Unellez que pone las dificultades en reposo para reunir a científicos y a maestros pueblo; a quienes sostienen instrumentos de laboratorio con quienes sostienen tierra, una planta, frutos, en un mismo lugar, con el fin de desarmar a quienes aseguran que no pueden coexistir. “No existe ciencia sin la gente de los campos y la persistencia de los investigadores”.

Desde el suelo hasta la taza

Así debía llamarse. Cuatro conversatorios hicieron el día, iniciando justamente con la microbiología del suelo que sostiene al café, con la participación de las investigadoras Laura Lorenzo y Esquisa Omaña junto a los maestros pueblo Luis Beltrán Núñez y José Gregorio Briceño. Esto fue realmente lo que dicen “empezar por el principio”.

Siguieron Agua, suelo y semilla, con la Doctora Tatiana Pugh; Gestión sustentable de paisajes de montaña, con el Doctor Adolfo Paredes, ambos entre estadísticas y experiencias.

Lo que empezó en el salón de cuatro paredes siguió en el salón natural de El Cobre. La primera práctica reunió a todas las voluntades ávidas de aire fresco, montaña, el cansancio de la caminata, la aventura de lo desconocido, y fue donde la Academia de Ciencias Agrícolas empezó a guiarlos. Puso tierra en sus manos y algunos instrumentos para aprender a leerla, para aprender a usarla como sustento de las plantas, al regreso, otra taza de café nos esperaba al final del camino, diferente, ahumada, dulce, de esas que tomas con las dos manos.

Café, montaña, río, canto y poesía cerraron la primera noche. Luego de sudar montando equipos de proyección, nos premió un cortometraje producido por una joven caldereña. 13 minutos en blanco y negro para mostrar textura y dejar la decisión de colores a la imaginación del espectador. Fueron entre todos los personajes como 300 años de vida, historias y experiencias asociadas con la vida en la montaña y el café, la promesa de una película que ya todos queremos ver, sentir y llorar por la ausencia de uno de sus personajes que ya está cultivando esos frutos rojos en otro plano.

Una cosa más sensible que la otra. Tres niñas y un niño leyeron a turnos algunos poemas de Orlando Araujo y dieron paso a un concierto de cuatro del maestro Daniel Gómez y algunos jóvenes del Sistema de Orquestas de Barinas, todos envueltos en un hermoso tricolor brillante.

El segundo día ya el pueblo estaba lleno de gente nueva de Barinas, Portuguesa, Cojedes, La Guaira, todos queríamos ser de Calderas esos días.

Con un auditorio ahora más lleno, los conversatorios giraron en torno a la trazabilidad, innovación y adaptación climática, con los ingenieros Gabriel Gil y Ernesto Alastre; los magister Ronald Gallegos y José Baudo, y el maestro pueblo Luis Peña, seguidos por el técnico de campo y productor Ken Espinoza y el maestro pueblo José Daniel Gómez. Posteriormente una alternativa de energía alternativa para el tostado del café con Wilmer Durán, y los doctores Franco Antonucci y Patricia Novoa por el Observatorio Nacional de Crisis Climática región Llanos Occidentales, con un vistazo a los cambios climáticos y su influencia en el rubro café.

El maestro pueblo Eloy Gómez junto al ingeniero Olinto Garcés y los maestros pueblo Gerónima León, Electo Valderrama, Daniel Suárez y Teolinda Villamizar expusieron las características del café caldereño desde sus experiencias. Aquí cabe la expresión “abrieron su cola emplumada de pavo real” y nos dejaron amando más la caficultura de la zona.

Tres talleres dieron forma a la tarde: tostado, filtrado y barismo, taller práctico de colado de café en manga de tela tradicional y de preparación de bioinsumos, mientras se efectuaba en un salón cerrado la evaluación sensorial de las 16 muestras de café exclusivamente caldereño bajo la responsabilidad de los expertos Jesús Bottini y Pastor Valero.

Esta noche estuvo dedicada a los niños. Inició con la música intercalada con jocosas anécdotas del maestro Alexis Liendo, quien luego soltó el instrumento y vistió sus manos con títeres que enseñaron a los niños sobre el respeto, el amor, la honestidad y desde luego el cuidado de la madre tierra. Alexis Araujo tomó la palabra para hablarnos un poco sobre astronomía para luego guiarnos hasta el exterior de la Casa de la Cultura y permitirnos ver las estrellas con sus telescopios del Semillero Científico de Fundacite Portuguesa.

Llegamos más ansiosos al tercer día, los resultados de la evaluación tenían al pueblo entero, a propios y a foráneos ya casi sin uñas. La mañana inició con la participación del diputado a la Asamblea Nacional Andrés Avelino Álvarez, quien sostuvo en sus manos un libro grande y rojo con 37 artículos, La Ley para el Fomento y la Promoción del Café de Venezuela; seguido por una ponencia virtual del especialista catador profesional de café certificado a nivel internacional Javier Hoyos, profesor Universidad del Cauca Colombia.

Finalmente, Ricardo García y Yosmir Piñero trajeron sus experiencias en café desde el municipio Ospino y el municipio Unda del estado Portuguesa respectivamente, comparando las prácticas en diferentes altitudes, explicando procesos de transformación y de comercialización de sus productos.

Momento de contener el aliento

Con Jesús Bottini, Pastor Valero y Juan Carlos Paredes inició la lectura de la caracterización sensorial y física de las 10 muestras con mejores puntajes. Para nosotros los tomadores de café, el discurso fue desde notas a madera, cítrico, astringente y frutos rojos del décimo puesto hasta al astringente, jazmín y conserva de guayaba del primer lugar, satisfactoriamente ganado por una productora, una mujer que, a juzgar por su reacción, lleva café en las venas. Gerónima León y su café de especialidad obtuvieron una altísima puntuación 86,25. De 16 muestras, 10 obtuvieron de 80 en adelante, mientras que 6 estuvieron muy cerca de la meta, muestra de que lo están haciendo bien en Calderas. Entre emoción, aplausos, lágrimas y abrazos, las autoridades de la Unellez otorgaron certificados a los tres primeros lugares: Jorge Ávila con 84,63; Isar Altuve con 85,25.

La tarde se volvió noche en un santiamén y salimos a la plaza bolívar a disfrutar del buen joropo de niños y niñas de Los Herederos del Folklor, la niña del poema que impresionó con su extrovertida petición de usar el micrófono, la presentación del baile tradicional Santo Domingo, iniciativa de la señora Teresa de Liendo, quien se encargó de reunir a tanto talento; Los Momoy con sus golpes y sones y finalmente Iven con un desgarrador concierto donde Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Alí Primera seguro transportaron de donde están, para aplaudir y cantar como todos allí lo hicimos. 

Después de estos tres días de aprendizaje, camaradería, pasión por las más puras expresiones de la cultura cafetalera, de atravesar en cruz la plaza Bolívar, subir y bajar por el sendero del café en El Cobre, enseñar, reír y comer con el equipo de protocolo, regañar a Cheogoyo; visitar, oler las puertas de madera, columpiarme, cocinar y llorar en la Casa Museo Emilia Cibrián, después de remojar los pies y las manos en las aguas frías en La Piedra del Patio; de tomarme 23 tazas de café, después de conocer de qué están hechos mis nuevos buenos y buenas amistades cafetaleras en Calderas, puedo decir que no solo agua corre por el Río Azul. Apuesto a que el comité organizador no imaginó que sería tan significativo.

Felicidades por eso. Nos vemos en la segunda feria, me quieran o no.

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1 comentario

Rosa Elena Bravo Guédez 7 noviembre 2026 - 12:38

Felicidades por ese wscriytan sentido, tan humano, tan lleno de amor verdadero. Yo te quiero hermosa mujer. 😘 Bendiciones.

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